El incendio de Galarreta está ya controlado y estabilizado, pero durante días nadie fue capaz de ponerle una cifra.
«Se ha quemado una barbaridad de monte; con tanto humo no se aprecia cuál es la extensión que ha cogido», describía el día 24 Aurelio Sáez de Vicuña, alcalde de Galarreta, en declaraciones a Iker Armentia en la Cadena SER en Vitoria. «Pero sí, mucho, mucho fuego; ahora está metido en los pinares y por detrás del monte no se aprecia hasta dónde ha llegado.»
El alcalde resumía la impotencia de esos días con una sola frase: «Una gran pena. Se ha quemado una barbaridad de hectáreas. Yo no sé calcular las hectáreas que se han podido quemar.»
Preguntado por la información que le había trasladado la Diputación, fue tajante: «A mí, ninguna.»
La estimación que llegó desde el espacio
La primera medida de la catástrofe no llegó del monte, sino del espacio. El sistema europeo de vigilancia de incendios, EFFIS, dibujaba una zona afectada de casi seis millones de metros cuadrados —5,9 kilómetros cuadrados, casi tres veces el parque de Salburua—, como adelantó GasteizBerri.
Esa huella, sin embargo, engaña al alza. EFFIS no observa llamas, sino calor: detecta anomalías térmicas, puntos mucho más calientes que su entorno, y los marca como fuego activo.

El sensor MODIS trabaja con píxeles de cientos de metros y el VIIRS afina hasta los 375. Con esa resolución, el perímetro que trazan tiende a englobar todo el contorno del siniestro, también zonas que no han ardido.
El propio EFFIS lo advierte: su producto está pensado para estimar la superficie quemada a escala europea, no para dar la cifra exacta de un incendio concreto, y recomienda cautela al compararlo con mediciones hechas con otros métodos. Desde 2018, las imágenes del Sentinel-2, a 20 metros, refinan ese contorno y permiten cartografiar fuegos pequeños que la malla gruesa no distingue.
La pasada que afina la cifra
El viernes 26 de junio, por fin, el Sentinel-2 del programa europeo Copernicus hizo una pasada limpia sobre Galarreta. Y su lectura va en la línea de lo que la Diputación había trasladado sobre el terreno.

