Alfonso Armada: «En Sarajevo, la gente que pasó más de 1.200 días en sus casas salían a buscar agua, a conseguir comida»

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«En Sarajevo, la gente que pasó más de 1.200 días en sus casas salían a buscar agua, a conseguir comida»

Alfonso Armada Rodríguez (nacido en Vigo; 1958) es un periodista, escritor, dramaturgo y poeta español. En su trayectoria como periodista ha cubierto conflictos como el cerco de Sarajevo o el genocidio de Ruanda. Fue corresponsal para África en el diario El País durante cinco años y de 1999 a 2005 corresponsal en Nueva York para el diario ABC. Es también autor y director teatral de obras como Carmencita jugando, Sin maldita esperanza, o La edad de oro de los perros (1989). En la actualidad es adjunto al Director de ABC y dirige el suplemento ABC Cultural. También es editor y director de la revista digital FronteraD. Desde noviembre de 2017 es presidente de la sección española de Reporteros sin Fronteras.

Desde que se activó el Estado de Alarma las ruedas de prensa de Ayuntamientos, Diputaciones, Gobierno Vasco y ministerios han modificado su funcionamiento radicalmente. Ya no son los periodistas los que preguntan directamente a los comparecientes, son los secretarios de comunicación o responsables de prensa los que realizan las preguntas que seleccionan de entre todas las que reciben de la prensa, que se las envía por Whatsapp u otros sistemas análogos. Más de 500 periodistas han expresado su respaldo al manifiesto #lalibertaddepreguntar, al sistema de selección de preguntas al Gobierno diseñado por la Secretaría de Estado de Comunicación.

Los periodistas firmantes se quejan de que la selección de preguntas que realiza el secretario de Estado de Comunicación es en realidad un filtrado que favorece la preparación de respuestas con antelación y omite cuestiones molestas para el Gobierno. Además, exigen ruedas de prensa por videollamada en vivo, que permitan no solo preguntar directamente a los equipos técnicos, al Gobierno y a su presidente, sino repreguntar cuando lo consideren oportuno. Reporteros sin Fronteras ha respaldado esta reclamación sin titubeos. Por eso, en GasteizBerri.com, decidimos entrevistar a su presidente, Alfonso Armada.

Pregunta – ¿Crees que ponen en riesgo la libertad de información las ruedas de prensa telemáticas?

Respuesta – Bueno, no sé si lo ponen en riesgo, pero desde luego nos parece un método manifiestamente mejorable. Es decir, entendemos que se tomen todas las medidas de cautela para evitar más contagios. Pero hay que tener cuidado con que estas condiciones extremas, impuestas por el Coronavirus, no hagan que la libertad de prensa quede en entredicho.

Este sistema, de que el Secretario de Estado de Comunicación filtre las preguntas, puede dar lugar a ciertas sospechas. Creo que podrían encontrar una manera mucho más directa. Es verdad que hay mucha demanda de información. Muchas preguntas para el presidente y para altos cargos, pero quizás éste filtrado por alguien del propio ministerio, de la propia administración quizá no sea la mejor manera.

P – Haces referencia a Moncloa. Pero aquí, en Euskadi, también está pasando con el Gobierno Vasco, con los Ayuntamientos y Diputaciones. Tenemos la sensación de que esta es una manera de librarse de las preguntas incómodas.

R- Bueno, yo creo que al poder en general, al poder democrático como al poder autoritario, no le gustan los periodistas. Al autoritario le gusta mucho menos, desde luego. De hecho, los encarcelan o los matan. Y en el caso democrático, se ven obligados a someterse al escrutinio de la prensa, pero siempre con cierta incomodidad. Yo creo que al poder no le gusta ser sometido a escrutinio y que les hagan preguntas incómodas. Parece una tendencia generalizada. Es difícil encontrar un político que admita con entereza y con toda cordura todo tipo de preguntas.

Creo que forma parte del aprendizaje democrático. Creo que es absolutamente necesario. Hace unos días vi una rueda de prensa con Merkel. En Alemania las medidas restrictivas no son tan grandes como en España y los periodistas todavía pueden acceder a departamentos gubernamentales y hacer preguntas en vivo y en directo. Es verdad que manteniendo una distancia de seguridad entre ellos. Entonces, bueno, en Alemania se está haciendo, en otros sitios también. Este sistema telemático quizá sea más seguro desde el punto de vista del contagio, pero desde el punto de la transparencia no.

