Este martes se cumplen 50 años de la matanza del 3 de marzo de 1976 en Gasteiz. Medio siglo después, el aniversario invita también a mirar cómo se abordó aquel episodio desde las instituciones en los primeros años de la democracia municipal.
En 1982 y 1983, el Ayuntamiento presidido por José Ángel Cuerda adoptó decisiones que marcaron la relación oficial con las víctimas. Estos episodios aparecen recogidos en el libro de Amparo Lasheras, que analiza la evolución política y social posterior a la masacre.
La medalla y el monolito que no prosperaron
En 1982, la corporación municipal rechazó conceder la medalla de oro de la ciudad a los cinco trabajadores asesinados el 3 de marzo. Tampoco salió adelante la propuesta de levantar un monolito en el lugar donde fueron ametrallados.
La autora interpreta aquella decisión como un “olvido oficial”, una valoración que forma parte de su análisis histórico sobre aquella etapa.
José Ángel Cuerda era entonces alcalde de Gasteiz. Militaba en el PNV —años después pasaría a EA y más tarde regresaría al PNV— y encabezaba una corporación ya plenamente integrada en el nuevo marco democrático.
El asunto volvió a plantearse en 1983. El alcalde, con los votos de UCD, se opuso a convocar un pleno extraordinario para debatir una moción sobre los sucesos presentada por concejales de Herri Batasuna. La sesión no llegó a celebrarse en los términos propuestos.


