Los recuerdos de Beatriz Artolazabal del 3 de marzo de 1976 en Zaramaga

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«Yo no he vivido una guerra, pero esto se le parecía mucho»

Con motivo del 50 aniversario de la matanza del 3 de marzo en Zaramaga, GasteizBerri comienza su serie de testimonios con voces del barrio. En esta ocasión, Beatriz Artolazabal habla en calidad de vecina, no como concejala del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz. Era una niña cuando ocurrió todo. Es la primera vez que cuenta públicamente su vivencia personal del 3 de marzo de 1976.

Testimonio Recuerdos del 3M · Entrevista 1
Beatriz Artolazabal
Edad en 1976
5 años
Edad actual
55 años
Barrio
Zaramaga
Domicilio en 1976
Junto a la iglesia de San Francisco de Asís
Colegio
Mercenarias
Profesión actual
Política. Actualmente Concejala y Teniente de Alcaldesa en el Ayto. de Vitoria-Gasteiz
Testimonio público previo
Ninguno. Primera vez.
«Por ser trabajadores y por defender tus derechos, que te maten, es muy triste.

¿Qué es lo primero que recuerdas de aquellos días?

Yo era muy pequeña, pero recuerdo perfectamente que cuando íbamos al colegio Mercenarias había mucha policía. Me acuerdo de los grises, vestidos de gris, con aquellos cascos redondos. En la iglesia de Belén, a la vuelta del colegio, había asambleas de trabajadores con mucha gente y mucha policía alrededor.

¿Qué sentías al ver todo aquello siendo una niña?

Mucho miedo. Yo no he vivido una guerra, no sé lo que es una guerra, pero esto se le parecía mucho. Era una situación de mucha tensión, y a mí me daba miedo cada vez que pasábamos por esos sitios.

¿Recuerdas algo concreto de cómo llegaba la policía al barrio?

En la rotonda donde está Telefónica venían unos microbuses de los cuales bajaban policías armados, la policía armada, con pañuelos de diferentes colores en el cuello. A mí eso me llamaba mucho la atención. No entendía por qué llevaban esos pañuelos, pero la imagen se me quedó grabada.

¿Qué viste el 3 de marzo desde tu casa?

Esto pasó al lado de casa, donde yo he vivido hasta que me casé. En esa iglesia yo he hecho la comunión, iba a misa. Yo no recuerdo los tiros, mi madre sí los recuerda perfectamente. Yo lo que recuerdo es la gente corriendo por delante de casa, los Land Rover, aquellos grises y los coches, los trabajadores subidos en los coches, y cómo la policía armada apuntaba a las ventanas de las viviendas.

¿Apuntaban a las ventanas donde vivíais?

Sí. Me dijeron «echaos para atrás, echaos para atrás, no vaya a ser que pase algo». A mí me dio mucho miedo. Me acuerdo también de la casa de enfrente, cómo los trabajadores tocaban los timbres desesperados para intentar esconderse, para que no les pegaran. Fue muy fuerte.

¿Se hablaba de lo que había pasado en casa después?

No hablábamos mucho de eso en casa. La sensación era que la cosa se estaba tensionando de tal forma que no iba a acabar bien. Se veía que esa lucha obrera iba cogiendo cada vez más fuerza, y que por parte de la policía la respuesta era cada vez más agresiva. Hasta que pasó lo que pasó: entraron en la iglesia e hicieron lo que hicieron.

¿Cómo era Zaramaga en aquella época?

Era un barrio joven, muy joven. Había matrimonios jóvenes que habían venido a trabajar de muchas partes del Estado: de Cáceres, de Extremadura, de Castilla, de Gipuzkoa. Era un barrio muy dinámico, con mucha vida, con mucha sensación de pertenencia, como una comunidad. Yo me acuerdo mucho de salir de misa y luego ir a tomar el vermú a los bares de la zona con los aitás y con los amigos de los aitás. Tengo buenos recuerdos del barrio.

¿Qué reflexión haces hoy, 50 años después, sobre lo que ocurrió?

Aquella época fue muy dura y muy triste. Por ser trabajadores y por defender tus derechos, que te maten, es muy triste. Esas personas que fueron asesinadas solamente estaban intentando reivindicar una mejora en sus condiciones laborales. No eran terroristas, no eran asesinos, no eran ladrones. Eran trabajadores que defendieron sus reivindicaciones y que de una forma totalmente injusta fueron asesinados.

¿Qué pasó con tu familia después del 3 de marzo?

Nos fuimos de Vitoria. Los cuatro, nos fuimos a Soraluze. Por la situación posterior no sabíamos lo que iba a pasar. Era muy peligrosa, muy complicada, muy difícil, y teníamos mucho miedo. Al final volvimos a casa cuando la cosa se tranquilizó un poco.

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