El fuego que sigue activo en el monte Galarreta, entre Zalduondo y el parque natural de Aizkorri-Aratz, ha quemado casi seis millones de metros cuadrados de monte, según la estimación por satélite del sistema europeo de vigilancia de incendios. Es una mancha de 5,9 kilómetros cuadrados, casi tres veces el parque de Salburua, con una humareda que se ha visto desde buena parte de la Llanada.
Un robledal de más de 600 años, junto al fuego
El perímetro que dibuja el satélite alcanza el entorno de uno de los robledales más valiosos de Álava, el bosque de Korrosparri. Allí crece El Abuelo de Galarreta, también llamado roble de Mendutza, un roble albar de la especie Quercus petraea con más de ocho metros de perímetro, uno de los mayores de Euskadi.
Se le calculan más de 600 años de vida, y se llega hasta él por la senda de los robles centenarios de Galarreta, entre viejos ejemplares trasmochados repartidos por la ladera.
A un paseo se levanta el roble de Beorlatza, el haritza de Zalduendo, otro gigante hueco por dentro en el que, según quienes lo visitan, llegan a caber más de una docena de personas a la vez. Ver esos nombres dentro de la mancha del incendio es, para quien conoce el monte, la mejor medida de lo que está en juego.
Cuatro entrevistas. Cuatro miradas sobre Vitoria.
Garbiñe Ruiz
Rocío Vitero
Iñaki García Calvo
Beatriz Artolazabal
La Diputación no da número, y tiene motivos
Copernicus EFFIS · Current Situation Viewer
El incendio de Galarreta, capa a capa
Fuente: Copernicus Emergency Management Service · EFFIS · EOX · Sentinel-2
La administración foral, en cambio, no ofrece cifra. Prefiere esperar a medir sobre el terreno una vez controlado el fuego, con medio centenar de personas trabajando para «volver a perimetrarlo, contener su avance y evitar que se extienda».
No es indecisión, es método. Una medición sobre el monte es más fiable que una huella térmica captada desde centenares de kilómetros de altura.
Y esa huella engaña al alza, porque tiende a englobar todo el entorno del siniestro. Casi siempre marca más de lo que arde de verdad, así que esa superficie es un orden de magnitud, no una cifra cerrada.
Cómo cuenta un satélite lo que arde
El sistema que da estos datos es Copernicus, a través de su servicio europeo de incendios, EFFIS. Su truco es sencillo: no ve llamas, ve calor. Detecta anomalías térmicas, puntos mucho más calientes que su entorno, y los marca como fuego activo.
El sensor MODIS trabaja con píxeles de 1 kilómetro y el VIIRS afina hasta 375 metros. Entre todos pasan sobre la zona unas seis veces al día.
El contorno de lo quemado lo dibuja MODIS a 250 metros y lo refina Sentinel-2 a 20, capaz de cazar fuegos diminutos. Con esa maquinaria, EFFIS cartografía cerca del 95% de lo que arde cada año en la Unión Europea.
Lo que cuentan las capas sobre Galarreta
Cruzando esas capas, el retrato cuadra. Los puntos calientes de VIIRS se amontonan en la ladera, y la capa de población confirma que no hay núcleos cerca. Por eso no ha hecho falta desalojar a nadie.
El mapa de combustibles es el más elocuente. Clasifica la zona como «Timber», masa de coníferas, uno de los modelos más inflamables. Es el pinar donde un rayo ha prendido el fuego días atrás y donde se ha mantenido latente hasta reavivarse.
El resto lo pone la meteorología. El índice que mide el combustible seco acumulado por la sequía coloca la zona en valores altos, en plena ola de calor.
Cuánto ha ardido de verdad
La cifra definitiva llegará cuando el fuego esté apagado y los técnicos midan el terreno. Hasta entonces, esa mancha que ve el satélite, casi tres veces Salburua, es la mejor foto disponible. Y ya sitúa a Galarreta entre los incendios más serios de este verano en Álava.










