La celebración comenzó horas antes de la llegada del equipo al centro de la ciudad. Desde media tarde, la Plaza de la Virgen Blanca fue llenándose de aficionados con bufandas y camisetas azulgranas. Cuadrillas enteras ocuparon cada espacio disponible. Diecisiete años después, la Copa del Rey regresaba a Vitoria-Gasteiz y la respuesta ciudadana fue masiva.
A las 17.30 arrancó la animación programada. La megafonía acompañó la espera con música y en la pantalla gigante se proyectaron imágenes de la final. El ambiente fue creciendo de forma progresiva. A las 18.45 la plaza presentaba un lleno absoluto. No quedaba espacio libre.
El autobús del equipo partió del Buesa Arena en torno a las 18.15. Su llegada a la Virgen Blanca, poco después de las 19.00 y escoltada por la Policía Local, desató el momento más esperado. Bengalas encendidas, brazos en alto y un grito colectivo marcaron la entrada del vehículo en el centro.

El autobús se detuvo bajo la balconada de San Miguel. A las 19.10 comenzaron a descender los jugadores. La imagen de la tarde llegó cuando Tadas Sedekerskis bajó con la Copa en las manos y la alzó en las escaleras que conducen a la balconada, a pie de plaza y frente a miles de personas. El público respondió con un rugido inmediato.
El aurresku introdujo un breve silencio institucional. Algara Dantza Taldea interpretó la danza de honor antes de la ofrenda a la Virgen Blanca. Sedekerskis, con txapela, depositó un ramo de flores. Paolo Galbiati entregó una camiseta con el lema “Campeones Copa 2026” y Markus Howard una bufanda azulgrana. La plaza acompañó cada gesto con aplausos.
Desde la balconada, los jugadores fueron presentados uno a uno. Sedekerskis agradeció “el apoyo en los buenos y en los malos momentos” y subrayó que “sin la afición esto no sería posible”. Howard dedicó la victoria a la grada: “Esta victoria va por vosotros”. Galbiati calificó de “increíble” volver a ver la plaza llena junto a los aficionados.
Entre la multitud también se alzaron pancartas reclamando justicia para Kerman Villate. La reivindicación estuvo presente durante parte de la celebración.

El acto se prolongó durante cerca de hora y media y concluyó con el lanzamiento de tres cohetes. Posteriormente, la afición se desplazó hacia el Casco Viejo, donde la celebración continuó en bares y calles del centro.
La séptima Copa del Rey, conquistada el domingo en Valencia tras el 100-89 en la final, volvió así a exhibirse ante su afición. Tras diecisiete años sin este título y después de una Liga celebrada sin público en 2020, la ciudad pudo reencontrarse con su equipo en un acto multitudinario.







