La cabeza de Baco ya está en Bibat. Está en una vitrina pública, en el Museo de Arqueología de Álava, y puede verse por primera vez dentro de la exposición ‘La odisea de Baco’. La pieza, hallada en Arkaia en 1976, llega al museo después de casi cincuenta años fuera del patrimonio público.
No es una escultura grande ni llamativa a primera vista. Mide 13 centímetros de alto, 9,5 de ancho y 6,5 de profundidad. Está tallada en mármol y representa la cabeza de un personaje adulto, con pelo largo y rizado, barba, bigote y una diadema. Los estudios la sitúan en la segunda mitad del siglo I después de Cristo.
Su tamaño engaña. Lo que Bibat expone desde este fin de semana no es solo una pieza romana recuperada. Es también una historia de hallazgo, silencio, investigación, juzgado y restauración. Una de esas historias en las que el patrimonio no desaparece de golpe, sino poco a poco, cuando nadie lo deposita donde debe.
Tradición griega
Los especialistas identifican la pieza como una herma de Dioniso-Baco. Este tipo de esculturas procede de la tradición griega y fue adoptado por el mundo romano como elemento decorativo, sobre todo en viviendas y espacios privados. En este caso, la identificación con Baco no se basa en racimos de uva ni en hojas de vid, porque la cabeza no conserva esos atributos. Se apoya en sus rasgos arcaizantes y en la comparación con otras piezas similares documentadas en Hispania.
Cuatro entrevistas. Cuatro miradas sobre Vitoria.
Garbiñe Ruiz
Rocío Vitero
Iñaki García Calvo
Beatriz Artolazabal
El origen está en Arkaia-Suestatium, uno de los enclaves romanos más importantes del entorno de Vitoria-Gasteiz. La cabeza apareció en 1976 durante unas obras de canalización de aguas promovidas por la Diputación Foral de Álava. Un trabajador encontró el fragmento en el transcurso de los trabajos y se lo entregó al ingeniero responsable de la obra.
Ahí empezó la anomalía. La pieza no fue depositada en una institución pública. No entró en los fondos arqueológicos de Álava. No quedó disponible para su estudio, conservación o exhibición. Según la reconstrucción conocida, acabó en manos del ingeniero que la recibió tras el hallazgo.
Apareció en una obra
Conviene contarlo bien. No fue el robo de una pieza expuesta en un museo. No hubo una vitrina rota ni una alarma de madrugada. Fue algo más silencioso y mucho más difícil de corregir después. Un hallazgo arqueológico aparecido en una obra pública no llegó al patrimonio público cuando correspondía.
Durante décadas, la cabeza de Baco estuvo fuera de su sitio. Su existencia era conocida en determinados ámbitos, pero la ciudadanía no podía verla y el museo no la custodiaba.
El caso volvió a moverse en 2019, cuando una información periodística reabrió el debate sobre su paradero y su titularidad. Aquella publicación sacó de nuevo a la luz una historia que llevaba años pendiente y obligó a mirar hacia una pregunta incómoda. Cómo podía seguir fuera del patrimonio público una pieza arqueológica hallada en una obra promovida por la propia Diputación.
La Diputación Foral de Álava dio el paso decisivo en 2022. Presentó una denuncia ante la Ertzaintza y ante el Juzgado de Instrucción número 3 de Vitoria-Gasteiz para recuperar la escultura. A partir de ese momento, la cabeza de Baco dejó de ser solo una historia conocida por unos pocos y pasó a formar parte de una investigación formal.
La vía judicial permitió reconstruir el recorrido de la pieza, acreditar su procedencia y situarla bajo control institucional. Después, la cabeza fue remitida al Instituto del Patrimonio Cultural de España para su estudio. En 2024 regresó al Museo de Arqueología de Álava, aunque todavía no pudo mostrarse al público. Permaneció precintada hasta que el juzgado autorizó a la Diputación a desprecintarla y darle uso.
Esa autorización llegó en 2026. El 27 de febrero, la pieza fue trasladada al Servicio de Restauración de la Diputación. Allí comenzó una parte menos visible, pero fundamental, de esta historia. La restauración no solo permitió limpiar la escultura. También aportó información sobre lo que pudo ocurrir con ella durante los años en los que estuvo fuera de manos públicas.
Pudo ser manipulada
Los análisis detectaron sobre el mármol un recubrimiento anaranjado de origen orgánico, identificado como cera. También aparecieron restos de arcillas ricas en hierro. Los técnicos consideran probable que esos materiales se emplearan para hacer un molde o una réplica de la cabeza.
Ese dato añade una capa más a la investigación. La pieza no solo estuvo apartada durante décadas del circuito público. También pudo ser manipulada. La cera y la arcilla habían penetrado en el mármol, por lo que los restauradores tuvieron que realizar pruebas de solubilidad antes de retirarlas. El objetivo era eliminar esos restos sin dañar la piedra y recuperar, en la medida de lo posible, su aspecto original.
La exposición de Bibat permite ver ahora la cabeza restaurada y entender todo el recorrido. El hallazgo en Arkaia, la entrega al ingeniero de la obra, las décadas fuera de las instituciones, la denuncia de la Diputación, el procedimiento judicial, el estudio técnico y la intervención del Servicio de Restauración.
La importancia de la pieza también está en el lugar del que procede. Arkaia-Suestatium ayuda a explicar la presencia romana en el entorno de Vitoria-Gasteiz y la integración de este territorio en las redes culturales del mundo romano. Una pequeña cabeza de mármol puede aportar información sobre gustos decorativos, modelos artísticos y formas de vida de hace casi dos mil años.
El caso sirve además para recordar cómo debe protegerse el patrimonio. Cuando apareció la cabeza, estaba vigente la Ley del Patrimonio Artístico Nacional de 1933. Hoy, la Ley vasca de Patrimonio Cultural establece que los hallazgos arqueológicos casuales son bienes de dominio público y quedan fuera del mercado.
Ahora está en Bibat. Pequeña, limpia, iluminada y acompañada de su historia. Una cabeza de mármol de apenas 13 centímetros que obliga a mirar mucho más allá de la vitrina.