Creo que los políticos tienen que entender que en su salario va el ser sometidos a escrutinio de los votos y al escrutinio de la prensa por su propio bien y por el bien de la democracia.       

P – Mientras los políticos no se den cuenta de eso, Alfonso, ¿qué podría hacer la prensa? ¿Se puede hacer algo? Podríamos hacer igual una lista común de preguntas que no se saltasen ninguna.

R – En Reporteros Sin Fronteras estamos precisamente viendo la mejor manera. Y sí ha salido, hay una serie de periodistas que están promoviendo este tipo de vías de solución. Tratar de ponerse de acuerdo para preguntar de forma conjunta y después que alguien sirva un poco de portavoz y haga la selección. No es fácil -porque como te decía, con respecto a Moncloa hay muchísima demanda, muchísimos periodistas quieren preguntar-. Pero esta autorregulación que tienen que ver con la autodisciplina, quizás sea una buena forma. Que los periodistas nos pongamos de acuerdo para seleccionar una serie de preguntas y plantearlas directamente y que haya el menor filtro posible, que haya los menos obstáculos posibles de acceder directamente a las preguntas.

A fin de cuentas, los periodistas estamos planteando preguntas que la ciudadanía se está haciendo.

P – Tú tienes una larga vida periodística. ¿Has visto una situación así en alguna otra ocasión?

R – La verdad es que no. Es difícil de imaginar. Se están haciendo muchos símiles con guerras. Es muy socorrida [la frase de] «estamos en guerra».

Este discurso… la verdad que tiene algunos elementos, porque, por ejemplo, la mortandad que está provocando el virus en países como España e Italia es devastadora. Habría también que tener en cuenta cuánto de verdad hay en lo que China anunció, que es otro tema que nos preocupa mucho en Reporteros Sin Fronteras. Nos parece bastante inverosímil que haya habido tan pocas muertes en Wuhan, pero bueno, ese es otro tema. Pero unas circunstancias como éstas, la verdad es que es difícil, sobre todo que afecte a todo el planeta, que haya desbordado todas las fronteras, todas, todas las previsiones.

Es difícil verse en una situación de este tipo y además, con las consecuencias que tiene para la vida cotidiana, para la desconfianza, porque todos nos miramos unos a otros con cierta desconfianza, como si fuéramos portadores del virus. El miedo es un elemento aglutinador y también un elemento disuasorio. Cuando estaba en Sarajevo, la gente que pasó más de 1.200 días en sus casas salían a buscar agua, a conseguir comida. Se exponían a morir por un disparo de un francotirador o por un mortero, con lo cual las circunstancias son distintas y aparte no había agua y no había electricidad y no podían salir bajo ningún concepto porque estaba cercada la ciudad. Las circunstancias eran infinitamente más duras. Pero es verdad que hay ciertas concomitancias. Me gustaría eludir el lenguaje bélico. Pero también es verdad que el virus, es curioso y algunos autores y algunos filósofos lo han sacado a colación estos días, en un mundo tan tecnológico, tan avanzado, con una ciencia tan impresionante como la que tenemos, sin embargo está siendo desbaratado en todos los niveles a escala política, económica, sanitaria, por un virus invisible que de momento no somos capaces de controlar, que muta a una velocidad pasmosa y que está provocando estragos a diestro y siniestro, la verdad es que es muy desconcertante y nos está obligando a todos a repensarlo todo.

P – Has hecho referencia al lenguaje bélico tu que has cubierto varios conflictos internacionales. ¿Es adecuado utilizar ese tipo de lenguaje en un caso así?

R – Bueno pues lo que estaba diciendo es verdad que por una parte sirve como aglutinador y movilizador, pero me parece que desenfoca. La verdad es que a mí no me hace sentirme cómodo, igual que no me sentía cómodo con el traje de reportero de guerra, nunca me sentí cómodo con esa etiqueta. Creo que el lenguaje bélico también habría que reducirlo al mundo bélico. Es verdad que las guerras están cambiando también y algunos dicen que este es otro tipo de guerra, pero creo que no es una guerra, es una lucha a escala mundial contra un enemigo o una infección.

