El 17 de julio de 1936, mientras una parte del Ejército se sublevaba en el Protectorado español de Marruecos, en Vitoria todavía no había soldados desplegados ni enfrentamientos en las calles. La guerra no había comenzado formalmente en Álava, pero los rumores ya recorrían la ciudad y quienes participaban en la conspiración esperaban las órdenes definitivas.
Este viernes se cumplen 90 años de aquella jornada que abrió el camino a la Guerra Civil. En la capital alavesa, el golpe no se consumó hasta la mañana del domingo 19 de julio, después de dos días de noticias confusas, movimientos clandestinos y decisiones que dejaron a las autoridades republicanas sin capacidad de reacción.
Una conspiración preparada con antelación
El levantamiento no sorprendió a todos por igual. Los militares y dirigentes tradicionalistas implicados en la conspiración llevaban varios días preparando la toma del poder en Álava.
El teniente coronel Camilo Alonso Vega, jefe del Batallón de Montaña Flandes número 5, era una de las figuras centrales de la trama en Vitoria. Mantenía contacto con el general Emilio Mola, que dirigía la conspiración desde Pamplona, y había trabajado para asegurar el apoyo de los principales mandos de la guarnición.
También se habían movilizado los dirigentes del carlismo alavés. El 15 de julio ya conocían que el levantamiento comenzaría en África y que después se extendería a la península. En Álava comenzaron entonces los preparativos para reunir a los voluntarios del Requeté, especialmente en las zonas rurales con mayor implantación tradicionalista.
El 17 de julio, rumores en las calles
La sublevación comenzó durante la tarde del 17 de julio en Melilla y se extendió después a Ceuta y Tetuán. En Vitoria, las primeras informaciones llegaron de forma fragmentaria.
Los estudios históricos sobre aquellas horas señalan que los rumores circulaban ya por la ciudad. Sin embargo, no consta que aquel viernes se proclamara el estado de guerra, que las tropas abandonaran los cuarteles o que se produjeran enfrentamientos abiertos.
Para buena parte de la población, lo que estaba ocurriendo todavía era difícil de interpretar. Para los conspiradores, en cambio, era la señal de que el plan estaba en marcha.
El sábado 18 aumenta la tensión
Las noticias fueron más claras durante la mañana del sábado 18. Las emisiones de radio informaron de que una parte del Ejército se había rebelado en Marruecos, aunque el gobernador civil de Álava, José María Navarro Vives, mantuvo públicamente que la normalidad era completa en la provincia.
Las organizaciones obreras y los partidos que apoyaban al Gobierno de la República comenzaron a reclamar medidas. Militantes socialistas, republicanos y anarquistas acudieron al Gobierno Civil, situado entonces junto al parque de La Florida, para pedir armas con las que hacer frente a una posible sublevación.
El gobernador rechazó la petición. Alegó que no podía entregar armamento sin autorización del Ministerio de la Gobernación y confió en que las fuerzas militares y de seguridad mantendrían el orden.
Aquella negativa terminó siendo decisiva. Los sindicatos y partidos republicanos quedaron sin medios para organizar una resistencia mientras los principales mandos militares de Vitoria terminaban de posicionarse a favor del golpe.
Una madrugada decisiva
La situación se precipitó durante la madrugada del 18 al 19 de julio. Dos ciclistas procedentes de Estella fueron detenidos cuando transportaban las instrucciones finales dirigidas a los conspiradores de Vitoria.
El Gobierno ordenó entonces al gobernador civil que exigiera la detención de Alonso Vega. El encargo recayó en el gobernador militar, el general Ángel García Benítez, pero este consultó antes con los jefes de las unidades de la guarnición.
Los mandos del Batallón Flandes, el Regimiento de Artillería de Montaña y el Regimiento de Caballería Numancia confirmaron su apoyo al levantamiento. García Benítez terminó sumándose a la sublevación y la detención nunca se produjo.
Navarro Vives trató de comprobar qué fuerzas continuaban siendo leales a la República. Las fuentes históricas ofrecen versiones diferentes sobre la postura inicial de la Guardia Civil, pero coinciden en que el gobernador se encontró prácticamente aislado. Finalmente abandonó Vitoria y se dirigió hacia Bilbao.
Los militares toman el poder el 19 de julio
A las siete de la mañana del domingo 19 de julio se proclamó el estado de guerra en Vitoria. Las tropas salieron de los cuarteles, ocuparon los puntos estratégicos y asumieron el control político y militar de la ciudad.
Alonso Vega quedó al frente del nuevo poder y Pedro Rodríguez Llamas fue nombrado gobernador civil. El golpe triunfó sin una batalla abierta en las calles de la capital alavesa.
A los militares se sumaron numerosos voluntarios carlistas y, en menor medida, falangistas. El historiador Javier Ugarte ha cifrado en alrededor de 1.350 hombres el primer contingente reunido en torno a los locales de Hermandad Alavesa.
Camiones y vehículos recorrieron diferentes pueblos para trasladar voluntarios hasta Vitoria. Una parte importante procedía de Rioja Alavesa y de localidades donde el tradicionalismo tenía una fuerte implantación.
Detenciones y cierre de sedes
La ausencia de enfrentamientos urbanos no significó que la toma de Vitoria fuera pacífica. Desde las primeras horas comenzaron las detenciones de concejales, sindicalistas, militantes de izquierdas y personas vinculadas al nacionalismo vasco.
Las sedes políticas y sindicales fueron clausuradas y las autoridades municipales y provinciales comenzaron a ser sustituidas. Las organizaciones obreras convocaron una huelga general para el lunes 20 de julio, pero el paro fue reprimido mediante arrestos, amenazas y despidos.
La violencia continuó durante los meses siguientes. Entre las víctimas estuvo el alcalde republicano de Vitoria, Teodoro González de Zárate, detenido tras el golpe y asesinado en marzo de 1937 junto a otras quince personas en el puerto de Azazeta.
Álava quedó dividida
Aunque Vitoria y la mayor parte de la provincia quedaron rápidamente en manos de los sublevados, estos no controlaron desde el primer momento todo el territorio alavés.
El valle de Ayala, Aramaio y algunas zonas próximas al Gorbea permanecieron inicialmente bajo control republicano. El norte de Álava se convirtió así en una zona de frente, con posiciones enfrentadas en torno a Legutio, Ubidea y las comunicaciones con Bizkaia.
Columnas procedentes de territorio republicano intentaron avanzar hacia Vitoria, pero no lograron recuperar la capital. Su control permitió a los sublevados utilizar la ciudad como centro militar y logístico para las operaciones posteriores en el norte.




