Las agresiones a trabajadores del transporte público en Euskadi son una realidad

¿Quién le pone el cascabel al gato respecto a las agresiones a los conductores/as de autobuses?

Últimamente, se están produciendo bastantes agresiones a trabajadores y trabajadoras del transporte público en Euskadi, de muchas de ellas no se les da voz en la prensa y esas son las verbales, puesto en contacto con algún conductor de Tuvisa me comenta, «Nuestro trabajo es ya de por sí estresante y ahora no saber cada día qué tipo de agresión vas a sufrir te hace ir aún con más estrés».

Con la pandemia esto se ha complicado aún más, hace algo más de un año en Donosti, por ejemplo un conductor tuvo una bronca con tres personas que se negaron a ponerse la mascarilla al acceder al autobús y, aunque en un primer momento, accedieron a colocársela, durante el trayecto comenzaron a quitársela y a desoír los requerimientos del chófer, quien finalmente les pidió que abandonaran el vehículo, pero uno de ellos que llevaba una bebida en un vaso, arrojó su contenido al conductor por un hueco de la mampara que protege al chófer.

Un conductor de Bizkaibus fue atacado con arma blanca en una de las líneas que sirve al municipio de Galdakao. La agresión se produjo al indicarle el chófer al agresor que se pusiera la mascarilla, el individuo acuchilló al conductor, de hecho consigue rasgarle la pierna varías veces y golpearle la rodilla con el mango del cuchillo». El trabajador de Bizkaibus se defendió forcejeando con su agresor y consiguiendo echarle del autobús.

Un conductor de Bizkaibus ha sido agredido el fin de semana del 10 y 11 de diciembre de 2022, cuando tras despertar a un pasajero que se había quedado dormido en el autobús, este inicio una agresión, acompañada de insultos y empujones reiterados al conductor. Un viajero que estaba esperando, le frenó, porque a mis compañeros y a mí mismo se nos hace difícil intervenir porque, aunque sea en defensa propia, puede suponer problemas para nuestro puesto de trabajo. Con este tipo de personas los conductores nos sentimos indefensos.

Sábado noche del 14 al 15 de este mes de enero, de nuevo en Bizkaibus se produce una agresión por parte de una pasajera o varias, según algunos medios, a la conductora de la línea nocturna de Bilbao-Munguia causándole no solos daños físicos que más tarde o más temprano se curan, lo peor son las lesiones psicológicas que esas tardan bastante más.

Desgraciadamente, no es un caso aislado, porque estamos viendo en los últimos meses cómo se están produciendo agresiones físicas o verbales a trabajadores del transporte público en el ejercicio de sus funciones que es necesario resolver, porque de no ser así esto se escapara de las manos y no quedara otra que tomar medidas o dejar de prestar el servicio, se trata de actos lamentables e incívicos contra unos profesionales que realizan a diario un importante servicio público en nuestras ciudades.

Aquí en Gasteiz, no recuerdo agresiones físicas, aunque una vez pude observar en la línea 5 como gracias a la intervención de un pasajero, este evito que el conductor recibiera un puñetazo en la espalda.

Pero eso si agresiones verbales, muchas más de las deseadas, casi siempre por el tema de la mascarilla o por otras razones como la del señor que se sube al autobús y como el conductor solo abrió una de las hojas de la puerta, dijo que lo hacía porque era un «vago», son tratos despreciables que creo que no se merece nadie, con ello solo se consigue que se les amargue el día.

Hace años se prestaba el servicio de Gautxori con un Vigilante de Seguridad en cada autobús, pero por un absurdo «compadreo» entre el Presidente de Tuvisa en aquel momento y el Subdelegado del Gobierno Central, ambos del mismo partido, decidieron que eso no era legal y que no podía ir seguridad privada en los gautxoris, ya se sabe todo por la «pasta», solo hay que ver como en el tranvía sí que van.

Lo que alegaban entonces, en 2004, fue que «las vías donde se mueven los autobuses, son de uso común, publicas por pertenecer a todos, a todo el pueblo, pudiendo transitar o circular por ellas el público». «También resulta obvio que el vigilante de seguridad de servicio en un autobús, desarrollaría su labor en espacios públicos».

Con esta decisión en el convenio de Tuvisa se metió un artículo que decía lo siguiente: «Especial vigilancia de la Policía Municipal y la Ertzaintza durante el servicio. La entrada de la mejora de seguridad deberá estar en servicio en el primer trimestre de 2007. La empresa adecuará en todo momento la seguridad al riesgo existente. Para ello se constituye una comisión paritaria compuesta por: un representante de TUVISA, un representante de Policía Municipal, un miembro de Comité de Empresa, y un representante del comité de Seguridad y Salud Laboral que periódicamente valorará la situación existente».

Desde entonces no se ha celebrado nunca una sola reunión, y alguna vez que se le ha preguntado a la empresa por esa vigilancia, la respuesta siempre ha sido la misma «como los conductores y conductoras van a ver esa vigilancia si los agentes van de paisano».

Puesto en contacto con una Sección Sindical, me indican que «tampoco podemos dejar de sentir rabia e impotencia ante estos hechos, los que estamos detrás del volante sabemos lo complicado que puede llegar a ser nuestro trabajo. Exigimos que las administraciones tomen nota, que de una vez por todas se lo tomen en serio y decidan hacer algo para evitar este tipo de situaciones».

«Tampoco ayuda que, en demasiadas ocasiones, los cargos públicos culpabilicen a los conductores/as por las deficiencias del servicio de transporte urbano. Ciertas declaraciones provocan que una parte de la ciudadanía descargue su ira y frustración contra los conductores y conductoras».

Dan la cara frente a los usuarios cabreados, mientras cobran y conducen un vehículo pesado. Es habitual que reciban gritos o insultos y que las conductoras, oigan comentarios machistas, tienen que hacer de psicólogos con los usuarios. Los hay que están cabreados porque el bus llega tarde, porque llevan mucho rato esperando, porque están borrachos o porque simplemente tienen ganas de hablar.

El abuso verbal hace referencia a insultos y a un comportamiento denigrante hacia otras personas.

*/GasteizBerri.com no se hace responsable de las opiniones vertidas por sus colaboradores.

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