Así que algunos se, algunos virólogos y algunos estudiosos de las pandemias decían que tarde o temprano acabaría llegando un virus de esta naturaleza. Ha habido casos como el ébola yo viví en Congo está planteando pues eso una necesidad de una respuesta supranacional porque desborda todas las previsiones. Creo que esto está planteando preguntas muy duras y muy directas a la Unión Europea. Por supuesto, a España también, pero a escala internacional creo que es imprescindible que los países se den cuenta de que para este tipo de desafíos hace falta colaboración en todos los sentidos.

La reacción esta casi automática de cerrar fronteras, de miedo al otro. Creo que no sé si al final es eficaz y no sé si más que contribuir a luchar contra el virus, creo que fomenta más el encierro y el miedo.

P – Estos días que la gente está más informada que nunca. ¿Cuál es el papel que crees que debería desempeñar el periodismo y cuáles son los deberes? También porque dices antes que deberíamos tener cuidado con el lenguaje, etc…

R – Bueno, yo creo que el informe que hicimos en Reporteros Sin Fronteras hace unos días denunciamos precisamente que si China hubiera sido una democracia, un país más transparente, las denuncias que primero lanzó médicos como Li Wenliang, que además fue acusado de difundir falsos rumores, fue encarcelado y perseguido aunque al final se reconoció su valor cuando murió.

Pues creo que si las autoridades chinas hubieran sido más transparentes y más democráticas, cosa que no son, quizá el virus se hubiera atajado mejor. Yo creo que contra el virus, por supuesto, hace falta tecnología, hace falta ciencia, pero hace falta transparencia y creo que la información en esto es un bien muy valioso. En ese sentido, creo que Corea y Taiwán son dos democracias que reaccionaron de forma mucho más inteligente. Creo que aprovechar precisamente una situación como ésta para limitar la libertad de prensa va contra la propia salud democrática y la propia salud vital de las sociedades.

Creo que la gente tiene que entender lo importante que es tener medios independientes y críticos. También es importante que la gente se dé cuenta del daño que pueden hacer los rumores. Es otro tipo de virus que al final fomenta la desinformación y fomenta el miedo.

Salió un informe recientemente que decía que había mucha gente que estaba siendo más cuidadosa a la hora de buscar fuentes informativas y a la hora de compartir información. Otros, sin embargo, dan pábulo a todo tipo de rumores y teorías conspirativas. Creo que esto nos tiene que hacer reflexionar sobre el papel tan importante que tenemos los medios y el ser deontológicamente impecables en tratar de separar algo que forma parte de la tradición mejor del periodismo, separar los rumores de las informaciones, los hechos de las opiniones y tratar de evitar precisamente eso, el sectarismo, y tratar de divulgar el miedo por el propio miedo.

Pero no es fácil. Creo que exige mucho esto de los periodistas y también de los ciudadanos.

P – Últimamente podemos ver ciertas formas de televisión, ciertos reportajes que ponen un poco, a mi parecer, por lo menos dejar un poco desprestigiado al sector del periodismo. ¿Cómo valoras el periodismo que está haciendo estos días en España?

R – Bueno, hay de todo. La verdad es como siempre. La verdad es que tenemos tendencia a juzgar el todo por una parte y eso es muy injusto. Hay periodistas que aprovechan estas circunstancias para hacer amarillismo y para fomentar precisamente eso, teorías conspirativas, rumores y exacerbar un poco el morbo, y hay otros que hacen un trabajo impecable, que se la juegan y que respetan absolutamente la intimidad de las personas y dan información fidedigna corriendo riesgos. Bueno, creo que tenemos que ser más ecuánimes.

Pero yo haría una llamada a la responsabilidad de cada uno, pero después eso, claro, tiene mucho que ver con la propia deontología personal. Creo que tenemos que ser más cuidadosos y deplorar que en estas circunstancias haya gente que del mismo modo que hay gente que aprovecha estas circunstancias para hacer dinero de forma fraudulenta y estafando, pues también hay gente que utiliza esto para hacer mal periodismo y para difundir desinformación. Es difícil vacunarse contra ello, pero creo que es importante también dosificar los informativos.

Creo que también es contraproducente el estar permanentemente informado. Yo que soy periodista también me dosifico las dosis informativas que consumo cada día. Creo que no es saludable estar todo el día pendiente de las últimas noticias. De las últimas cifras. Creo que hay que buscar fuentes fidedignas, tomarse tu información todos los días, por supuesto, y después aprovechar para algo que siempre estamos esperando. Siempre estamos esperando, «cuando tenga tiempo», «cuando tenga tiempo»… Bueno, ahora creo que tenemos tiempo para leer, para pensar.

