“A mi compañero le rompieron ocho costillas”: Salim Malla denuncia torturas por parte de Israel

Salim Malla relata su viaje en la flotilla a Gaza, la interceptación en aguas internacionales, el trato recibido y la situación de dos activistas aún detenidos por Israel.

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Salim Malla (Vitoria, 1976), artista visual y profesor universitario, formó parte de la última flotilla que intentó llegar a Gaza con ayuda humanitaria. En esta entrevista relata cómo fue la interceptación en aguas internacionales, denuncia el trato recibido y reclama la liberación de dos compañeros que, según explica, siguen detenidos por Israel.

“Nos interceptaron mucho antes de lo que esperábamos”

Pregunta. Salim Malla, ¿qué tal?

Respuesta. Muy bien.

P. Antes de empezar, explica a nuestros oyentes y lectores quién eres.

R. Me llamo Salim Malla. Soy artista visual y profesor universitario.

P. Has sido integrante de la última flotilla que ha ido a Gaza. Os interceptaron en el camino. ¿Cómo fue ese momento?

R. La situación fue inesperada y complicada. Sabíamos que en algún momento nos iban a interceptar. Lo que no esperábamos es que fuese tan temprano.

El Gobierno genocida de Israel tiene una zona de exclusión frente a la costa de Palestina de unas 200 millas bajo control. Esperábamos que nos interceptaran al acercarnos a esa zona. Sin embargo, fue mucho más lejos, a más de 600 millas, en aguas del Mediterráneo, en aguas internacionales, muy cerca de Creta.

El momento de la intercepción fue por sorpresa. Era de noche. Primero empezamos a tener problemas con las comunicaciones y, de repente, se nos apareció gente en el barco gritando. Nosotros íbamos en el barco que encabezaba la flotilla, el barco madre.

Cuando empezamos a escuchar gritos para que saliéramos a cubierta, yo pasé por el salón y empecé a ver punteros láser recorriendo nuestras cabezas y nuestros cuerpos. A partir de ahí, salimos con las manos en la cabeza. Nos registraron, nos quitaron todo lo que llevábamos, nos llevaron a la proa del barco y nos mantuvieron arrodillados, con las manos en la cabeza, hasta que nos trasladaron en nuestro propio barco a la cárcel, o mejor dicho, al campo de concentración flotante que tenían preparado para nosotros y nosotras.

Allí volvieron a repetir el mismo proceso. De rodillas, manos en la cabeza. Tuvimos que andar así cientos de metros hasta que nos clasificaron con un número y nos introdujeron en un recinto formado por contenedores de los que se utilizan en los mercantes.

Eran seis contenedores que formaban una pequeña plaza. En tres de ellos teníamos acceso y había una especie de colchonetas, que en realidad eran como aislantes de construcción, que utilizamos para intentar dormir.

Durante los dos días que estuvimos allí nos privaron continuamente de sueño, comida y agua. Nos controlaban desde la parte superior con armas de fuego para no dejarnos dormir. Arrojaban agua a la zona donde estábamos. Cada dos horas entraban en el recinto y nos pedían que nos formáramos para contarnos. Después volvíamos a tener que arrodillarnos, con las manos en la cabeza, y nos tenían así otras dos horas o el tiempo que les apeteciera.

Quien flaqueaba o se negaba era golpeado. Ha habido gente con la cara reventada, gente con la clavícula fuera. Un compañero muy cercano mío tiene un montón de costillas rotas. Ayer me enteré de que no eran seis, sino ocho costillas rotas.

Esa situación continuó durante casi dos días, con la incertidumbre de no saber ni a dónde íbamos ni cuánto tiempo íbamos a estar allí.

Además, los soldados y las soldados eran muy jóvenes. Iban totalmente tapados, pero se les veía en los ojos que eran adolescentes. Eso era otro riesgo más, porque ya vimos que se les iba de las manos cuando golpeaban a la gente. En cualquier momento se les podía ir de las manos y disparar una de sus armas.

