Los recuerdos de Paco Pérez del 3 de marzo de 1976 en Zaramaga: «por las tardes haciamos compañia a los muertos»

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Con motivo del 50 aniversario de la matanza del 3 de marzo en Zaramaga, GasteizBerri continúa su serie de testimonios con voces del barrio. Paco Pérez llegó de un pueblo de Ávila con catorce años para trabajar en una fábrica de embutidos. Pasó por tres empleos y sacaba patatas por las tardes para llegar a fin de mes. El 3 de marzo no vio lo que pasó desde una ventana: estuvo dentro de la iglesia de San Francisco de Asís. Es el marido de Mari Bermejo, cuyo testimonio también recoge esta serie. Mientras ella corría al colegio a recoger a los niños, él estaba en la manifestación.

Testimonio Recuerdos del 3M · Entrevista 4
Francisco Pérez Martínez
Edad en 1976
37 años
Edad actual
87 años
Barrio
Zaramaga
Origen
Puerto Castilla, Barco de Ávila
Trabajo en 1976
Obrero en Tuboplast, carnicero por las tardes
El 3 de marzo
Dentro de la iglesia de San Francisco
Cónyuge
María Bermejo Martín
« Había mucho miedo, mucho respeto y muy poco hablar con nadie, porque no sabías con quién hablabas.

¿Con qué edad llegaste a Álava?

Con catorce años. Un tío mío tenía una fábrica de embutidos en Orozco y me trajo a trabajar allí. Yo era del pueblo, de Puerto Castilla, en Ávila. Allí lo que había era campo: vacas, patatas, huertas. Pero los jóvenes nos íbamos. De Orozco pasé a Aceros de Llodio, y de allí acabé en Tuboplast, aquí en Vitoria. También iba a carnicerías por las tardes a cortar carne, porque lo había aprendido en la fábrica de embutidos de mi tío. Y cuando podía, me iba al campo a sacar patatas. A La Llanada, a Leza. Trabajaba en Tuboplast de seis a dos, luego comía y por la tarde a la carnicería o al campo. Algunos días estábamos sacando patatas hasta las diez de la noche si hacía bueno.

¿Cómo era el barrio en los días anteriores al 3 de marzo?

Por las mañanas pasaban los coches de la policía con gente dentro y cuando les parecía paraban, por ejemplo ahí en la esquina, junto al taller. Hacían el recorrido a la mañana y a la tarde. A veces bajaban, cogían a unos cuantos y les hinchaban a palos. Otras veces nada. No sabías cuándo te iba a tocar. Yo solía estar con Miguel, un vecino que vivía en el primero, y nos quedábamos en la calle viendo pasar los coches. Le decía: joder, Miguel, vueltas y vueltas dan estos y no paran. En cuanto veías que se lanzaban, a correr. Llevaban así un mes, todas las tardes la guardia pasando por aquí. Algún día tenía que explotar.

¿Ya era la primera vez que hacíais huelga o ya veníais de antes?

Ya veníamos de antes. En Tuboplast habíamos hecho huelga por lo menos ocho veces o más. Las fábricas paraban, se hacían manifestaciones entre las seis y las ocho de la tarde, que era cuando más gente podía salir. La cosa llevaba meses convulsa. Un mes antes del 3 de marzo ya estaba todo cerrado, las tiendas, las empresas. Se veía venir.

¿Decidiste ir a la concentración del 3 de marzo?

Sí. Estábamos Miguel y yo en la calle y dijimos: joder, cuánta gente viene hoy por aquí. Se había corrido la voz de que a las tres de la tarde iba a haber una concentración muy grande en la iglesia de San Francisco, que iba a haber muchísima gente. Era miércoles de ceniza. Y dijimos: ¿qué hacemos? ¿Nos metemos o no nos metemos? Vamos a meternos.

¿Qué pasó dentro de la iglesia?

Primero estuvieron explicando cosas, hablando de la situación. Y luego, cuando les pareció, dijeron que se iba a salir a manifestarse. No sé de dónde salió la cosa exactamente, pero de repente vino un retén grande de policías. Empezaron a dar palos. La gente se metió dentro de la iglesia otra vez, todo destrozado, para un lado, para otro, carreras dentro, carreras fuera. Se hincharon a dar palos. Y ese día mataron a un amigo mío.

