La ayuda estrella del Gobierno vasco para facilitar la emancipación juvenil apenas alcanza a uno de cada ocho jóvenes que viven de alquiler en Euskadi. En 2025, 8.006 menores de 36 años perciben la prestación del programa Gaztelagun. Sin embargo, los datos de emancipación y régimen de vivienda publicados por el Observatorio Vasco de la Juventud permiten estimar que alrededor de 64.000 jóvenes residen actualmente en alquiler en la comunidad. El resultado es claro: solo el 12,5% accede a la ayuda.
Euskadi cuenta con cerca de 460.000 jóvenes de entre 18 y 34 años. Según el Observatorio, aproximadamente un 31% está emancipado y, de ellos, en torno al 45% vive en régimen de alquiler. Esa combinación sitúa el número de jóvenes arrendatarios en el entorno de las 64.000 personas. Frente a esa magnitud, los 8.006 beneficiarios de Gaztelagun evidencian una cobertura limitada y, además, en retroceso: el año pasado eran 8.251. Por primera vez desde su creación en 2019, el programa pierde perceptores.
El problema no parece estar en la falta de necesidad, sino en el propio diseño de la ayuda. El límite de renta mensual para poder acceder al subsidio sigue fijado en 800 euros en las capitales, una cifra que choca con el mercado real. En Bilbao, el alquiler medio ronda los 947 euros; en San Sebastián, supera los 1.160; en Vitoria-Gasteiz, se sitúa por encima de los 820. La consecuencia es directa: muchos jóvenes quedan automáticamente excluidos porque el precio de los pisos disponibles supera el tope permitido, no porque sus ingresos sean elevados.
A ello se suman límites de ingresos ajustados y una oferta prácticamente inexistente por debajo de los umbrales exigidos. El Gobierno anunció hace meses una actualización de los requisitos para adaptarlos al encarecimiento del mercado, pero la reforma sigue pendiente. Mientras tanto, el precio del alquiler continúa subiendo y la ayuda pierde alcance.
La paradoja es evidente. En un contexto en el que los salarios crecen mucho más despacio que los arrendamientos, la herramienta pública diseñada para sostener la emancipación juvenil cubre solo a una fracción reducida del colectivo afectado. Más aún, la cobertura disminuye justo cuando la presión es mayor.
Gaztelagun nació con vocación estructural, pero hoy funciona más como un instrumento testimonial que como una solución efectiva al problema de acceso a la vivienda. Si casi nueve de cada diez jóvenes que viven de alquiler no pueden acogerse al programa, la pregunta ya no es si la ayuda existe, sino si está concebida para resolver el problema o simplemente para aparentar que se actúa.
Con estos datos sobre la mesa, la política pública se asemeja más a un gesto cosmético que a una respuesta real frente a la crisis del alquiler juvenil en Euskadi.


