González Laya avisa en Vitoria de que Putin teme a la democracia y Xi antepone el partido

La exministra de Asuntos Exteriores ha avisado en Vitoria de que el doble estándar con Gaza daña a Europa y de que España necesita un debate político más elevado.

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Arancha González Laya ha situado este martes en Vitoria-Gasteiz a Vladimir Putin y Xi Jinping en el centro de su análisis sobre una Europa obligada a reaccionar. La exministra de Asuntos Exteriores ha descrito al presidente ruso como un hombre “frío, duro”, marcado por el poder y por la necesidad de vengarse de la historia que acabó con la Unión Soviética. Del presidente chino ha dicho que no se entiende sin el Partido Comunista, porque para él el partido está por encima de todo.

Lo ha dicho en la VI edición del Foro Capital, organizado por Fundación Vital en Arkabia, en la Plaza de los Fueros. González Laya, actual decana de la Escuela de Asuntos Internacionales de París, ha participado en una conversación sobre Europa, China, Rusia, Estados Unidos, defensa, inteligencia artificial y el papel que pueden jugar Euskadi y Álava en un mundo cada vez más difícil de ordenar.

La charla partía de su libro Solos en el mundo, aunque el acto ha ido bastante más allá de una presentación editorial. Laya ha usado su experiencia internacional para explicar por qué Europa no puede seguir comportándose como si el mundo funcionara con las reglas de antes.

Sobre Xi Jinping, ha explicado que es un dirigente marcado por la disciplina, el orden y la prioridad absoluta del Partido Comunista chino. Según ha señalado, esa lógica justifica cualquier decisión que sirva para mantener al partido en el poder.

Sobre Putin, el retrato ha sido distinto. Laya lo ha presentado como un antiguo espía, un hombre de poder, procedente de una familia humilde y obsesionado con la desaparición de la Unión Soviética. También ha dicho que teme la democracia, los pesos y contrapesos, y que ese modelo pueda extenderse alrededor de Rusia.

Esa lectura la ha conectado con Ucrania, Georgia y otros territorios del antiguo espacio soviético. A su juicio, Putin ha visto la expansión de la democracia cerca de Rusia como una amenaza directa a su propio sistema. Por eso, ha advertido, lucha contra ella y seguirá haciéndolo.

El análisis sobre Putin y Xi Jinping ha llevado a una reflexión más amplia sobre Europa. Laya ha hablado de un mundo más duro, con menos respeto a las reglas internacionales y con más peso de la fuerza en las relaciones entre países. En ese escenario, una Europa dividida tiene muy poco margen.

Antes de su intervención, el foro ha mostrado un vídeo grabado en las calles de Gasteiz. A varias personas se les preguntaba quién manda más hoy en el mundo entre Donald Trump, Vladimir Putin, Xi Jinping y Ursula von der Leyen. La respuesta dejaba una impresión clara. Europa aparece lejos de los grandes centros de poder y muchas personas ni siquiera identifican a la presidenta de la Comisión Europea.

Laya ha aprovechado ese punto para recordar lo que Europa ha supuesto para Euskadi. Ha señalado que en 1986, cuando España entró en la Unión Europea, el PIB vasco estaba un 15% por debajo de la media comunitaria. Hoy está un 30% por encima. También ha recordado que la industria vasca exportaba entonces el 20% de su producción y ahora exporta el 40%.

Su lectura es que Europa ha traído convergencia, progreso y paz. Pero también ha avisado de que ese pasado no garantiza el futuro. La nostalgia no sirve para competir con China, responder a Rusia o sostener una relación equilibrada con Estados Unidos.

Uno de los avisos más duros ha llegado al hablar de Washington. González Laya ha defendido que Estados Unidos ya no es el aliado automático de antes. La relación transatlántica se ha vuelto más transaccional, más imprevisible y más dependiente de quien esté en la Casa Blanca.

La exministra ha recordado que Donald Trump ya cuestionó en su primer mandato el compromiso con el artículo 5 de la OTAN, el principio que obliga a los aliados a defenderse entre sí. También ha citado Groenlandia como un momento especialmente grave, porque un aliado llegó a poner en cuestión la integridad territorial de otro.

Por eso ha defendido que Europa necesita más autonomía estratégica. No lo ha planteado como una consigna, sino como capacidad real para actuar, defender sus intereses y tomar decisiones incluso cuando Estados Unidos no quiera acompañar ese camino.

Laya ha pedido construir esa resiliencia europea sin alarmismo, sin complacencia y sin amenazas huecas. Ha dejado una advertencia muy clara. Europa no puede ir de farol. Si amenaza y luego no cumple, pierde credibilidad y se debilita aún más.

China ha ocupado una parte importante de la intervención. Laya ha cuestionado la fórmula habitual que define a Pekín como socio, competidor y rival. Para ella, esa definición sirve para salir del paso, pero no aclara qué quiere hacer realmente Europa ante China.

El primer punto de fricción es Ucrania. Laya ha afirmado que China no participa directamente en la guerra, pero sí apoya a Rusia con tecnología de doble uso que permite a Moscú seguir atacando. El segundo es económico. China produce mucho más de lo que consume y necesita colocar fuera una parte enorme de esa producción.

El dato que ha dejado en la sala ha sido contundente. La Unión Europea acumula cada día mil millones de déficit comercial con China. Si Estados Unidos cierra más su mercado a los productos chinos, Europa queda como el gran mercado rico al que dirigir ese excedente industrial.

