Gasteiz se vuelca con el 50 aniversario del 3 de marzo y desborda la Virgen Blanca

Una kaixarranka sobre una kutxa portada en alto, la voz de Jon Maia quebrando el silencio, los irrintzis, las bengalas ardiendo junto a los rostros de los asesinados y una plaza que no se vació hasta el final: Vitoria-Gasteiz ha vivido una conmemoración que quedará grabada en la memoria de la ciudad

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La plaza de la Virgen Blanca llena a reventar. Las calles aledañas, lleno absoluto. Pantallas gigantes para que nadie se pierda nada. A media altura de la escalinata, los familiares y las víctimas del 3 de marzo de 1976 presiden el acto desde el lugar de honor. Una dantzari ejecuta una kaixarranka sobre una kutxa que un grupo de personas porta en alto frente a la escalinata: la ovación es atronadora. Y entonces toma la palabra Jon Maia, bertsolari, cantante y escritor, acompañado de un grupo que corea sus palabras, y pronuncia la frase que ha quedado asociada a esta jornada: «Martxoak 3 ez da egun bat, bizitza bat da». El 3 de Marzo no es un día, es toda una vida. La plaza entera aplaude.

La emoción es de las que no se pueden contar, solo vivir.

Lo sucedido ayer en la Virgen Blanca, ha sido, sin lugar a dudas, histórico. Vitoria-Gasteiz ya había protagonizado conmemoraciones multitudinarias del 3M, pero ninguna como esta. Medio siglo exacto después de que la Policía Armada asesinara a cinco obreros e hiriera a más de 150 personas en la iglesia de San Francisco de Asís de Zaramaga, la ciudad ha respondido con la conmemoración más multitudinaria que se recuerda. Miles y miles de personas de todas las edades, sin un solo incidente reseñable, compartiendo un mismo grito: verdad, justicia y reparación. Y nadie, prácticamente nadie, se movió de la plaza hasta el final.

Así se llenó la Virgen Blanca

Para entender la magnitud de lo vivido en la plaza hay que retroceder unas horas. A las 17:00, junto al monolito de Zaramaga, arrancó el homenaje organizado por la asociación Martxoak 3 y los sindicatos ELA, LAB, ESK y Steilas. «Eran las 5.00 de la tarde y son las 5.00 de la tarde», recordó la asociación a la hora exacta en que, medio siglo atrás, la policía atacó a los manifestantes. De fondo, sonaban las estremecedoras grabaciones de radio de la Policía Armada: «Vamos a tener que utilizar las armas de fuego». Martxoak 3 enumeró en voz alta los nombres de los cinco asesinados mientras los aplausos arreciaban. «Herriak ez du barkatuko», clamaron los asistentes. La asociación tuvo también un recuerdo especial para quienes colocaron el monolito de forma clandestina en 1984, «con nocturnidad y cemento rápido», y para las personas detenidas en los primeros aniversarios por intentar conquistar el espacio público para la memoria del 3M. «Hoy el 3 de marzo parece ser un día en el que todos quieren salir en la foto. No siempre ha sido así. Lo sabemos, lo saben, lo sabéis», señalaron desde Martxoak 3.

Hubo lecturas de textos, homenajes cantados, bertsos conmemorativos y subida al escenario de protagonistas de las luchas de la época. Los familiares y las personas heridas sostenían en primera línea las enormes letras rojas de «Justizia», ramos de flores y carteles. Los retratos en blanco y negro de los cinco trabajadores asesinados estuvieron siempre presentes. Una multitud desbordante arropó cada momento. La ofrenda floral cerró un acto que ya de por sí habría bastado para considerar la jornada histórica.

Tras el homenaje en el monolito, muchos de los asistentes se desplazaron hasta la plaza de la Diputación, donde el Bloque Socialista liderado por GKS e IAS celebró su propio acto, también muy emotivo, con consignas, música y un mensaje claro de continuidad con las luchas obreras de 1976.

La Catedral Nueva y la marcha que emuló los funerales de 1976

En la Catedral Nueva, donde hace exactamente 50 años se celebró el funeral de tres de los cinco obreros asesinados, el obispo de Vitoria, Juan Carlos Elizalde, presidió una misa memorial. «Hoy no deberíamos estar nadie aquí recordando lo que nunca debió suceder», señaló el prelado. Mientras tanto, el exterior del templo se iba llenando. Frente a la escalinata, la pancarta «contra la impunidad» y las ya icónicas letras de «Justizia». Los sindicatos desplegaron también su pancarta: «M3MORIA ANTOLAKUNTZA BORROKA». Desde Zaramaga, las columnas de manifestantes iban llegando. Cada vez más y más gente.

A las 18:30, con la misa concluida y varias cabezas de marcha en movimiento, la multitud partió hacia la Virgen Blanca al son de ‘Campanades a morts’, la canción que Lluís Llach compuso la misma noche de la masacre de 1976. La calle Prado se quedó pequeña ante tanta gente. La multitud se extendía hasta la propia plaza, reproduciendo la imagen de aquel 5 de marzo de 1976 en que otra multitud acompañó a los féretros. Medio siglo después, la misma estampa.

