88 años después del bombardeo que redujo Gernika a cenizas, Alemania ha dado un paso histórico en la asunción de su responsabilidad. El presidente federal Frank-Walter Steinmeier visitó ayer la villa foral para pedir perdón en persona por los crímenes cometidos por la Legión Cóndor nazi el 26 de abril de 1937. Sin embargo, la jornada quedó marcada por una ausencia elocuente: el silencio del Estado español.
Felipe VI acompañó al mandatario alemán en su primera visita oficial a Gernika como monarca español, pero no pronunció discurso alguno ni realizó gesto de perdón formal. El lehendakari Imanol Pradales ha lamentado hoy en un artículo publicado en LinkedIn que España «haya dejado pasar esta magnífica oportunidad».
Una ceremonia cargada de simbolismo
El acto central tuvo lugar en el cementerio de Zallo, donde descansan los restos de las víctimas recuperadas tras el bombardeo. Steinmeier permaneció de pie ante el mausoleo con la cabeza gacha mientras sonaba «Gernika», la pieza musical compuesta por Pablo Sorozábal tras la tragedia. Funcionarios de la embajada alemana depositaron una corona de claveles blancos con la bandera germana.
«Alemania es consciente de su responsabilidad histórica. La reconocemos y sentimos la obligación de defender la paz, la democracia y luchar contra la violencia», declaró Steinmeier ante los medios.
El presidente alemán también se reunió con dos supervivientes nonagenarias del bombardeo: Crucita Etxabe y María del Carmen Aguirre, que tenían apenas 6 años cuando fueron testigos del horror.
Fernando Malaxetxeberria, funcionario local, tocó cinco veces una antigua campana que sobrevivió al ataque nazi, con toques tan lentos que cada sonido pareció durar una eternidad.
Pradales: «Ni odio ni venganza»
El lehendakari Imanol Pradales ha publicado hoy un extenso artículo en LinkedIn en el que agradece el gesto de Alemania, pero lamenta el silencio español. «Aplaudimos, reconocemos y agradecemos el gesto del presidente Steinmeier», escribe Pradales, quien recuerda que «en Gernika, Crucita y Mari Carmen siguen esperando del Estado Español ese reconocimiento sincero del daño causado».

El lehendakari desmonta el argumento de que el Estado democrático actual no tiene responsabilidad por ser diferente al régimen franquista: «Tampoco Herzog y Steinmeier tienen nada que ver con las atrocidades del régimen nazi de Hitler. Sin embargo, ambos han asumido su responsabilidad a favor de la reparación y la reconciliación como máximos representantes del Estado alemán».
Pradales evoca las palabras del lehendakari Aguirre desde el exilio en 1945, cuando afirmó que la actitud del pueblo vasco no debería guiarla «ni el odio ni la venganza, sino el espíritu de fraternidad». «Esta idea tiene hoy plena vigencia», subraya. «No se trata de reabrir viejas heridas, sino de afirmar la voluntad sincera de restañarlas, porque no se puede huir del pasado ni construir el futuro cerrando los ojos a la historia«.
El lehendakari también ha condenado el vandalismo que ha sufrido el mural del Gernika en la villa, atacado por «quienes siguen sin respetar los principios éticos y democráticos en Euskadi».
Dos Estados, dos posturas
La visita de Steinmeier culmina un proceso de asunción de responsabilidad que Alemania inició hace casi tres décadas. En 1997, el entonces presidente Roman Herzog envió una carta oficial reconociendo la «culpa de los aviones alemanes» y pidiendo perdón a las víctimas. Aquella misiva fue leída en euskera, castellano y alemán ante 150 emocionados supervivientes. Un año después, el Bundestag ratificó por unanimidad ese reconocimiento.
Pradales recuerda también otros gestos similares de mandatarios alemanes: Willy Brandt arrodillándose en 1970 ante el monumento a los Héroes del Gueto de Varsovia, o Angela Merkel afirmando en Auschwitz en 2019 que «la memoria de los crímenes nazis era inseparable de la identidad alemana».
El contraste con España es total. Durante la dictadura, el régimen franquista negó su responsabilidad con el lema «la España de Franco no incendia», culpando falsamente a los propios republicanos del incendio de Gernika. En democracia, aunque se reconoce la verdad histórica en el ámbito académico, ningún presidente del Gobierno ni jefe del Estado ha pedido perdón formalmente.
Ya en 1996, tras la donación alemana para reconstruir el polideportivo de Gernika, el entonces alcalde Eduardo Vallejo afirmó que «un gesto del Estado español sería bien recibido por los vascos». Casi 30 años después, ese gesto sigue sin llegar.
Críticas políticas y protestas
El presidente del PNV, Aitor Esteban, criticó duramente que Felipe VI acudiera como «mero acompañante» sin «aportar algo al pueblo vasco».
«Ya sé que algunos dicen que no es el mismo Gobierno, pero el presidente alemán y su gobierno no tienen nada que ver con la Alemania nazi, y la Jefatura del Estado Español está ahí después de una transición», argumentó.
EH Bildu optó por no asistir a los actos en protesta por la presencia del monarca, a quien consideraron «hiriente» sin asunción de responsabilidades. La coalición abertzale convocó protestas previas y alrededor de 200 manifestantes se congregaron durante la visita con consignas contra la presencia del rey.
Una deuda pendiente
El bombardeo del 26 de abril de 1937, ejecutado por la Legión Cóndor alemana y la Aviazione Legionaria italiana bajo órdenes del bando franquista, destruyó aproximadamente el 85% de las edificaciones de Gernika, ejecutado un día de mercado.
Fue uno de los primeros ensayos de guerra total contra población civil, inmortalizado por Picasso en su célebre cuadro.
«Cada una de las personas asesinadas en Gernika tenía un nombre, un origen, una historia y una dignidad inalterable«, concluye Pradales en su artículo. «Y esto debemos tenerlo muy presente todas y todos los representantes institucionales, porque se lo debemos a todas y cada una de las víctimas».
La jornada de ayer en Gernika ha vuelto a evidenciar una asimetría profunda entre dos democracias europeas en su relación con la historia traumática: mientras Alemania sigue asumiendo en persona su responsabilidad histórica, España opta por la presencia sin la palabra.
Fotografías de IREKIA

