Baja el numero de personas que se consideran «pobres o muy pobres» en Euskadi

Euskadi se sitúa, en 2018, entre las sociedades con menos desigualdad en Europa.

La encuesta de pobreza realizada el pasado año en la Comunidad Autónoma Vasca muestra, en lo fundamental y en términos puramente estadísticos, una dinámica de estabilización y Euskadi, con un 5,1%, se mantiene por debajo de la media europea que es del 6%. El indicador social de pobreza real EPDS, medido por el departamento de Empleo y Políticas Sociales del Gobierno Vasco, refleja las expectativas de una sociedad crecientemente próspera y avanzada en Europa. El conjunto de la sociedad demanda mayores cotas de bienes y servicios y la de necesidades se amplía.

Esta encuesta que realiza el Órgano Estadístico del Departamento de Empleo y Políticas Sociales constituye una herramienta técnica, extensa y fundamental para conocer la evolución de las necesidades sociales y de los principales indicadores de pobreza o de ausencia de bienestar en la Comunidad Autónoma Vasca. El 25 de septiembre se realizará una jornada técnica, para conocer en profundidad las dinámicas y tendencias que se detectan con el análisis de los datos del trabajo.

La evolución en Euskadi en el período 2016-2018 se caracteriza por un fuerte incremento del nivel de ingresos. Así, la mediana de ingresos equivalentes per cápita, que determina el nivel de los distintos niveles de pobreza de ingresos Eurostat, aumenta un 4,4% entre 2016-2018. Los resultados relativos a la medición de las distintas formas de pobreza y ausencia de bienestar se ven condicionados por la línea alcista de los ingresos, y de las expectativas de vida asociadas.

Los indicadores que ofrece la EPDS, plenamente objetivos, reflejan los cambios en las necesidades percibidas por la mayoría social que vive al margen de la pobreza y de otras formas de ausencia de bienestar. La notable caída de la percepción de pobreza entre los colectivos que se sitúan en esa situación es relevante y aconseja analizar los indicadores EPDS objetivos en paralelo a la percepción de las personas en mayor riesgo. Así, puede comprobarse que la dinámica de estabilización del indicador de pobreza real en Euskadi (con una tasa estadísticamente estable entre el 5,7 y el 6,1% en el periodo 2014-2018) está acompañada de una clara mejora en la percepción de la población más pobre, con unos indicadores de pobreza subjetiva claramente a la baja.

Percepción

La proporción de personas en hogares que se consideran a sí mismos como pobres o muy pobres se sitúa en apenas un 2,7%. La proporción cae respecto al 3% de 2012 y 2016 y se sitúa en un nivel muy cercano al 2,6% de 2014. Es muy similar ya a los niveles previos a la crisis económica, cuando esta proporción se situaba en el 2,1-2,2%.

Al considerar al conjunto de personas en hogares que se definen como al menos más bien pobres, la proporción es del 6%, dos décimas por debajo del 6,2% de 2016, y muy por debajo del 7,9% de 2012. El 6% de 2018 supone el nivel más bajo desde 1996.

Un 60,8% de las personas en situación objetiva de pobreza real pertenecen a hogares que, en términos subjetivos, señalan apañárselas para hacer frente a sus necesidades o incluso vivir con cierta comodidad. Esta proporción se encuentra en su nivel máximo y se situaba solo en el entorno del 44% en los años de crisis económica; era del 39,5% en 2012 y alcanzó el mínimo del 36,1% en 2014.

En el caso de las 70.348 personas que, a pesar de acceder al sistema vasco de protección social (RGI / PCV / AES), no consiguen salir de la pobreza, un 80% está vinculada a hogares que se alejan de la percepción de su situación en términos de máxima pobreza, esto es, definiéndose como pobres o muy pobres. Se trata del nivel más elevado desde el 78,7% de 2008. La cifra supera claramente el 73,3% de 2016, el 69,9% de 2014 y el 68% de 2012.

Mejora

La mejora observada en los indicadores subjetivos tiene claros fundamentos objetivos. Uno de ellos es la sustancial reducción de los problemas de alimentación y otros indicadores de pobreza grave en la dimensión de ingresos.

En lo relativo a los aspectos más directamente vinculados a la pobreza destaca, entre 2016 y 2018, la nítida mejora en la cobertura de las necesidades de alimentación, mejora que prolonga de forma más intensa la ya observada entre 2014 y 2016. Así, el porcentaje de población que vive durante los últimos doce meses alguna de las problemáticas de inseguridad de alimentación (escala FSS) se reduce de un 7,5% en 2014 a un 6,7% en 2016 y un 3,9% en 2018. Este porcentaje se sitúa en el nivel más bajo desde el 3,5% del año 2000.

