Txaro Mardaratz «La creación, el arte y el humor, no tendría que tener límites»

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Txaro Mardaratz, productora y organizadora de eventos, tenía claro que si iba a llevar adelante un festival para Álava, debía acompañar cada esfuerzo e inversión (privada o pública) con un sentido solidario.

Además de hacer reír al público, también debía aprovechar ese altavoz y hacer confluir las sinergias que reúne un festival de este calibre para algo más. A saber: apoyar a empresas y profesionales que necesitan que su talento y saber hacer se pongan en valor y uso.

Como sufre un sinfín de profesionales que -entre otras cosas- pueden hacer posible un festival de comedia: diseñadoras graficas, ayudantes de producción, regidores, carpinteros,`maquilladoras, montadores de eventos y muchos mas…

Pero, debe hacerse todavia mas: también háy que aprovechar «el jaleo» del festival para dar luz y calor a causas y colectivos que necesiten de apoyo social -como hace cada año con el evento benéfico del festival-.

Komedialdia, asegura Txaro con cierto orgullo, no utiliza voluntarios (esa figura de trabajadores no remunerados de la que tanto abusan grandes festivales autóctonos).

Y, por si fuera poco, el festival también debe aprovecharse para promover una idea, un valor o un asunto que concierne a nuestra sociedad -en el primer año la Salud y los profesionales sociosanitarios-.

De esa primera filosofía y con muchísimas horas de trabajo se celebro él primer Komedialdia.

Txaro Mardaratz, organizadora de festival de comedia Komedialdia, posando en Fueros para GasteizBerri

Según nos cuenta, la jugada les salió redonda, pero no ese tipo de «redondez» que buscan otros productores y promotores ansiosos (de dinero) y de conseguir lo máximo de todos (pagándoles cero o lo mínimo).

No.

Komedialdia, asegura Txaro con cierto orgullo, no utiliza voluntarios (esa figura de trabajadores no remunerados de la que tanto abusan grandes festivales autóctonos).

Todo el que pone de su parte para hacer realidad Komedialdia verá su labor recompensada con remuneración económica. «Y el ticket BAI» por supuesto. Como debería ser.

Con ese espíritu, el equipo promotor de la criatura ha llegado al III Komedialdia, que precisamente lleva como cartel de esta edición un iceberg como metáfora, una metáfora como un iceberg. Algo que sucede constantemente en la industria del arte y el espectáculo. Solo vemos una parte, pero detrás hay mucho más.

¿Cómo se presenta la tercera edición del primer festival de humor de Vitoria-Gasteiz?

Muy bien, estamos contentos. En primer lugar, porque hemos llegado a la tercera edición, y quiero compartir con vosotros una primicia que aún no se ha revelado: cuando comenzamos con el festival de humor, la primera edición fue sobre el tema de Humor y Salud. Queríamos tener un tema central para cada edición y ya nos estábamos planteando, siendo muy optimistas, que llegaríamos a una tercera edición. Sabíamos que era año electoral, así que queríamos hacer una edición sobre humor y poder.

¿Queda ese deseo en esta edición?

No, pero sí. Siempre tenemos un punto social a través del humor y del festival, ya que sabemos que llega a mucha gente. Queremos buscar un poco de concienciación sobre algunos temas, así que sí, estamos buscando crear conciencia de forma desenfadada. Creemos que lo que nos diferencia de cualquier otra muestra de humor, a menudo denominada festival, pero que en realidad se trata de una sucesión de espectáculos, es precisamente la reflexión, la crítica social y la capacidad de remover conciencias que aportamos.

¿Salud en general o la salud mental?

Salud física y mental. 

Y financiera igual también, ¿no? 

Sí, bueno, la financiera es la que nos falla un poco, pero estamos trabajando en ello. 

Con humor se compensa todo. Antes de que se nos olvide, ¿en qué fechas va a ser?

Del 2 al 7 de mayo es la semana grande, digamos. Una semana con varios eventos, pero luego también haremos cositas sueltas a lo largo del año.

¿En qué lugares?

Los espectáculos de sala los hacemos en la Red de Teatros Municipal. Este año en el Félix Petite del Centro Cívico Ibaiondo, que es el más grande de la Red.

¿Cómo habéis seleccionado los comediantes?, imagino que habrá mucha gente que quiere participar, ¿no?

Pues mira, es muy complicado. El primer año fue relativamente fácil porque estábamos en cierre perimetral y todas las compañías eran locales, kilómetro cero, porque no sabíamos si nos iban a levantar las restricciones. En la segunda edición, abrimos una convocatoria y como solo pudimos programar ocho espectáculos en la sala, fue superdifícil porque recibimos más de 140 propuestas y fue muy duro escoger.

¿De todo el país, de toda Europa?

Hubo algunas compañías francesas, algunas belgas, pero la mayoría, un 60%, eran de Euskadi y el resto eran de aquí y de allá. Este año hemos seleccionado diferentes tipos de humor y públicos porque sabíamos que solo íbamos a poder programar un espectáculo en sala al día porque tenemos recursos limitados. Era la única manera de sobrevivir.

¿Cuáles son los límites del humor para ti, si es que los hay?

Pues mira, yo creo que la creación, el arte y el humor no deberían tener límites. Creo que cuando nos ofendemos es porque no sabemos respetar las opiniones de los demás. Entonces, cuando la ofensa está en la intención, es decir, si alguien dice algo con la intención de hacer daño, de ofender o de denigrar, ahí es donde está el problema.

