El Archivo Histórico Provincial de Álava (AHPA) conserva una causa judicial fechada en 1761 que revela cómo las acusaciones de brujería seguían considerándose una injuria grave incluso en pleno siglo XVIII, cuando el pensamiento ilustrado ya avanzaba en Europa. La pieza forma parte de la serie Los curiosos del archivo y muestra hasta qué punto la superstición, las rivalidades vecinales y los conflictos familiares se cruzaban en los tribunales.
El caso tuvo lugar en Labastida, entonces una villa en expansión con una población estimada de 8.000 habitantes. El origen del conflicto remonta a un pleito anterior por estupro que enfrentó a Antonia Serrano con Felipe de Amurrio, nieto de Antonio de Moya. Serrano ganó el caso y el joven fue condenado al pago de 200 pesos. Poco después, al cruzarse en la calle con la madre y la abuela del demandante, se desató un nuevo altercado verbal.

Según consta en la denuncia, Antonia insultó a la suegra de su contrincante llamándola “bruja hechicera”, acusándola incluso de haber provocado una lluvia de “piedras negras” que manchó la ropa tendida. La defensa de Serrano ofreció una versión contraria: aseguró que fue Ángela de Santurde quien empezó a increparla, llamándola “grandísima puta burdiona que andaba con todos los hombres del pueblo y que no tenía vergüenza”.
El tribunal valoró los testimonios y dictó una sentencia contra Antonia Serrano, que fue condenada a cuatro meses de cárcel y al embargo de sus bienes para costear su manutención en prisión. El proceso muestra cómo, pese al avance de las ideas ilustradas, conceptos como la brujería aún tenían fuerza legal como agravante en un juicio por injurias.
Fuente documental: Archivo Histórico Provincial de Álava (AHPA_JUS_14406).