Fueron momentos de bastante incertidumbre y miedo. En mi caso, en un momento dado me llamaron por megafonía y me aislaron en una especie de camarote-celda con otra persona. Quizá me libré de algunos golpes, pero mentalmente también nos pasó factura. No sabíamos cuántas horas estaban pasando. Escuchábamos los ánimos de los compañeros desde los contenedores, que hacían ruido para pedir nuestra liberación, pero no saber dónde estás ni cuánto tiempo vas a estar allí es un trago duro.

“Éramos 180 personas de 22 barcos”

P. ¿Cuánta gente estabais?

R. Éramos 180 personas secuestradas de 22 barcos.

P. ¿Cuántas horas estuvisteis en ese lugar?

R. Si te digo la verdad, no tengo claro cuántas horas. Para mí fueron dos días. He escuchado que fueron unas cuarenta y tantas horas aproximadamente.

P. ¿Consideras que los tratos recibidos podrían constituir torturas?

R. Sí, por supuesto. Todo lo que se ha hecho en aguas internacionales por parte del Ejército de Israel, pero también por parte de las autoridades griegas, y con la colaboración de Europa y Frontex, es una violación tras otra de las leyes internacionales, una violación de derechos humanos y una larga lista de incumplimientos de la ley marítima, entre otras cosas.

Además de secuestrarnos a los 180, destrozaron un barco y lo dejaron a la deriva con personas dentro ante una tormenta inminente. Eso, desde luego, es un homicidio. No podía pasar nada bueno si les dejas flotando en el mar. Por suerte, se olvidaron de romper una de las radios y pudieron comunicar con Open Arms. Fueron rescatados. Pero la lista de leyes internacionales que se han violado es innumerable.

“Saif y Thiago siguen secuestrados”

P. Creo que todavía dos de tus compañeros siguen en territorio israelí. ¿Sabéis algo de ellos?

R. Sí. Saif y Thiago siguen secuestrados por el Gobierno genocida de Israel. Están a la espera de juicio, un juicio sin pruebas. Igual que los 9.500 palestinos que siguen encarcelados injustamente y que tampoco tienen cargos, muchos de ellos niños.

Estamos preocupados por ellos porque ya sabemos cómo funciona este Gobierno. Saif, además de tener nacionalidad española, tiene nacionalidad palestina, por lo que puede ser sometido a la nueva ley que ha impuesto este Estado genocida a los palestinos, con la que les quieren condenar a pena de muerte. Es una ley que solo se aplica a ciudadanos palestinos y, por tanto, está totalmente fuera de cualquier marco democrático.

Tanto Thiago como Saif iniciaron una huelga de hambre hace al menos ocho días. Saif, además, inició hace dos días una huelga de sed. El riesgo que corren es muy grave. Hay que hacer un llamamiento a los gobiernos de Brasil y España para que no solo tengan palabras de apoyo, sino que actúen de verdad.

“La situación en Palestina sigue siendo la misma”

P. Todo lo que está pasando ahora con Irán ha desplazado de la actualidad las noticias sobre Gaza y Palestina. ¿En qué situación se encuentra ahora mismo Gaza? ¿Qué información te llega de allí o también de Cisjordania?

R. La verdad es que he estado desconectado la última semana. Primero porque fuimos secuestrados. Después porque en Grecia seguimos incomunicados. Luego escapé por Turquía gracias al apoyo del Gobierno turco, pero seguí incomunicado. Acabo de volver a Vitoria y la información que tengo quizá es la misma que tiene todo el mundo.

También he intentado estar un poco desconectado para pasar el trago lo mejor posible. Pero en Palestina la situación sigue siendo la misma que lleva sucediendo desde que empezó el genocidio. Siguen matando palestinos, siguen encarcelando palestinos y siguen sin dejar que entre la ayuda humanitaria.

Nuestra intención era romper ese bloqueo y llevar ayuda humanitaria. Se sigue negando esa ayuda. Y en relación con la guerra ilegal que ha iniciado Israel con Irán, no tengo más información de la que veo en las noticias.

