Vitoria-Gasteiz se asoma a un futuro con más calor y menos agua

Vitoria-Gasteiz y Álava afrontan más calor, menos heladas y nuevos retos en salud, agua, barrios, vivienda y campo por el avance del cambio climático.

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Vitoria-Gasteiz y Álava empiezan a notar un cambio que ya no se mide solo en previsiones a largo plazo. Hay más calor temprano, menos días de helada y una mayor exposición a episodios cálidos. También crece la presión sobre el agua, la salud pública, la agricultura y la forma en la que se diseñan las calles, los barrios y los espacios de sombra.

AEMET registró 32,3 grados en Vitoria-Gasteiz Aeropuerto el 22 de mayo de 2026. El dato, por sí solo, no permite atribuir ese episodio concreto al cambio climático. Pero encaja en una tendencia cada vez más visible. El País Vasco cerró 2025 como un año extremadamente cálido y los primeros meses de 2026 mantuvieron anomalías térmicas cercanas a un grado.

La señal más clara está en la temperatura. Los escenarios del Gobierno Vasco e Ihobe prevén un aumento continuado durante las próximas décadas. Ese calentamiento será mayor si las emisiones siguen creciendo. El resultado será una ciudad con más días de calor, menos frío extremo y olas de calor más largas.

En Vitoria-Gasteiz, el cambio tiene una lectura especial. La ciudad parte de un clima interior fresco, con una temperatura media anual histórica de unos 11,7 grados en Foronda-Txokiza. Por eso, alcanzar temperaturas cercanas o superiores a los 30 grados en mayo no pasa desapercibido. Afecta a la vida diaria y obliga a pensar si la ciudad está preparada para un clima distinto.

Menos días bajo cero

Las proyecciones climáticas trabajan con varios horizontes. A corto plazo, el calentamiento ya se nota. A mediados de siglo, la adaptación dejará de ser una medida preventiva y pasará a formar parte de la planificación ordinaria. A final de siglo, los escenarios más duros dibujan un clima muy diferente al actual.

En Euskadi, la temperatura media anual podría subir entre 1,5 y 5 grados, según el escenario y la zona. Las máximas extremas de verano podrían aumentar en torno a 3 grados. En Vitoria-Gasteiz, los días con temperaturas por debajo de cero grados podrían pasar de unos 30 actuales a 8,5 a final de siglo.

No será solo una cuestión de medias. También cambiará el calendario. El calor llegará antes, los veranos serán más largos y el frío extremo perderá presencia. Ese cambio tendrá efectos en el consumo energético, el trabajo al aire libre, la salud y el campo alavés.

Una ciudad con más sombra

El Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz identifica riesgos altos por olas de calor, sequías e inundaciones fluviales. También señala varios factores que aumentan la vulnerabilidad ante el calor: las islas de calor, las viviendas difíciles de refrigerar, el aislamiento social, el sinhogarismo, la exposición laboral, la actividad física intensa y la contaminación.

Esto obliga a mirar el cambio climático desde la calle. No todas las zonas sufrirán igual. Una plaza sin sombra, una parada expuesta al sol o una vivienda mal aislada pueden convertir una jornada de calor en un problema serio.

La adaptación no puede limitarse a abrir refugios climáticos en los días más extremos. La ciudad tendrá que ganar sombra, reforzar el arbolado, reducir superficies duras, naturalizar patios escolares y hacer más cómodos los recorridos peatonales.

El Anillo Verde también gana peso en este escenario. Ya no es solo un símbolo ambiental. Puede ayudar a refrescar la ciudad, absorber agua, proteger la biodiversidad y conectar mejor los barrios con espacios verdes.

Refugios climáticos y desigualdad

Vitoria-Gasteiz cuenta con una red de refugios climáticos en centros cívicos, equipamientos deportivos y otros espacios públicos. Están pensados para aliviar el calor, sobre todo entre personas vulnerables.

Pero el problema no termina dentro de esos edificios. También importa el camino hasta llegar a ellos. Una persona mayor que debe atravesar calles sin sombra sigue expuesta durante el trayecto.

El calor también puede agrandar desigualdades. No es lo mismo vivir en una vivienda bien aislada que en un piso difícil de ventilar. Tampoco es igual afrontar una ola de calor con apoyo familiar o vecinal que hacerlo en soledad.

Por eso la adaptación tendrá que bajar al detalle de cada barrio. Hará falta saber dónde falta sombra, qué zonas acumulan más calor, qué viviendas son más vulnerables y qué recorridos necesitan mejoras.

También habrá que mirar a los polígonos. Jundiz aparece ya citado como una isla de calor en documentación municipal. El calor no afecta solo al espacio residencial. También condiciona pabellones antiguos, cubiertas poco aisladas y jornadas laborales en episodios cálidos.

El campo alavés ante otro calendario

En Álava, el cambio climático se notará especialmente en el suelo, el agua y los calendarios agrícolas.

Rioja Alavesa es uno de los ejemplos más claros. El viñedo ya afronta un aumento de temperaturas, lluvias más irregulares y mayor presión de plagas y enfermedades. Esto puede adelantar fases del cultivo y llevar la vendimia a periodos más cálidos.

NEIKER ha ensayado medidas como las cubiertas vegetales y la poda retrasada. Las cubiertas vegetales han reducido la erosión en viñedos en pendiente de Rioja Alavesa en más de un 60%. En otros ensayos, la reducción llegó a ser de hasta ocho veces en suelos de Elvillar.

En la Llanada Alavesa, la preocupación se centra en la patata, los cultivos extensivos, los forrajes y la disponibilidad de agua. En la actualidad ya existen proyectos que trabajan en sistemas más resistentes para la producción agrícola.

El campo alavés ya no debate si tendrá que adaptarse. La cuestión es cómo hacerlo, con qué recursos y a qué ritmo.

El agua será clave

El agua será uno de los grandes asuntos de las próximas décadas. No se trata solo de saber si lloverá menos. También importará cuándo llueve, con qué intensidad y cuánta agua queda disponible en verano.

URA advirtió en 2023 de que, en la Llanada Alavesa, casi todos los meses de 2022 registraron precipitaciones por debajo de la media de 30 años. Aquella situación no puso en riesgo el abastecimiento urbano, pero sí afectó al sector primario.

La gestión del agua tendrá que unir mejor la planificación urbana, el riego, los cultivos y la protección de los ecosistemas. En un territorio como Álava, esa coordinación será cada vez más importante.

El calor también es salud pública

El cambio climático tendrá una consecuencia directa en la salud. El Plan de Calor del Gobierno Vasco recuerda que las altas temperaturas aumentan el riesgo de enfermedad y mortalidad, especialmente entre las personas más vulnerables.

El calor puede provocar estrés térmico, deshidratación y golpes de calor. También puede agravar enfermedades cardiovasculares, respiratorias o renales. Las personas mayores, sobre todo en residencias o en situación de aislamiento, están entre los grupos con más riesgo.

En Vitoria-Gasteiz, la vulnerabilidad dependerá también de la vivienda, el barrio, el trabajo y la red de apoyo. Una misma temperatura no afecta igual a quien vive en una casa bien aislada que a quien reside en una vivienda mal ventilada.

La respuesta no podrá recaer solo en el sistema sanitario. También tendrán que intervenir los servicios sociales, las residencias, los centros cívicos y las redes comunitarias.

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