La empresa de limpieza de Vitoria se resiente con una plantilla castigada por las bajas

El absentismo en el servicio de limpieza de Vitoria sube al 28,06% en 2025 y abre un debate sobre la presión sobre la plantilla, las bajas médicas y el nuevo contrato.

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El absentismo en el servicio de limpieza de Vitoria-Gasteiz se ha convertido esta mañana en otro frente abierto en la comisión municipal de limpieza. Los datos facilitados por el propio departamento reflejan que la media ha subido del 20,52% en 2024 al 28,06% en 2025, con varios meses por encima del 30%. La oposición ha presentado esas cifras como una señal de colapso del servicio. El Gobierno municipal ha admitido la tendencia al alza, pero la ha enmarcado en un contexto general de Euskadi y la ha vinculado, entre otros factores, a la dureza física del trabajo y al envejecimiento de la plantilla.

El debate ha dejado dos lecturas muy distintas de la misma realidad. El PP ha puesto el foco en las consecuencias del absentismo sobre la limpieza de las calles, la organización del servicio y el coste del contrato. El concejal de Limpieza, Pascual Borja, ha respondido que el problema no puede analizarse al margen de las condiciones laborales del sector y ha defendido que más del 90% de las ausencias corresponden a incapacidades temporales, en muchos casos asociadas a enfermedad.

El dato, en cualquier caso, ha sido alto. Según ha expuesto Alfredo Iturricha, la media de absentismo en 2025 ha alcanzado el 28,06%, ocho puntos por encima del año anterior. En febrero, marzo, mayo y junio se ha superado incluso el 30%. El edil del PP ha sostenido que se trata de una cifra “insostenible” para un servicio básico como la limpieza viaria y la ha vinculado al deterioro del estado de la ciudad, al aumento de costes y a la sobrecarga del resto de la plantilla.

Más bajas y más presión sobre la plantilla

Ahí ha aparecido uno de los puntos más sensibles del debate. Detrás del absentismo no hay solo una estadística ni un reproche político. Hay un servicio que funciona con una plantilla sometida a un trabajo físico exigente, expuesta a la intemperie y con una media de edad cercana a los 50 años, según ha reconocido el propio Gobierno municipal.

Borja ha insistido en esa idea durante la comisión. Más del 90% de las ausencias, ha señalado, se explican por bajas médicas. Algunas son de corta duración y otras se prolongan más en el tiempo. Esa realidad, ha defendido, obliga a leer los datos con cuidado y a no convertir de forma automática el absentismo en una acusación contra los trabajadores.

El concejal ha situado además esta evolución en un contexto más amplio. Según su explicación, el aumento del absentismo no es exclusivo del servicio de limpieza de Vitoria, sino que responde a una tendencia creciente en Euskadi tanto en el ámbito público como en el privado. Aun así, ha admitido que la situación complica la organización diaria del servicio y obliga a cubrir ausencias con un esfuerzo añadido por parte de la contrata.

El debate político ha chocado con la realidad del tajo

La intervención del PP ha cargado contra el Gobierno municipal por no haber puesto en marcha, a su juicio, un plan específico de respuesta ante una situación que considera grave. Iturricha ha reprochado al Ejecutivo local que lo fíe todo al nuevo pliego de limpieza y que no haya trasladado medidas concretas para corregir un problema que, según ha sostenido, repercute ya de forma directa en el estado de la ciudad.

Pero el debate ha dejado también otra lectura. Si uno de cada cuatro trabajadores falta de media y en algunos meses la cifra se acerca a uno de cada tres, la pregunta no es solo qué ocurre con el servicio, sino también qué está pasando en el trabajo. La dureza física, el envejecimiento de la plantilla, las condiciones materiales y el clima laboral han aparecido de fondo, aunque en la discusión política no siempre hayan ocupado el lugar central.

Iturricha ha aludido de hecho a conversaciones con representantes de los trabajadores y ha apuntado a un clima laboral inadecuado y a una sobrecarga para quienes sí acuden a su puesto. Ese punto apenas se ha desarrollado en la respuesta del Gobierno, que ha preferido centrarse en factores estructurales y en las medidas que prevé introducir con el nuevo contrato.

El nuevo contrato, la gran apuesta del gobierno

La principal respuesta del Ejecutivo municipal ha pasado por el nuevo pliego de limpieza. Borja ha defendido que ahí se introducirán cambios orientados a mejorar las condiciones del servicio y, con ello, a prevenir parte de las causas que están detrás de las bajas.

Entre esas medidas ha citado la renovación de la maquinaria, con equipos más modernos y ergonómicos, y actuaciones en las instalaciones de Aguirrelanda, especialmente en vestuarios y zonas de personal. También ha apuntado a la necesidad de adaptar el servicio a una plantilla envejecida y ha confiado en que las futuras jubilaciones y prejubilaciones ayuden a aliviar parte de la presión física acumulada.

El concejal ha evitado concretar un coste económico del absentismo al considerar que depende de la duración de cada baja y del reparto de cargas entre empresa y sistema de cobertura. Sí ha admitido, no obstante, que el impacto es significativo y que la situación dificulta la prestación ordinaria del servicio.

La defensa del nuevo contrato ha ido más allá. Borja lo ha presentado como una herramienta para elevar la calidad del servicio y para corregir parte de las carencias acumuladas en una contrata que arrastra maquinaria obsoleta y un modelo ya desgastado.

Una discusión que va más allá de la limpieza

La discusión sobre el absentismo no se ha limitado a la imagen de calles más o menos limpias. También ha abierto una cuestión de fondo sobre cómo se presta un servicio esencial y en qué condiciones lo hacen quienes lo sostienen cada día.

El PP ha tratado de convertir el dato en una enmienda a la gestión del Gobierno municipal. El Ejecutivo ha respondido que el problema existe, pero que no puede abordarse desde una lógica punitiva ni simplista, porque la mayoría de las ausencias tienen detrás motivos médicos y un contexto laboral exigente.

Entre ambos discursos ha quedado una realidad difícil de obviar. Cuando un servicio básico acumula bajas de esta magnitud, no basta con hablar de organización o de quejas ciudadanas. También hay que mirar la trastienda del trabajo: la edad de la plantilla, el desgaste físico, la ergonomía de los equipos, el estado de las instalaciones y la presión que soportan quienes siguen saliendo cada día a limpiar la ciudad.

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