La línea de mejora se observa tanto en casos graves como muy graves de inseguridad alimenticia. En lo relativo a estos casos muy graves, el impacto de estos problemas se reduce del 3,1 al 1,8% entre 2016 y 2018, con una caída del 1,7 al 1,2% en las situaciones asociadas a la percepción del hambre.

En coherencia con lo observado en relación con las problemáticas más graves de alimentación, también se observa entre 2016 y 2018 una caída en el indicador Eurostat que recoge la proporción de personas que no pueden permitirse acceder a una comida proteínica cada dos días. La cifra baja del 3,4% en 2016 al 2,3% en 2018

La línea de mejora de los indicadores más directamente asociados a las formas más extremas de pobreza se observa igualmente en lo relativo a otros indicadores de pobreza grave. El más llamativo hace referencia a la dinámica de los cortes de suministro (agua, luz, teléfono). En este caso, la proporción de personas afectadas se reduce del 2% al 1,4% entre 2016 y 2018. El registro de 2018 queda por debajo del 1,6% de 2008.

Caída del indicador AROPE

La reducción del indicador AROPE de privación material o carencia material severa ofrece un particular significado entre 2016 y 2018. Después de alcanzar en 2016 el nivel más elevado desde el año 2000, con un 6,4%, el impacto de la privación material se reduce al 5,6% en 2018. El cambio de tendencia en este indicador es relevante porque se trata de uno de los que más habían aumentado durante la crisis.

En 2018 se consolida la reducción observada entre 2014 y 2016 en el Indicador general AROPE de riesgo de pobreza y exclusión. En ese periodo, el indicador se reducía del máximo del 22,7% que había llegado a alcanzar en 2014 al 20,6% de 2016, proporción que se mantiene en 2018, con un 20,7%.

Gastos básicos

La necesidad de reducir gastos básicos tiende a la baja en Euskadi. La línea favorable que muestra el Indicador global de privación material AROPE queda confirmada por la significativa reducción de la proporción de personas en hogares que se ven obligados a reducir gastos básicos durante el último año. En 2018, esta proporción se reduce al 11,7%, alrededor de cinco puntos por debajo del 16,5-16,7% de los años 2012 y 2016.

Las tendencias observadas reflejan una mejora de conjunto de las condiciones de vida ligadas a la cobertura regular de las necesidades básicas de una parte significativa de la población en peor situación socioeconómica en Euskadi.

En cuanto al mantenimiento de la línea de caída de la pobreza de acumulación, en los aspectos relativos a las condiciones de vida y la disposición de un patrimonio de reserva mínimo que permita prevenir el endeudamiento, los datos de 2018 resultan igualmente favorables. De esta forma, entre 2016 y 2018 se mantiene la línea reducción del indicador de pobreza de acumulación que mide estos aspectos.

Prevención del endeudamiento

La buena evolución de los indicadores de acumulación y la reducción de la privación material explican que se mantenga en niveles relativamente bajos el indicador de riesgo de endeudamiento, definido por la presencia de gastos superiores a los ingresos en un contexto de ausencia real de ahorros.

El porcentaje de personas afectadas por este riesgo de endeudamiento se mantiene básicamente estable entre 2014 y 2018, con apenas una ligera caída del 2,4 al 2,3%, y apenas 0,9 puntos porcentuales por encima del 1,4% de 2008.

La posición de Euskadi en Europa es favorable, incluso en referencia a los países social y económicamente más desarrollados. Así, la tasa de pobreza grave de Euskadi se mantiene en 2018 por debajo de las correspondientes a la UE-28 y a los 18 países del euro (5,1% frente a 6% en Europa).

Euskadi se mantiene en 2018 entre las sociedades con menores niveles de desigualdad en Europa. El coeficiente de Gini de la Comunidad Autónoma Vasca se sitúa en 2018 cuatro puntos por debajo del de la Unión Europea (26,7 frente a 30,7) y 3,7 con respecto a los países del euro (26,7 frente a 30,4).

Retos

Los resultados de la EPDS plantean elementos para la reflexión, en especial en el contexto de las nuevas sociedades post-industriales del siglo XXI. La prioridad es mantener tanto las condiciones básicas del sistema de protección social como la tendencia de crecimiento y creación de empleo consolidada estos últimos cinco años. De esta forma podrá lograrse la consecución de niveles aceptables de bienestar para la parte de la población que se enfrenta a un escenario condicionado por las formas de inestabilidad y precariedad laboral existentes, los bajos salarios asociados y la existencia de un patrimonio de reserva limitado.

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