Cuando alguien hace humor desde una posición de poder hacia alguien que está en una posición inferior, creo que están abusando de su poder. Sin embargo, cuando alguien intenta agredirte y tú estás en una posición inferior, puedes utilizar el humor para defenderte. Si no nos gusta cierto tipo de humor —porque creemos que está ofendiendo a ciertos grupos—, lo que tenemos que hacer es educar en valores para que ese tipo de humor no triunfe, para que el propio público rechace esas bromas que son ofensivas.

No soy la única que decide lo que se programa. Si solo se programara lo que me gusta a mí, no tendría sentido. También tengo que programar para todo el mundo en general. Sin embargo, no me gusta la gente que se aprovecha de las desigualdades para ridiculizar o denigrar a un grupo que ya está en desventaja o en una situación de vulnerabilidad.

Para mí, el límite es que no se puede reír de alguien por algo que no ha elegido. Puedes reírte de alguien que ha elegido libremente profesar una religión porque él o ella tiene argumentos para defender su elección. También puedes reírte de alguien por llevar el pelo de cierto color o vestir de cierta manera porque ha tomado esa decisión conscientemente y puede justificarla.

No se puede reír o ridiculizar a alguien que ha nacido con un color de piel o una orientación sexual determinada, porque no es algo que haya elegido. Si no puedes defender tu posición con argumentos, no estás en igualdad de condiciones y, si rompes ese equilibrio, estás agrediendo.

Cartel de Komedialdia 2023 Festival de Humor de Vitoria-Gasteiz

Antes de empezar la entrevista, comentábamos que es difícil, a veces, sacar adelante festivales en Vitoria y que muchos de ellos han muerto al empezar. En Vitoria, tenemos una oferta cultural bastante amplia, aunque sea más pequeña. 

Pero también es un poco un consuelo de tontos. Es decir, estoy encantada de que tengamos mucha oferta, y creo que nos hace ricos y diversos el hecho de que haya mucha microoferta. Pero los colectivos que la generan viven, en su gran mayoría, en la precariedad.

¿Por qué?

Porque no llegan a ser rentables. Sin rentabilidad, no hay sostenibilidad. Y eso es lo que pasa a muchas iniciativas pequeñas que nacen con la idea de que pueden crecer, y luego te das cuenta de que no tienes un techo de cristal, tienes un techo de hormigón.

Tienes que competir contra las administraciones que programan prácticamente gratis, y cuando tú quieres cobrar por tu trabajo y poner en valor el trabajo de los artistas, te dicen que es muy caro.

Y este año, Komedialdia va de eso, de todo lo que no se ve. Es decir, ¿cómo puedes decir que una obra por la que pagas 10 euros o 12 euros es cara? Hay una persona en el escenario, y dura una hora. ¿Tú sabes la cantidad de meses, años y personas que han trabajado para que tú disfrutes de esa hora?. Y el valor que tiene, además del arte. Sobrevivir haciendo eso es muy difícil.

Creo que lo que deberían hacer las instituciones es ampliar las bolsas de ayudas para que las asociaciones y colectivos tuvieran más libertad creativa y pudieran hacer frente a programar cosas que ya saben de entrada que no van a ser rentables porque no se venderán tantas entradas como se necesita para que sea rentable.

Entonces, todavía no he encontrado la fórmula mágica para firmar un convenio con una institución en la que sepa cuál es mi presupuesto antes de empezar a programar.

Como colectivo, asumimos un riesgo de partida que financiamos con créditos personales, y debemos jugar al doble o nada. Es decir, para no perder lo que ya hemos invertido, tenemos que programar de nuevo, pero tratando de evitar que el agujero se agrande. Estamos en una situación difícil. Por eso, hay muchos que no llegan a la segunda edición.

En Vitoria, queremos todo gratis. La gente se está acostumbrando a conseguir todo de forma gratuita. Esto es un desastre. Debemos tomar conciencia de que las cosas cuestan dinero, especialmente las culturales.

Txaro, te estamos haciendo una entrevista muy profunda. Aquí somos así.

Estoy encantada, porque si no, no tendría la oportunidad de hablar de estas cosas que realmente me apasionan. Los nombres de los cinco cómicos que vendrán se pueden leer en cualquier otro medio de comunicación. Pero aquí puedo sacar el alma.

Vamos con lo de gratis, háblanos más de eso.

En la jornada inaugural de este año, queremos hablar de lo «invisible, pero imprescindible», de la fuerza de lo invisible, de todo aquello que no se ve, pero que sostiene lo que sí se ve. Queremos hablar de los empleos y de los oficios invisibilizados del arte y de la cultura.

La mayoría de las personas que intentan vivir de esto tienen que tener un segundo o tercer trabajo, porque de esto solo no se puede vivir. 

Queremos sacar a flote estas dificultades para que, la próxima vez que alguien consuma cultura, lo haga de manera responsable.

Además, el evento es gratuito, es un acierto utilizar ese momento para educar en el valor de la cultura. 

Este año, estamos utilizando el símil del iceberg. Imagínate el iceberg como un 10%, pero lo que lo sostiene es el otro 90% que no se ve. Este otro 90% es el contexto que hace posible que la cultura y el arte sean disfrutados por todos.

La risa sería como el 10% que se ve, el resultado de todo lo que genera, del contexto previo que es necesario para que un chiste o una broma haga reír. Es decir, nada surge espontáneamente. Siempre hay un contexto previo, un ambiente propicio para que un monologuista pueda hacer su frase graciosa.

El humor es terapéutico y sanador, ya que ante algo que nos asusta o nos remueve, podemos llorar o reír. Si conseguimos reírnos, el humor puede ser beneficioso para nuestra salud mental.

La entrevista a Txaro Mardaratz se la hemos hecho en el programa de radio de GasteizBerri en Radio Siberia, todos los jueves de 19:00 a 20:00. Pincha aquí para escuchar la entrevista y el programa.

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