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El Museo Fournier de Naipes de Álava acoge una exposición para celebrar los 120 años del Palacio Bendaña

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Las paredes del Palacio de Bendaña acogen un autohomenaje fotográfico que repasa los últimos prácticamente 120 años de historia del espacio que ocupa el Museo Fournier de Naipes de Álava. El Palacio de los Arrieta-Maestu, conocido a partir del siglo XIX como Palacio de Bendaña, fue construido en el siglo XVI sobre restos medievales que aún se conservan. Alojó a ilustres personajes y fue habitado y utilizado por distintas familias vitorianas y foráneas, hasta que finalmente en 1994 la Diputación Foral de Álava instaló el Museo Fournier de Naipes en este edificio.

Existen en varios archivos numerosas fotografías del palacio tomadas con diferentes perspectivas. Algunas de ellas permiten aproximarnos a las distintas personas y hechos que se han sucedido en el edificio a lo largo de los siglos, a los usos y actividades que se han desarrollado en este espacio.

Las fotografías más antiguas pueden fecharse hacia 1900. En su mayoría, hablan de un pasado reciente, del siglo XX, en blanco y negro. Al presentarlas en esta publicación, se pretende dar luz, y también color, a estas Historias de Bendaña.

Las piedras

El propio edificio, sus piedras y otros materiales, dan cuenta de la historia del palacio. Además de algunos restos medievales, se aprecian ventanas de diferente tamaño y a diferentes alturas. Los escudos, también de piedra, van
incorporando las armas de las sucesivas alianzas familiares que lo ocuparon.

Los nombres

María Martínez de Maestu, Juan López de Arrieta, Pedro López de Arrieta, María de Escoriaza y pocos nombres más conocemos hasta el momento sobre quienes habitaron entre estos muros.

Josefa López de Arrieta y Barrientos, dueña del palacio y del mayorazgo a mediados del siglo XVII, se encontraba establecida en Valladolid, por lo que permitió a su tío, el capitán Bernardino de Isunza, ocuparlo como vivienda. En el testamento de éste en 1687, se describe el mobiliario, tapices y un gran número de pinturas que pudieron haber decorado las paredes del palacio, entre ellas, el retrato de su esposa Antonia de Eguíluz y del Barco, pintado por Juan de Amigo en 1657 y que se conserva en el Museo de Bellas Artes de Álava.

Los usos

A lo largo de su historia, el palacio ha permanecido desocupado en diferentes momentos. Varias fotografías de comienzos del siglo XX atestiguan el estado de abandono en que se encontraba por falta de mantenimiento. A partir de entonces, comenzaron a dársele nuevos usos al edificio. Se tiene constancia que algunos espacios sirvieron de estudio para artistas. Hacia 1912, el pintor Ángel Olarte estableció aquí su taller, junto con el escultor Daniel González y otros artistas.

El palacio fue además escenario de ocasionales representaciones teatrales y musicales, de las que ha quedado constancia en archivos y hemerotecas, como el “Concierto nocturno” que tuvo lugar los días 4 y 7 de octubre de 1916. En él, y posiblemente como iniciativa del artista Obdulio López de Uralde, participaron los músicos San Martín, Arámburu, Estébanez, Eguía, Quejana e Ibarzabal.

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