SEA alerta del absentismo en Álava mientras muchas empresas admiten que no tienen plan para atajarlo

Un informe impulsado en el ámbito de SEA sitúa en el 10,54% la tasa media de absentismo en Álava según una encuesta a 346 empresas y reabre el debate laboral.

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El absentismo laboral ha vuelto al centro del debate económico y laboral en Álava con la difusión del primer informe del Observatorio Permanente del Absentismo Laboral, impulsado en el ámbito de SEA. El documento, elaborado a partir de 346 respuestas empresariales, sitúa en el 10,54% la tasa media de absentismo que arroja la encuesta y concluye que el 73% de las empresas lo considera un problema muy relevante o crítico.

El informe plantea un diagnóstico severo. Un 69% de las compañías encuestadas afirma que el absentismo ha aumentado en los dos últimos años y un 47% considera que la situación en el conjunto de Álava es muy mala o pésima. La percepción es especialmente intensa en la industria y en las empresas de mayor tamaño, donde el problema aparece con más frecuencia como una preocupación de primer orden.

Pero el documento no es una estadística oficial del conjunto del mercado laboral alavés, sino una encuesta promovida desde el ámbito empresarial y construida sobre la respuesta de compañías vinculadas a la base social de SEA. Esa base condiciona la lectura de los resultados. La muestra está compuesta sobre todo por empresas industriales, que representan el 69% de las respuestas, frente al 23% de servicios y el 8% de construcción.

Ese sesgo no invalida el informe, pero sí obliga a leerlo con cautela. Más aún cuando una parte sustancial de sus conclusiones se apoya en percepciones empresariales y no en una explotación estadística general de datos laborales, sanitarios o administrativos del territorio.

Una fotografía desde la empresa

El texto deja claro desde el principio cuál es su marco. El observatorio se presenta como una herramienta para conocer cómo ven las empresas el absentismo, cómo lo miden y qué margen creen tener para actuar. La encuesta pregunta por la preocupación que genera, por las causas que se consideran más frecuentes, por los sistemas de control y por las medidas internas que se están aplicando.

En ese terreno, el informe ofrece una idea repetida en varias páginas: para la mayoría de las compañías, el absentismo es ya un problema estructural. Un 36% de las empresas encuestadas dice que la situación en su propia organización es muy mala o pésima; ese porcentaje sube al 40% cuando se pregunta por su sector y al 47% cuando la valoración se amplía al conjunto de Álava.

La principal causa percibida por las empresas es la incapacidad temporal por enfermedad común, señalada como la más recurrente por el 83% de las respuestas en los niveles más altos de frecuencia. Por detrás aparecen los permisos retribuidos, mientras que las ausencias no justificadas quedan mucho más abajo en esa escala.

Ese punto no es menor, porque rebaja una lectura simplista que a menudo asocia absentismo con fraude o dejación. El propio informe sitúa el peso principal en las bajas por enfermedad común, no en las ausencias injustificadas.

Muchas empresas miden el problema, pero pocas tienen un plan integral

Uno de los datos más llamativos del documento es la distancia entre control y gestión. El 85% de las empresas asegura conocer su porcentaje de absentismo, pero solo el 35% dice contar con una política específica de prevención, control y gestión. El 65% reconoce que no dispone de un plan integral y formal para abordar de manera sistemática las ausencias.

La mayoría de las empresas que sí realizan seguimiento lo hace con periodicidad mensual, y la mitad cuantifica las pérdidas derivadas del absentismo. Cuando lo hace, la medición se centra sobre todo en las horas perdidas, mucho más que en una estimación económica completa.

También resulta revelador cómo se cubren esas ausencias. El mecanismo más habitual no es la contratación de sustituciones, sino la redistribución de cargas y funciones entre el resto de la plantilla, una práctica que aparece en el 53% de las respuestas. La sustitución de trabajadores queda en segundo lugar, con el 29%.

Ese dato apunta a una de las claves laborales del debate. Cuando una baja o una ausencia se absorbe sobrecargando al equipo que sigue en activo, el problema no desaparece: se desplaza. El informe no desarrolla esa derivada, pero la cifra sugiere que una parte del impacto del absentismo recae sobre otros trabajadores, que asumen más tareas, más presión y, en muchos casos, peores condiciones de trabajo cotidianas.

La patronal pide apoyo externo y pone el foco fuera de la empresa

Otra de las conclusiones centrales del documento es que la mayoría de las empresas siente que tiene poco margen de maniobra. El 69% considera que está poco o muy poco en sus manos impulsar mejoras, y reclama medidas que vayan más allá del ámbito interno de cada compañía.

En esa misma línea, las ayudas más demandadas son el asesoramiento para elaborar planes de actuación, apoyo especializado para hacer diagnósticos y formación en liderazgo, gestión del compromiso y riesgos psicosociales.

El enfoque es coherente con el origen del informe, pero también delimita sus silencios. El documento da espacio a la necesidad de apoyo a las empresas, aunque apenas entra en cuestiones que suelen estar en el centro de la discusión sindical y de la experiencia cotidiana de muchas plantillas: ritmos de trabajo, precariedad, envejecimiento de la población trabajadora, dificultad para conciliar, salud mental, presión organizativa o falta de reemplazos estructurales.

De hecho, el propio informe refleja que la mayoría de las empresas encuestadas concede poca relación entre el absentismo y factores como la desmotivación laboral, el clima interno o las condiciones de trabajo. Un 58% considera poco o muy poco probable esa conexión, frente a un 22% que sí la ve probable.

Ahí aparece uno de los puntos más discutibles del documento. No porque esos porcentajes sean incoherentes, sino porque muestran hasta qué punto la mirada empresarial tiende a situar el origen del problema fuera de la organización del trabajo. Es una lectura posible, pero no la única.

Un dato potente, pero no una radiografía cerrada del territorio

El número que más peso tendrá en el debate público será, previsiblemente, el 10,54%. El informe lo presenta como tasa global de absentismo laboral en Álava y lo repite en su decálogo final.

Sin embargo, ese dato debe leerse con precisión. Lo que el documento ofrece es la media que resulta de esta encuesta concreta, no una medición exhaustiva y oficial de todo el tejido productivo alavés. Además, el peso de la industria en la muestra puede influir en la media final y en el tono general del diagnóstico.

Por sectores, el informe señala que el 56% de las empresas industriales encuestadas supera el 10% de tasa de absentismo, frente al 40% en servicios y el 30% en construcción. Por tamaño, el problema aparece con más intensidad en las compañías grandes: el 70% de las de más de 100 personas afirma superar el 10%, mientras que en las micropymes ese porcentaje baja al 29%.

Son cifras relevantes y útiles para abrir una discusión pública, pero no bastan por sí solas para cerrar el diagnóstico de un fenómeno complejo que atraviesa salud, condiciones laborales, organización empresarial y políticas públicas.

Un debate que no puede escucharse solo desde un lado

El informe del observatorio coloca de nuevo el absentismo en la agenda alavesa y aporta un puñado de datos que resultan difíciles de ignorar. Pero también evidencia una carencia habitual en este tipo de documentos: habla mucho de lo que preocupa a la empresa y muy poco de lo que ocurre al otro lado del parte de baja, del turno o de la cadena de trabajo.

En otras palabras, el texto retrata con bastante claridad la inquietud patronal, pero no incorpora la voz de quienes sostienen a diario la producción, el servicio o la obra y que, en muchos casos, terminan llegando a la baja médica tras procesos de desgaste prolongado.

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