¿Conocías a alguno de los que murieron?

Conocía a varios. A dos amigos míos les dieron una paliza tremenda, a uno más que al otro. Aquello se descontroló por completo. Luego, los que estaban muy heridos, al día siguiente fueron muriendo.

¿A ti también te pegaron?

Sí. Me pillaron a mí y a otros dos ahí detrás, cerca de la iglesia. Nos pegaron, pero salimos de aquella. Casi siempre estábamos juntos los tres, Miguel y yo y otro más. Sobre las ocho y media o las nueve se empezó a oír que se habían muerto tres, cuatro… Habían muerto cinco.

¿Qué pasó en Tuboplast después?

Hicimos huelga. Paramos las máquinas y se juntaba gente alrededor de la fábrica. Estuvimos ocho o diez días casi seguidos, cuando nos enteramos de que habían muerto tantos. Ya habíamos hecho huelga antes, no era la primera vez, pero esta fue distinta. La gente se quedó acojonada.

¿Qué pasaba con los que no secundaban la huelga?

En las fábricas hubo mucho estrago con eso. A los que llamaban esquiroles, porque no habían ido a secundar la huelga, les cogían, les desnudaban medio cuerpo y les ponían el primero de toda la manifestación, como si fuera Jesucristo. También hubo mucho lío entre padres e hijos, unos de un partido y otros de otro. Eso rompió familias.

¿Ibais a la iglesia después de lo que pasó?

Sí. Salíamos muchas tardes hasta la iglesia de San Francisco a homenajear a los muertos y hacerles compañía. Tres días seguidos o más, estuvimos yendo todas las tardes a rendirles homenaje.

¿Cómo fueron los funerales?

Salían de la iglesia de San Francisco y hacían el recorrido por aquí abajo, pasaban para arriba, hacia el centro. Iba muchísima gente. Mucha gente callada, sin saber qué hacer ni qué decir, porque fue un palo muy grande. Y eso que ya se veía venir. Llevábamos un mes con los grises pasando todas las tardes por aquí. Alguno todavía no había muerto cuando fueron los funerales. Estaban muy graves y la gente quería entrar a donde estaban.

¿Cómo era andar por Zaramaga en los meses siguientes?

El barrio era muy pobre. Y la gente con mucho miedo. Ibas andando y parecía que estabas mirando para atrás todo el rato, a ver si venían detrás de ti. De repente venía una corrida por un lado, luego otra por otro. Te hacían correr tres o cuatro veces en una tarde. Había mucho miedo, mucho respeto y muy poco hablar con nadie, porque no sabías con quién hablabas ni con quién dejabas de hablar.

¿Cambió Vitoria después del 3 de marzo?

Cambió la forma de hablar, yo creo. Antes había como más libertad entre la gente, más confianza. Después, la gente estaba más parada, más cohibida. Estábamos atemorizados. Luego ya el trabajo te sujetaba, volvías a la fábrica, pero el miedo sujetaba más que el trabajo. Y si te encontrabas con alguien por la calle, pues un comentario rápido y cada uno para su lado. La gente se cohibió mucho en cuanto a salir, a hablar, a juntarse.

¿Le pillaron también las huelgas a Fraga?

Sí, a Fraga le pillaron siendo ministro. A Fraga le ponían cada mono, le ponían hecho un Cristo. Estábamos todavía con toda la herencia de Franco, que acababa de morir unos meses antes. Todo seguía igual: los grises, la policía armada, las mismas leyes. No había cambiado nada todavía.

50 años después, cuando llega el 3 de marzo, ¿qué se te viene a la cabeza?

Siempre se hace un comentario. Aquí murieron estos, ahí cerca de Forjas dieron leña, aquel acabó con la cabeza rota. Siempre te acuerdas. Si te encuentras con alguno de aquella época, pues sale el tema. Hay muchas cosas que decir, pero salen atropelladas.

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