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Canción triste de la Ayuda a Domicilio

Nestor Melgosa | El Servicio de Ayuda a Domicilio es uno de esos sectores (hasta hace nada) poco conocido. Uno de tantos trabajos de cuidados, mayoritariamente femeninos, por encima del noventa por ciento del total de trabajadores. Un trabajo digno y mal pagado, con jornadas laborales tan largas que es casi imposible conciliar la vida laboral con la familiar, tanto como si se tienen hijos/as como personas dependientes a cargo de las trabajadoras de este servicio, que por encima de las 800 desarrollamos este servicio tan necesario como invisibilizado por decisiones políticas y partidos políticos.

Casualmente somos recordadas una y otra vez cuando se acercan elecciones y el año que viene tenemos elecciones. Así que os podeis imaginar. Es decir, nos convierten en armas sociales y arrojadizas entre unos partidos y otros en época de elecciones porque, dicha sea la verdad a la mayor parte de ellos les importamos un pimiento. Nos convertimos ,sólo, en elementos de desgaste político. Nos usan y despues nos dejan olvidadas. Así que después de las próximas elecciones se van a olvidar de nosotras, una vez más. Y así llevamos unos siete años, siete largos años sin renovar un convenio, pongamos que hablo del convenio del Servicio de Ayuda a Domicilio. Mi convenio, nuestro convenio.

Pero comencemos desde el principio. El Servicio de Ayuda a Domicilio es, resumidamente, un servicio prestado por auxiliares domiciliarias cualificadas, encaminado a restablecer, mantener y/o incrementar el nivel de bienestar físico, psicológico, social y afectivo prestando cuantas acciones se crean necesarias a las personas y/o familias que tengan limitada su autonomía para desarrollar las actividades de la vida diaria dentro del entorno de su hogar mientras sea posible. Dentro de este entorno socio-laboral se desarrolla también el Servicio de Intervención Socio-Educativa, que es un servicio destinado a educar en las habilidades para la vida a menores y/o familias que tengan menores a su cargo. Si nuestro trabajo os parece un poco árido, duro, a nosotras nos gusta y nos llena como personas, pero las condiciones laborales en las que se desarrolla dejan mucho que desear y eso afecta a la calidad del servicio, y por tanto a las familias, menores y personas dependientes que atendemos. En resumen, cuidamos a vuestros padres, a vuestras madres, hijas, hijos, amigos… Y como se regula este servicio depende de decisiones políticas, por tanto de partidos políticos.  

Desde el inicio de la crisis, allá por finales del 2008, el servicio a ido decayendo a pasos agigantados por decisiones políticas, el recorte de servicios ha sido por obra y arte de gestores políticos. Que personas hayan fallecido esperando concederles este servicio para mejorar su calidad de vida ha sido debido a decisiones políticas, y detrás de estas decisiones políticas hay una absoluta falta de empatía y humanidad.

No solo hablamos de mejorar nuestro convenio, en punto muerto por decisión política desde el 2011, sino de la calidad de vida de ,en este momento, unas 3000 personas que dependen de este servicio que se presta tanto por el Ayuntamiento de Gasteiz como por la Diputación Foral de Álava. Según cálculos de los sindicatos (ELA,LAB,CCOO,UGT) que están en la plataforma de reivindicaciones y con representación en este sector se han llegado a perder cerca del 40% de servicios por culpa de los recortes en las Ayudas a Dependencia (tanto a nivel económico para las beneficiarias del servicio como en horas de servicio que es lo que nos da trabajo a nosotras) por los recortes impulsados por el PP y seguidos a rajatabla por el PNV. Tanto recorte se ha visto reflejado ,también, en las plantillas de las empresas adjudicatarias (subcontratas) de este servicio, de una plantilla de 1200 trabajadoras de hace años se ha pasado a unas 800 a día de hoy. De más de 4000 beneficiarias de este servicio se han pasado a poco más de 3000 beneficiarias a día de hoy. No es que falte dinero, es que no se quiere destinar dinero al servicio de Ayuda a Domicilio. Así está la situación.

Desde que tengo memoria, y son diecinueve años de trabajo en este sector, la precariedad siempre ha sido nuestra compañera. No siendo mujer me solidarizo totalmente con mis compañeras, los hombres que trabajamos en este sector, el de los cuidados, también hemos sido y somos sometidos como nuestras compañeras a la dejadez de la gestión política y de las empresas que alegando proteger su margen de beneficios no han querido ofrecernos mejoras si la institución de turno no soltaba más dinero. Seguimos cobrando por debajo de los 900 euros desde hace siete años por una jornada completa. Y mientras, las empresas van a lo suyo, a sus números. Así está la situación.

No vemos la dichosa recuperación por ningún sitio, ni en nuestros puestos de trabajo, ni en nuestras vidas, ni en los domicilios de las personas, de las familias, sean monoparentales o numerosas, sean de la raza que sean. Más de una compañera que trabaja en Ayuda a Domicilio cobra la RGI porque no llega a fín de mes. Si se hubiera cumplido la Ley de Servicios Sociales, por ejemplo, desde el año 2015 tendríamos que haber pasado todas las trabajadoras a ser gestionadas por las subcontratas dependiendo del Ayuntamiento. Seguimos trabajando para Diputación (los grados 2 y 3 de Dependencia), el Ayuntamiento asume el grado 1 (el más leve de los grados de dependencia) y el programa Respiro que es un acompañamiento profesional realizado por nosotras a personas dependientes para aliviar a sus familiares cuidadores y puedan de esta forma conciliar el cuidado con  sus vidas familiares, laborales o sociales. Los tres grados de Dependencia tenían que haber sido asumidos por el Ayuntamiento desde hace más de tres años, seguimos esperando.

Con todo esto llevamos desde el 22 de Febrero en huelga, al principio empezábamos a parar los Jueves, después los Miércoles, finalmente los Martes, salimos el 8 de Marzo, nos pusimos al lado del Caminante para unirnos a la lucha feminista, que es la nuestra también. Ni Gorka Urtaran, alcalde de Vitoria-Gasteiz, ni Peio López de Munain, concejal de Políticas Sociales y Salud Pública en el Ayuntamiento, ni Marian Olabarrieta, Diputada Foral de Servicios Sociales, ni Ramiro González, Diputado General parecen tomar cartas decisivas por salvar un servicio público y necesario como en nuestro. Mucho hablar a favor del feminismo pero van a dejar morir un sector femenino en su gran mayoría porque no entramos en sus planes ni en su maravillosa gestión de su green-provincia-postal y eso que ellos y ellas serán mayores y personas dependientes algún día.

El próximo 9 de Mayo, Miércoles, a la una de la tarde, nos veremos otra vez delante del Corte Inglés a denunciar públicamente que nos están dejando de lado de nuevo. Que están acabando con nosotras. Además de insultarnos a nosotras y a nuestro trabajo y a las personas que cuidamos. Sabed que saldremos con canciones alegres, pitos y altavoces, aunque somos, sin embargo para la ciudad de Vitoria-Gasteiz, la canción triste de Ayuda a Domicilio. Las trabajadoras despreciadas por los y las gestores de esta bonita ciudad y de esta gran provincia.

1 Comment

  1. Eloi Beato 6 mayo, 2018

    Oso ondo. Totalmente de acuerdo.

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