El acto central en la Virgen Blanca

Los irrintzis rompieron el silencio. Miles de voces gritaron al unísono «Borroka da bide bakarra». Jon Basaguren y Libe García de Cortázar pusieron las primeras notas musicales. En las pantallas gigantes se proyectaron imágenes de los funerales de 1976 y los rostros en blanco y negro de las siete víctimas: Pedro María Martínez Ocio, Francisco Aznar, Romualdo Barroso, José Castillo y Bienvenido Pereda, además de Vicente Antón y Juan Gabriel Rodrigo, víctimas de la represión posterior en Basauri y Tarragona. «Estos son nuestros muertos», resonó en la plaza, rescatando la histórica frase de Jesús Fernández Naves, líder obrero recientemente fallecido.

La periodista Amparo Lasheras recordó a Naves y a Paco Lecuona, figuras centrales de aquellas luchas que ya no están, y a todas las personas que pelearon por cambiar las cosas pero nos han dejado. Llamó también a secundar la huelga del próximo 17 de marzo, «una urgencia justa».

Y llegaron los dos momentos cumbre. Primero, la kaixarranka frente a la escalinata, que arrancó una ovación de las que se escuchan pocas veces. Y después Jon Maia. El bertsolari, cantante y escritor de Zumaia tomó la palabra con un texto que fue recorriendo capas de memoria: las canciones que han acompañado al 3M a lo largo de medio siglo —Campanades a morts, Sunday Bloody Sunday, Erio, Amets berriak—, los trabajadores que llegaron de Extremadura, de Castilla, de Andalucía, y los que hoy llegan de América y de África («biarko Euskal Herritarrak gaurko langileak», los trabajadores de hoy son los vascos de mañana), los barrios obreros de Gasteiz —Casas Baratas, Zaramaga, Adurtza, Olarizu—, la impunidad que sigue intacta. Un grupo le acompañaba coreando parte de sus palabras. Y entonces, el estribillo que hizo sentir a la plaza entera: «Martxoak 3 ez da egun bat, bizitza bat da!». El 3 de Marzo no es un día, es toda una vida.

Maia cerró con una letanía coral que puso en pie a toda la plaza: «Memoria den garaipena! Borroka den garaipena! Eskubideen garaipena, maitasunaren garaipena, herriaren garaipena!» La victoria de la memoria, de la lucha, de los derechos, del amor, del pueblo.

Nerea Martínez, portavoz de Martxoak 3, reclamó que el Estado reconozca su «responsabilidad directa» en los crímenes y reivindicó el papel imprescindible de las mujeres en las luchas de 1976: mujeres que sostuvieron la lucha dentro y fuera de las fábricas, que organizaron comedores populares, que se concentraron masivamente frente a las instituciones con las bolsas de la compra vacías, que participaron en cada huelga y cada asamblea. Martínez recordó que en los primeros meses de 1976 el 80% de la población asalariada de Gasteiz se sumó a la lucha, y reivindicó que «el 3 de marzo debe rememorarse como el otro 1 de mayo de la clase trabajadora en Euskal Herria».

1976 y 2026: las mismas reivindicaciones

El acto en la Virgen Blanca ha servido también como altavoz para las luchas del presente. Trabajadores de Tubos Reunidos se han sumado para protestar contra el ERE que amenaza a la empresa alavesa. Los sindicatos convocantes han vinculado directamente las reivindicaciones de hace 50 años con las de hoy: salarios dignos, un Salario Mínimo Interprofesional propio para Euskal Herria, reparto justo de la riqueza y la huelga general del 17 de marzo. «En 1976 pedíamos salarios dignos, subidas de 5.000 y 6.000 pesetas, y hoy exigimos un salario mínimo de 1.500 euros», han subrayado desde LAB, que también ha denunciado que el Gobierno Vasco rechazara admitir a debate la Iniciativa Legislativa Popular por un SMI propio, respaldada por casi 140.000 firmas.

Se escucharon menciones a Palestina y expresiones de solidaridad internacionalista, en una línea que ha acompañado siempre a la conmemoración del 3 de Marzo. AnneKdotas puso la nota musical entre las intervenciones sindicales. Diferentes colectivos desplegaron sus pancartas a lo largo de todo el acto.

Bengalas, La Internacional y un pueblo que no se fue

El acto afrontó su recta final con la intervención de los representantes sindicales. Sonó La Internacional, interpretada en euskera y con acompañamiento de txistus. Después, el Eusko Gudariak. Y entonces, en la balconada, junto a los rostros de las víctimas, prendieron las bengalas. Así se cerró una tarde que nadie que estuviera allí va a olvidar.

Y hay un dato que lo dice todo: hasta el último momento, prácticamente nadie se movió de la plaza. Miles y miles de personas compartiendo un silencio, una emoción, un recuerdo y una exigencia que, cincuenta años después, sigue sin ser atendida. Todo ello sin un solo incidente, a pesar del fuerte dispositivo policial desplegado a lo largo de toda la jornada, con helicóptero de la Ertzaintza y dron sobrevolando el centro.

Vitoria-Gasteiz demostró ayer, en este 3 de marzo de 2026, que la masacre permanece más viva que nunca en su memoria colectiva. Los nombres de Pedro María, Francisco, Romualdo, José y Bienvenido siguen resonando con fuerza en las calles de la ciudad que los vio morir. Cincuenta años sin verdad, sin justicia, sin reparación. Pero también cincuenta años de una memoria que no se apaga.

Como recitó Jon Maia ante miles de personas: la victoria de la memoria, de la lucha, de los derechos, del amor, del pueblo.

M3MORIA. ANTOLAKUNTZA. BORROKA.

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