Laya también ha dejado una imagen muy gráfica sobre la forma en la que Pekín se mueve. China “huele” cuando hay desunión. Si Europa se presenta dividida, puede negociar país por país, ofrecer inversión a unos, negársela a otros y aprovechar las grietas internas.

La receta que plantea pasa por unión y unidad. Unión para integrar mejor el mercado europeo. Unidad para no sentarse ante China con 27 voces distintas. Y firmeza para responder al comercio desleal sin convertir cada decisión en una pelea pública.

La defensa ha sido otro de los grandes bloques de la mañana. Laya ha defendido que Europa debe invertir más en capacidad de disuasión, pero ha rechazado que el debate empiece directamente por el porcentaje de gasto. Antes de hablar del 3%, el 4% o el 5%, ha dicho, hay que explicar por qué Europa necesita defenderse y qué capacidades concretas le faltan.

No ha pedido una Europa convertida en maquinaria de guerra. Ha hablado de proteger un proyecto de paz. Su argumento es sencillo. Si Europa no puede defender su paz, esa paz dependerá de otros.

El ejemplo más claro lo ha puesto con Ucrania y Starlink. Si Elon Musk no permite el acceso a esa red, ha explicado, Zelenski pierde una herramienta clave para defenderse frente a Rusia. Europa, ha advertido, no tiene ahora una capacidad espacial equivalente. Esa dependencia tecnológica también es una cuestión de seguridad.

La defensa ha tenido una lectura local. Preguntada por si las empresas vascas y alavesas deberían mirar hacia ese sector, Laya no ha querido dar consejos empresariales. Pero sí ha señalado que la industria de defensa va a crecer y que España, también Euskadi, tiene capacidades en aire, tierra y mar.

Ha pedido escala europea. No tiene sentido que cada país fabrique su propio tanque, su propio sistema o su propia solución. La defensa europea no puede ser la suma de 27 defensas nacionales. Necesita industria común, capacidades comunes y una doctrina europea.

La inteligencia artificial ha sido el tercer gran asunto. Laya ha situado a Europa entre dos modelos que no le sirven del todo. Estados Unidos avanza con enormes inversiones privadas. China usa la inteligencia artificial en la industria, en los servicios públicos y también en sistemas de control social.

Su propuesta pasa por una inteligencia artificial con escala europea y valores europeos. No solo para competir, sino para mejorar la productividad, reforzar la industria, aplicarla a la medicina, a la agricultura y proteger las democracias frente a usos que puedan debilitarlas.

También ha llevado este punto a Euskadi y Álava. Preguntada por cómo puede aprovecharse este territorio del nuevo escenario económico, ha hablado de talento, formación y capacidad industrial. A su juicio, Euskadi tiene una buena posición, pero debe orientar ese músculo hacia la nueva fase tecnológica e industrial.

El aviso no ha mirado solo hacia fuera. Laya también ha señalado el riesgo interno del neonacionalismo. Ha explicado que, tras el Brexit, muchas fuerzas ya no hablan de salir de la Unión Europea, sino de cambiarla desde dentro para vaciarla de fuerza.

Frente a eso, ha defendido una idea que atraviesa toda su intervención. Europa ha renunciado a parte de la soberanía nacional para ganar soberanía europea. Menos soberanía aislada para tener más capacidad real de decisión en el mundo.

Gaza también ha aparecido en el coloquio. Preguntada por la diferencia entre la firmeza europea ante Rusia y la respuesta a lo ocurrido en la Franja, González Laya ha admitido que el doble estándar internacional “se paga caro”. Ha defendido que la ciudadanía europea ha visto que lo ocurrido en Gaza choca con el derecho internacional y con los valores fundacionales de la Unión Europea. A su juicio, no decirlo con claridad ha dañado la credibilidad europea.

Laya ha reivindicado además la diplomacia. Ha puesto como ejemplo el acuerdo nuclear con Irán de 2015, alcanzado tras años de negociación y con verificación internacional. Ha recordado que Donald Trump lo rompió después no porque fuera un mal acuerdo, sino porque lo había negociado Barack Obama. Ahora, ha señalado, toca intentar negociar algo parecido con Irán, pero en peores condiciones.

La exministra también ha dejado una crítica al debate político español. Ha evitado entrar de lleno en la pelea diaria, pero ha dicho que el debate público se ha instalado demasiado en el “quítate tú, que me pongo yo”. A su juicio, faltan propuestas de fondo sobre el país y sobre el papel de España en Europa.

No todo ha sido pesimismo. Laya ha recordado que Europa conserva fortalezas importantes. Ha citado una mayor esperanza de vida, menor desigualdad que Estados Unidos, menos homicidios, más empleo femenino y menor mortalidad infantil. Su crítica no es que Europa no tenga nada, sino que se infravalora demasiado y sobrevalora a Estados Unidos.

También ha recordado que Europa puede actuar rápido cuando quiere. Ha citado los fondos Next Generation EU, construidos en tres meses tras cruzar una línea roja histórica como el endeudamiento común. Para ella, ese ejemplo demuestra que el problema no siempre es la lentitud europea, sino la falta de voluntad política.

El cierre que ha dejado en Vitoria no ha sido derrotista. Europa no está condenada al declive, pero puede acabar ahí si sigue esperando a que otros decidan por ella. González Laya ha defendido que el futuro europeo no se arregla con nostalgia ni con discursos bonitos. Se arregla con unidad, industria, defensa, tecnología, diplomacia y decisiones.

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