Creo que se hace poco hincapié en esto. Creo que la gente está aprovechando para ver muchas series, para empaparse de cultura audiovisual. No me parece mal. No soy contrario, también veo mis series, pero creo que los libros tienen una cualidad muy importante y esa capacidad de abstracción y de concentración y de silencio que te permite conectar más contigo mismo. Y hay tantos libros maravillosos que valen la pena. Yo estoy leyendo ahora mismo una biografía de Beethoven y la verdad que está siendo un auténtico viaje al pasado y a lo mejor de la historia de la música.

P – Estos días atrás ha sido trending topic en Twitter «Apaga la tele» porque el Gobierno ha aprobado 15 millones de euros me parece que van a ir destinados a los dos mayores grupos de comunicación de televisión, Mediaset y Atresmedia. Porque, claro, el mundo de la comunicación ahora mismo está viviendo una situación un poco difícil. Se está consumiendo más que nunca, pero hay menos publicidad que nunca. ¿Este tipo de subvenciones puede poner en peligro la pluralidad de los medios?

R – Bueno, los medios estaban en situación precaria antes del coronavirus. La situación que vivían grandes medios de prensa, sobre todo, pues lleva mucho tiempo arrastrando unas finanzas catastróficas.

Muchas veces por decisiones erróneas desde el punto de vista informativo y empresarial, creo que ahí muchos medios han pecado de ambición y de olvidar un poco sus propias esencias. Sobre el dinero gubernamental para los medios.: habría mucho que hablar y en esto también habría que ser impecables. ¿A quién conceden estas subvenciones? ¿A qué medios? Creo que los contactos con la Administración, cualquier administración, tanto estatal como regional o autonómica, hay una distancia saludable que mantener con el poder. Porque, a fin de cuentas, alguien que te da dinero no lo hace nunca de forma completamente gratuita y como si fuera una especie de donación. Siempre hay una especie de toma y daca, de contrapartida. Entonces, quizá no sea la mejor manera. Desde luego, creo que los medios tienen también que reconsiderar buena parte de su comportamiento. Creo que fue un error absoluto regalar en Internet la información que se hacía en los medios, eso ha difundido un poco la imagen de que todo es gratis y eso es realmente catastrófico porque así no se valora ni por los medios ni por los lectores, igual con las televisiones.

Entonces creo que está bien que las autoridades faciliten la difusión y que no pongan obstáculos, pero creo que los propios lectores, los televidentes, deben ser quienes financian sus propios medios. Creo que volver a la sana costumbre de suscribirte a un medio o ayudar a un medio que piensas que es fundamental. Yo recuerdo de mi etapa de corresponsal en Nueva York cuando NPR la emisora pública norteamericana, que no tiene subvención estatal, pedía precisamente a los oyentes que ayudaran a mantener la emisora. Tampoco tenía publicidad. Me parecía un medio muy saludable. La verdad es que era una radio impecable y la echo mucho de menos.

P – Al final, además, lo dijo el otro día el presidente el periodismo es un servicio esencial. ¿Crees que también podría la gente empezar a darse cuenta? Incluso ¿podríamos extender los aplausos de las ocho a muchos periodistas que se están jugando el cuello?

R – Sin duda. Por supuesto, ojalá que sí. Cuando en Reporteros Sin Fronteras hablamos de la importancia de la libertad de prensa nos cuesta a veces convencer a la gente. Parece un bien abstracto, que no lo sientes. No sientes su pérdida hasta que ha desaparecido. Es fundamental precisamente para controlar el poder, para evitar el abuso de poder. China es un ejemplo claro, al final si la eficacia se convierte en el único argumento bueno, estás poniendo en peligro precisamente el propio sustrato vital que es la libertad.

Creo que es importante que la gente reconozca la importancia de una prensa independiente, prensa libre en todos los sentidos, en todos los medios, que es tan importante y tan valiosa. Lo decía cuando estaba, por ejemplo, en Sarajevo. La gente se la jugaba para conseguir agua, para conseguir pan, pero también para conseguir su ejemplar de Eslovodenia, el periódico que se editaba todos los días a pesar de los bombardeos. Y la gente necesitaba el pan para comer y el alimento espiritual del periódico para mantener el espíritu alto.

P – Ya para ir terminando, has hecho mención a China en varias ocasiones. ¿Cómo está ahora mismo la libertad de prensa en China?

