Con motivo del 50 aniversario de la matanza del 3 de marzo en Zaramaga, GasteizBerri continúa su serie de testimonios con voces del barrio. En esta ocasión, Ángeles Ormeño recuerda lo que vio desde el balcón de su casa. Era una niña cuando ocurrió todo.
Testimonio
Recuerdos del 3M · Entrevista 2
Ángeles Ormeño
Domicilio en 1976
Junto a la iglesia de San Francisco de Asís
Relación con el 3 de marzo
Su padre trabajaba en Forjas Alavesas
Profesión actual
Periodista
Testimonio público previo
Ninguno. Primera vez.
«Por ser trabajadores y por defender tus derechos, que te maten, es muy triste.
¿Dónde estabas el 3 de marzo de 1976?
En mi casa, frente a la iglesia de San Francisco de Asís. Casi no llegaba al balcón porque era pequeña y me asomaba por la rendijita.
¿Qué fue lo primero que viste desde allí?
La Policía rodeando el templo. La iglesia estaba llena de gente. Empezaron a echar humo dentro. La gente se asfixiaba. Y cuando intentaban salir, los estaban esperando.
¿Qué les hacían cuando salían?
Según iban saliendo por las ventanas, les pegaban unas palizas impresionantes. No les dejaban escapar.
¿Hay alguna imagen de aquel día que no se te haya borrado?
Recuerdo a una chica jovencísima, embarazadísima, que salía por el cristal. La tiraron al césped y le pegaron una paliza impresionante. Medio siglo después la sigo viendo como si fuera ayer.
¿Cómo describirías lo que estaba pasando en la calle?
Aquello era una auténtica guerra campal. Disparos, pelotas de goma, humareda, gente gritando, gente llorando. No fue algo puntual, aquello no paraba.
¿La violencia se quedó en la calle o llegó también a las casas?
Las pelotas de goma entraban en las ventanas de las viviendas. A un conocido le alcanzó una estando dentro de su propia casa, en el balcón. Le tuvieron que amputar la pierna. Nos podía haber pasado a cualquiera de nosotros.
¿Cómo reaccionaban los vecinos?
Gritaban desde las terrazas. Se oía «asesinos» por todo el barrio. El barrio entero escuchaba los disparos y los golpes. Era como ver el infierno desde casa.
¿Conocías personalmente a alguna de las víctimas mortales?
Sí. Uno de los asesinados era conocido por mi familia. Trabajaba en un taller pequeño. No participaba en la huelga ni tenía nada que ver. Fue a ver qué pasaba y lo mataron. Le asesinaron simplemente por ir a curiosear. La noticia llegó esa misma tarde a nuestra casa.
¿La tensión empezó ese día o ya venía de antes?
Ya venía de antes. Mi padre trabajaba en Forjas Alavesas. Un día llegó a casa diciendo que se suspendía el trabajo, que íbamos a estar tres meses sin cobrar. Pasó un mes y no se cobraba. Otro mes, tampoco. No entraba ni un sueldo en casa.
¿Cómo era el ambiente en el barrio antes del 3 de marzo?
En el barrio había familias con cinco hijos en la misma situación que nosotros. Aquello fue in crescendo. Había manifestaciones masivas, masivas en letra mayúscula. Y también rencores. Había piquetes por todas partes. No te podías fiar de nadie. Si ibas a trabajar, quedabas marcado como esquirol. Esa palabra dejó cicatrices entre vecinos durante muchos años.
Yo era una niña. Pero aquello no se me ha borrado nunca.