Con motivo del 50 aniversario de la matanza del 3 de marzo en Zaramaga, GasteizBerri continúa su serie de testimonios con voces que vivieron aquellos días desde distintos puntos de la ciudad. Alfredo Vázquez recuerda lo ocurrido desde su casa en Los Herrán, a pocos minutos de la iglesia de San Francisco de Asís.
TestimonioRecuerdos del 3M · Entrevista 3
Alfredo Vázquez
Edad en 1976
Aprox. 12 años
Edad actual
Aprox. 62 años
Barrio
Los Herrán
Domicilio en 1976
Calle Los Herrán
Familia
6 personas en casa, incl. abuela represaliada
Profesión del padre
Obrero en Sierras Alavesas y Durisol
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Tenemos que ser agradecidos con aquellos que dieron la vida.
¿Cuál es la escena más dura que tienes grabada de aquellos días?
El día 4 por la tarde viene andando una chica por lo que entonces era un descampado en la calle Los Herrán, las ruinas de lo que había sido el ferrocarril vasco navarro. De repente para una furgoneta de los grises y sin más ni más empiezan a palearla, la tiran al suelo, la arrastran, la aporrean. Sin mediar palabra, sin motivo ninguno. Los vecinos empiezan a increpar a la policía, sueltan a la chica, vienen corriendo hacia el portal y nos tocó subir las escaleras corriendo para refugiarnos en casa. Esa escena la tengo grabada.
¿Pasaste los tres días asomado a la ventana?
Pasé esas tres jornadas, el 3, el 4 y el 5, asomado a la ventana viendo carreras, cargas policiales, pelotazos en las ventanas a la izquierda de donde nosotros vivíamos, insultos desde las ventanas a los grises, amenazas de los grises a través de altavoces diciendo a la gente que no se asomara, detonaciones de fondo. Escenas de esas que se te quedan grabadas para siempre.
¿Hubo heridos ya antes de lo de la iglesia?
Sí. En Los Ángeles hubo una mujer herida de bala en su domicilio, en la calle Chile. Los policías empezaron a disparar y una bala entró por la ventana y le dio. Es la primera herida de bala que se conoce, y fue ya esa misma mañana del día 3.
¿Cómo era la ciudad vista desde fuera ese día?
Mi madre entró a Gasteiz por Portal de Betoño y decía que era lo más parecido a una ciudad en guerra. Ya desde la mañana: barricadas, mobiliario urbano arrancado, farolas, semáforos, señales de tráfico tiradas en mitad de la carretera. Una sensación de vacío, de silencio y de calma tensa.
¿Es verdad que intentasteis escuchar la emisora de la policía?
Sí. Se había corrido la voz de que la emisora de la policía, que emitía en FM, podía sintonizarse con un aparato de radio convencional. En casa nos pusimos a buscarla. No teníamos ningún equipo de radioaficionados ni nada por el estilo. Las grabaciones conocidas de la policía son a través de radioaficionados, pero en nuestro caso era un aparato de radio normal y corriente.
¿Llegasteis a escuchar algo?
Sí que se lograron escuchar interferencias de las emisiones de la policía. No se escuchaba con claridad, no tengo grabada ninguna frase concreta de ese momento. Lo he hablado con mis hermanos y ellos tampoco recuerdan ninguna frase específica. Pero sí recuerdo perfectamente ese momento de intentar sintonizar la emisora y la tensión de ver si se podía pillar algo. Hubo un momento en que se cogió una frecuencia con interferencias.
¿Cómo estaba tu familia en aquellos días?
La situación venía convulsa desde finales del 75. Mi padre trabajaba en Sierras Alavesas y metía horas extras en Durisol. Vivíamos seis personas en casa. Mi abuela materna, que había sido represaliada durante la Guerra Civil y era viuda, también vivía con nosotros. La vivencia de mi abuela en aquellos días fue una de las cosas que más me marcó: todos los fantasmas que le vinieron a la cabeza y la forma de exteriorizarlo. Para ella aquello era revivir lo que ya había vivido una vez.
¿Qué recuerdas del día de los funerales?
Era un día soleado, de temperatura suave. Bajo a la calle con mi padre y la comitiva pasa por la calle Los Herrán dirección a la calle Santiago. Esa escena la veo también desde la ventana de mi casa, acompañado de mis padres. Recuerdo a mi abuela llorando desencajada.
¿Qué significó el 3 de marzo para Vitoria-Gasteiz?
Yo lo considero el momento crucial en la historia de la ciudad. Marca un antes y un después en el devenir de las relaciones laborales. Otorga dignidad y reconocimiento a la clase obrera y le otorga una victoria, aunque fuera a cuenta de poner cinco muertos encima de la mesa, ciento y pico heridos y no sé cuántos represaliados.
¿Se ha intentado olvidar lo que pasó?
No solo con el 3 de marzo. Ha habido un intento de solaparlo todo debajo de la alfombra de la Transición. Con el discurso de «no abrir heridas» se ha intentado que cayera en el olvido. Ha habido años en los que las propias autoridades locales han intentado pasar por encima de todo ello. Menos mal que ha habido gente que se ha preocupado de rescatarlo, de ponerlo en el mapa y de agitar conciencias.
¿Por qué es importante seguir recordándolo hoy, 50 años después?
Porque tenemos que conocer nuestra historia. Porque tenemos que ser agradecidos con aquellos que dieron la vida. Y porque conviene rescatar ese ejemplo para no conformarnos con lo que tenemos hoy y seguir avanzando en derechos laborales y democráticos.