“El Gobierno español no nos ayudó”

P. Has mencionado la ayuda que recibiste del Gobierno de Turquía para volver. ¿Puedes desarrollar un poco más cómo fue ese proceso?

R. Después de que nos liberasen, apareció junto a ese barco de guerra un barco de los guardacostas griegos. Nos fueron sacando hasta que todos estuvimos en un puerto industrial muy alejado de cualquier población, en la isla de Creta.

Nos estuvieron mareando prácticamente durante todo el día en autobuses. No nos dieron agua ni comida. El agua llegó unas dos horas después de desembarcar y creo que nos dieron de comer hacia las seis de la tarde.

Finalmente conseguimos llegar al aeropuerto bajándonos del autobús, porque nos retenían sin decirnos por qué. Decían que era por seguridad, pero teníamos pasaporte europeo y libertad de movimiento. A pesar de ello, nos estuvieron mareando.

El Gobierno griego había colaborado previamente con Israel para tenernos allí dos días y no hacer nada. Cuando llegamos al aeropuerto estaban esperando varias embajadas, porque en la Global Sumud Flotilla había muchas nacionalidades.

En el caso de la cónsul española, cuando llegamos, lo único que hizo fue cogernos el nombre. Yo le pregunté si nos iban a ayudar de alguna manera. Estábamos sin dinero, sin teléfono y prácticamente sin ropa. Llevábamos dos días con lo puesto. Lo que me dijo es que no, que el Gobierno de España no nos iba a ayudar y que teníamos que hablar con la Global Sumud Flotilla para salir de allí.

En ese momento se hizo una reunión de la flotilla para informarnos de la situación. Nos dijeron que el Gobierno turco había ido a buscar a sus compatriotas y había fletado un avión para volver a Turquía. Ese avión tenía sitio. También nos dijeron que la flotilla tenía buena relación con el Gobierno turco y que sería más sencillo hacer escala en Turquía para después gestionar la repatriación.

Yo no me lo pensé y me monté en ese avión. La verdad es que el recibimiento en Estambul fue sorprendente. Según bajamos del avión nos estaban esperando, nos agasajaron y hubo una rueda de prensa muy grande en la que se denunció todo lo ocurrido.

Después nos llevaron a un hospital, nos hicieron un reconocimiento médico físico y psicológico, y más tarde nos esperaban abogados y la policía para hacer una denuncia ante la Corte Penal Internacional. Hicimos una declaración barco por barco y persona por persona. A partir de ahí nos llevaron a un hotel y gestionaron la vuelta a través de Turkish Airlines.

P. Entonces, ¿fuiste de Creta a Estambul y desde allí regresaste a España?

R. Sí. En Creta fue donde nos liberaron y desde el aeropuerto de Creta volé a Estambul. Allí estuve tres días hasta que se gestionó nuestra vuelta.

Había muchas nacionalidades. Gente que volvía a Argentina, gente que volvía a Brasil y otras personas que continuaban hacia otro puerto en Marmaris, en Turquía, desde donde saldrá el resto de la flotilla. Había que gestionar muchos desplazamientos y por eso se retrasó.

Durante los días que estuvimos allí no nos faltó de nada. Nos pusieron un hotel y nos dieron dinero para comprar ropa, porque estábamos con la ropa sucia de haber estado arrastrándonos durante varios días. En ese sentido, la Global Sumud Flotilla hizo un buen trabajo, en colaboración con el Gobierno turco.

“Viajar en velero no es tan romántico como parece”

P. ¿Cómo era el día a día dentro del barco antes de la interceptación?

R. Al contrario de lo que puede pensar la gente, viajar en velero no es tan romántico como parece. Y menos en barcos que se preparan durante meses para que estén a punto, pero en los que van surgiendo cosas.

El día a día consiste en estar todo el rato arreglando cosas para que el barco siga adelante. En concreto, el barco en el que yo viajaba, el Josephine, tuvo problemas de motor y la travesía desde Barcelona hasta Sicilia fue un calvario. Tuvimos que hacer mil reparaciones en el motor y acabamos haciendo un bypass para llegar a la costa de Sicilia.