R – Bueno, la verdad es que se las ve y se las desea. En esto el control que ejerce China sobre la población es exhaustivo. Además, creo que precisamente la epidemia de Coronavirus le ha servido para perfeccionar sus propios métodos de control. Ya estaban controlando a toda la minoría de los uygures de Xinjiang con sistemas de reconocimiento facial a través de cámaras. Es el país que tiene más perfeccionado este sistema. Están cruzando datos sobre los ciudadanos diferentes ministerios.

El control es total. Se esgrime que esto les ha permitido controlar mucho mejor la difusión de la enfermedad. El otro día Byung-Chul Han, un filósofo coreano que vive en Berlín, escribía en El País un artículo precisamente denunciando cómo la tecnología al servicio de un poder totalitario cuando se muestra y se alía con un problema de salud pública tan tremendo como el que vivimos y se tiene la eficacia como argumento, corremos el peligro de que la gente al final, ante esa falsa dicotomía de seguridad o libertad, pues al final elija la seguridad y sacrifique la libertad. Y al final puede acabar perdiendo las dos cosas.

Creo que es un sistema muy peligroso. Es curioso porque hay una serie británica, Black Mirror, que nos parecía espeluznante las historias que contaba y en algunos aspectos creo que China y otros países están yendo más allá. Precisamente en este uso de la tecnología para controlarnos por nuestro propio bien, creo que muestra un escenario que va mucho más allá de los peores temores que expresó Orwell en libros como 1984. Creo que tenemos que ser muy cautelosos para no perder precisamente la libertad, con el argumento de que así se lucha mejor por la seguridad y por la salud pública.

P – ¿Quieres mandar un mensaje a los periodistas, los departamentos de prensa y ciudadanía en general?

R – Sí, por supuesto. Yo creo que es un momento para tratar de no dejarse arrastrar ni por el pesimismo ni por el falso optimismo creo que tenemos que ser lo más rigurosos, no tratar a los lectores como niños. El Gobierno a veces peca un poco de paternalista. Creo que tenemos que contar las cosas sin cargar las tintas. Recuerdo en ese sentido para mí lo de recoger reportajes que nunca se han escrito, que es Hiroshima. De un periodista norteamericano, John Hersey, que se publicó en el New Yorker cuando viajó a Hiroshima después de la primera bomba atómica arrojada contra una ciudad.

Él hizo un trabajo de investigación y entrevistó a siete supervivientes y, después lo plasmó en un reportaje que fue un número entero del New Yorker, que ahora es un gran libro de periodismo y que muestra al final cómo se pueden contar las cosas sin cargar las tintas sin cargar el texto de adjetivos y hace a la gente que reconozca y que se dé cuenta cómo era vivir en una ciudad arrasada por una bomba. Creo que ahora estamos en circunstancias extremas. Creo que tenemos que ser exquisitos a la hora de contar la realidad. Sin edulcorarla y sin hacer demasiado hincapié en el morbo. Por eso me parece fantástico el trabajo periodístico que convence a la gente de lo importante que es tener buena prensa y los periodistas de lo importante que es que seamos también ejemplares, porque somos los periodistas en general muy críticos, a veces muy despiadados. Cuando criticamos a los políticos, a los jueces, a los policías, a los actores, a los médicos. Creo que tenemos que ser implacables para poder criticar con más conocimiento de causa y con más autoridad moral.

P – Podríamos decir, igual que dice la OMS: «Pruebas, pruebas, pruebas» en cuanto al periodismo, «datos, datos, datos», ¿verdad?

R – Sin duda. Yo creo que es fundamental trabajar con hechos. Creo que lo decía también una filósofa alemana que acabó buscando la salvación en Estados Unidos cuando el nazismo estaba en su apogeo, que era Hannah Arendt. Cuando una sociedad se deja arrastrar por las opiniones y al final descarta los hechos, ese país está sembrando la tierra para que fructifique el fascismo, para que fructifique el miedo y la mentira. Por eso los hechos son tan importantes y tenemos que darle a los lectores hechos, ciencia y razón para intentar combatir estos males y huir un poco de proclamas irracionales, que únicamente es fomentar el miedo y las soluciones completamente antidemocráticas que lo que hacen es agravar todavía más la vida de la gente.

Alfonso Armada, presidente de Reporteros Sin Fronteras. Muchas gracias.

– Gracias a vosotros. Un abrazo y muchos ánimos.

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