Además, es una navegación de 24 horas. No haces escala en ningún puerto. Son siete días de navegación continua. Eso significa siete días de atención constante a la situación del mar y al resto de barcos. Tienes que vigilar que no haya ningún problema, que no te choques con nadie.

También hay que controlar durante la noche los drones y la vigilancia que fueron apareciendo. El año pasado se vio que no solo vigilaban, sino que también atacaban. La tensión y la presión son bastante grandes. Desde luego, es un viaje duro.

“Nos lo robaron todo”

P. En el momento de la interceptación llevaríais vuestras pertenencias. ¿Qué pasó con ellas?

R. Nos lo robaron todo. Cuando se suben al barco empiezan quitándote lo que tienes en los bolsillos. Mientras te mantienen en la proa arrodillado, con las manos en la cabeza, se dedican a destrozar todo lo que hay en el barco.

Empiezan por los sistemas electrónicos: internet, cámaras, radio y todos los sistemas de comunicación. Después, en el caso de los barcos que abandonaron allí, continúan con los manguitos del motor para inutilizarlo y rajan o revientan las velas.

En el interior levantan las tapas de los armarios, las sentinas y las mochilas de todas las personas. Lo esparcen todo por el suelo. En un momento dado, cuando ya han hecho ese trabajo, te dicen que bajes a por el pasaporte o las medicinas. Pero cuando bajas te das cuenta de que no hay nada que buscar. Está todo mezclado y tirado por el suelo.

En todo caso es un engaño, porque cuando coges algo, en mi caso unas medicinas, y llegas al barco que utilizaban como campo de concentración, te vuelven a registrar y te lo quitan todo otra vez.

Incluso hubo gente a la que le quitaron los zapatos y la chaqueta durante el proceso de clasificación. Llegaron al recinto descalzos y en camiseta. Era un espacio a cielo abierto, en la cubierta del barco. Hacía mucho frío y humedad por la noche, y mucho calor durante el día.

Yo tuve la suerte de llegar con un jersey y una chaqueta, y pude pasarle una de mis chaquetas a un compañero. Pero no había chaquetas para todos. Hubo que ayudar a la gente para que no entrase en hipotermia, dándole calor corporal, porque nos privaron de todo eso.

“No ha existido asistencia consular”

P. Por lo que cuentas, ¿consideras que la asistencia consular de España no fue adecuada?

R. No ha existido ningún tipo de asistencia consular. De hecho, mi familia, mi pareja y mis amigos estuvieron llamando a diferentes embajadas, tanto en España como en Grecia, y lo que les dijeron es que yo ya era mayor de edad y que me apañase. Esa fue la respuesta.

“Sentí la necesidad de hacer algo más que manifestarme”

P. ¿Qué te llevó a participar en la flotilla?

R. Sentí la necesidad de hacer algo más que manifestarme en la calle. Yo nunca he militado en ningún partido ni en ninguna organización, pero realmente sentí la necesidad de hacerlo porque veía que las manifestaciones no estaban teniendo el efecto necesario.

Tengo origen árabe. Mi padre era sirio y estoy concernido de alguna manera por este genocidio actual y por la situación de apartheid y ocupación que lleva sucediendo en Palestina desde hace muchísimos años.

Además, en diciembre, como artista plástico, hice una exposición en Valladolid, en la galería con la que trabajo, Javier Silva, donde, además de recordar la memoria de mi padre sirio, hice una serie de obras que llamaban la atención o denunciaban cómo diferentes empresas muy conocidas, como McDonald’s, Chevron o Carrefour, participan de esta ocupación y colaboran con el genocidio.

P. Por tu procedencia siria, teniendo en cuenta también la ocupación de los Altos del Golán, ¿tu implicación va más allá de Palestina?

R. Creo que mi relación con lo que le está ocurriendo al pueblo palestino me viene de hace muchos años. Mi padre me contaba, por ejemplo, la Guerra de los Seis Días. Él era prácticamente adolescente, pero vivió esa situación cuando se apropiaron de los Altos del Golán. Eso siempre ha sobrevolado mi cabeza.

Pero al fin y al cabo yo nací en Vitoria, y mi relación con Siria ha sido prácticamente cuando he ido de vacaciones a visitar a la familia de mi padre. Creo que todo el mundo tiene que sentirse apelado por esta situación. No es algo que esté ocurriendo allí y que simplemente veamos en las noticias.

Una de las cosas que ha conseguido la flotilla es, de algún modo, avanzar o adelantar ciertos acontecimientos que van a estar cada vez más cerca de nosotros. Que se violen las leyes internacionales de esta manera nos afecta a todos. Que nos ataquen y nos secuestren en aguas internacionales es algo que no se puede permitir y está ocurriendo cada vez más cerca.

Israel va dando pasos cada vez más largos. Creo que están estudiando cuál es la respuesta del resto de gobiernos del mundo y, en este caso, de Europa. Como ven que estos gobiernos no hacen nada, dan otro paso más. Cada vez los tenemos más cerca.

La gente tiene que dejar de pensar que es un problema que está allí, a mil kilómetros de nosotros, y empezar a pensar que esta deriva imperialista nos va a afectar de lleno en un periodo corto de tiempo.

“Seguiré colaborando con la flotilla”

P. ¿Volverías a la flotilla?

R. Ahora mismo estoy todavía asimilando lo que ha pasado, pero sin duda voy a seguir colaborando con la flotilla de muchas formas. Se puede colaborar en tierra, cuando los barcos se están preparando, o en otros equipos de apoyo a los voluntarios.

Lo pensaré. Seguramente colabore con ellos. No sé si volveré a navegar. Le tengo que dar una vuelta.

Sí que es cierto que cuando te juntas con gente de todos los lugares del mundo, de todo tipo de creencias y con distintos orígenes profesionales, te animas mucho. Tenía compañeros y compañeras de 20 años hasta 76 que estaban allí dándolo todo. Entonces piensas que lo que tú estás haciendo es algo mínimo, lo mínimo que se puede hacer.

También quiero decir a la gente que se puede colaborar de muchas maneras. No hace falta irse allí. Una de las cosas importantes que tenemos que hacer es manifestarnos en nuestras ciudades y pueblos. Creo que está faltando presión.

También podemos colaborar haciendo boicot. Hay aplicaciones que facilitan ese trabajo y permiten identificar productos y empresas que participan en esta ocupación y este genocidio.

Desde el País Vasco también tenemos que hacer nuestro trabajo y señalar a las empresas que desde nuestro territorio participan en este genocidio, como puede ser CAF, con sus tranvías que trasladan a colonos, u otras muchas empresas y bancos, como Kutxabank. Recuerdo un informe que salió hace unos meses con un listado exhaustivo de todas estas empresas.

“Hay concienciación, pero no la suficiente”

P. ¿Ves a la sociedad vasca y española comprometida con la causa?

R. Sí, se nota que aquí hay más compromiso que en otros sitios. Pero ayer, por ejemplo, hubo una concentración para pedir la liberación de Thiago y Saif frente a la delegación, y por lo que me han dicho no había demasiada gente. Creo que sí hay concienciación, pero no la suficiente.

P. Para terminar, ¿cómo estás?

R. Estoy bien. Sabía a lo que iba. La intención era que, a partir de lo que nos iba a pasar, se volviese a hablar del genocidio en Palestina y de los presos palestinos.

Estoy contento porque está teniendo repercusión y los medios se están haciendo eco de esta situación. Y, por último, quiero recordar que Thiago y Saif siguen encarcelados. Tenemos que movilizarnos para hacer presión a los gobiernos y lograr que les liberen cuanto antes.

P. ¿Quieres añadir algo más?

R. Repetir lo mismo. Animar a la población a pelear, a salir a las calles y a hacer ver a nuestros gobiernos que no estamos de acuerdo con estas derivas imperialistas.

P. Salim, muchas gracias.

R. Gracias a ti por tenerme.

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