Junto al puesto de mando, el Diputado General de Álava, Ramiro González, cifró la superficie afectada en «más de 100 hectáreas» de pinar. La fotografía del satélite, analizada por GasteizBerri, apunta en esa misma dirección.
Copernicus Sentinel-2 · 21 a 26 junio
Galarreta a ojos del satélite
Misma ladera, dos pasadas del satélite europeo. Arrastra el tirador para comparar el 21 de junio, cuando el fuego parecía controlado, con la imagen de hoy, tras la reactivación.
21 junio
Hoy · 26 junio
Cuánto bosque ha cambiado de firma
Reparto de superficie por valor de NBR dentro del polígono analizado (357,73 ha). A mayor valor, vegetación más sana; los valores negativos son la firma del suelo calcinado.
EFFIS dibuja un perímetro provisional de aproximadamente 5,9 km² a partir de los focos del sensor VIIRS, una malla gruesa que engloba también zonas sin quemar. La lectura multiespectral de Sentinel-2, a 20 metros, afina dentro de ese perímetro y acerca la cifra a las más de 100 hectáreas que manejan los servicios de extinción.
Fuente: Copernicus Sentinel-2 (EO Browser) · índices NBR y NDVI · cartografía base Google Earth · GasteizBerri.
Cuatro miradas a la misma ladera
A simple vista, una imagen en color real apenas distingue el daño: el humo, las sombras y el relieve esconden buena parte de lo quemado. Por eso el análisis recurre a varias composiciones del satélite, cada una sensible a algo distinto.
La primera es el color real (bandas B04, B03 y B02), tal y como lo vería el ojo. El fuego apenas se separa del bosque; a lo sumo, una mancha apagada sobre el pinar insinúa la zona afectada. Lo que la vista no separa, sí lo hacen las bandas infrarrojas.
La segunda es el índice de calcinación o NBR, que combina infrarrojo cercano y SWIR —(B8A − B12) / (B8A + B12)— para aislar el suelo quemado amortiguando las diferencias de luz y de atmósfera. El 21 de junio apenas se veía un punto rojo; el 26, la cicatriz se dibuja nítida en granate sobre el verde del monte sano.
La tercera es el NDVI —(B8A − B04) / (B8A + B04)—, que mide la vegetación con clorofila activa y se usa para vigilar sequías y cultivos. Sobre el foco, la biomasa se desploma y deja una mancha clara donde antes había masa forestal continua.
La cuarta es un falso color de humedad y frondosidad (B8A, B11 y B02), en el que la vegetación sana se tiñe de rojos y naranjas.
El análisis de GasteizBerri se ha hecho sobre un polígono de 357,73 hectáreas. Dentro de ese espacio, según la lectura del Sentinel-2, 96,85 hectáreas han perdido entre el 21 y el 26 de junio los valores propios del bosque sano.
De ellas, 43,04 hectáreas ya muestran la firma del suelo quemado, y la franja de mayor severidad suma 31,56 hectáreas. Son datos provisionales, pero encajan con la estimación oficial de alrededor de cien hectáreas de pinar.
El halo de vegetación reseca que rodea al fuego
Copernicus Sentinel-2 · índice de estrés
El halo de vegetación reseca que rodea al fuego
El satélite no solo mide lo que ya ha ardido. Este índice refleja el vigor del follaje: el verde intenso es vegetación sana y el blanco, la zona donde la clorofila se ha desplomado.
21 junio
Hoy · 26 junio
Cuánto vigor ha perdido el monte
Reparto de superficie por nivel de vigor dentro del mismo polígono que el NBR (357,73 ha). A mayor valor, follaje más sano; cerca de cero, vegetación al límite o destruida.
Las 30,62 ha del corazón blanco (clases de 0 a 0,55) casi calcan las 31,56 ha del núcleo más severo del índice de calcinación, una coincidencia que refuerza la lectura.
Fuente: Copernicus Sentinel-2 (EO Browser), índice de estrés de la vegetación, pasadas del 21 y del 26 de junio · GasteizBerri.
El satélite no solo mide lo que ya ha ardido. Una segunda lectura, el índice de estrés de la vegetación, refleja el vigor del follaje y muestra algo que no siempre se ve desde lejos: alrededor de la zona quemada hay también monte debilitado por el calor.
Dentro del mismo polígono, 276,50 hectáreas conservan hoy el vigor máximo, frente a las 356,69 que lo tenían el 21 de junio. Es decir, 80,19 hectáreas han salido del nivel más alto de vigor en apenas cinco días.
El corazón más castigado suma 30,62 hectáreas, una cifra que casi calca las 31,56 del núcleo más severo del índice de calcinación. Esa coincidencia entre dos lecturas independientes refuerza el retrato: no todo ha ardido igual, pero el monte ya no responde como lo hacía el 21 de junio.
Un despliegue de días para frenar el fuego

El operativo para sofocarlo fue notable. En los momentos más duros llegaron a intervenir hasta seis helicópteros y dos aviones ACT del Ministerio, además de brigadas desplazadas desde otras provincias. Ya en la fase de control quedaba alrededor de medio centenar de bomberos sobre el terreno, con la mayoría de los hidroaviones ya retirados.
Durante el dispositivo, un helicóptero de la Ertzaintza tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia por una avería. Sus cuatro ocupantes resultaron ilesos.
No ha habido viviendas en peligro ni vecinos desalojados, porque la zona es monte despoblado, aunque se mantienen restricciones preventivas al uso del fuego por el riesgo de rebrotes.
La cifra definitiva llegará a pie de monte
La administración foral ha preferido no aventurar un número cerrado y esperar a medir sobre el terreno una vez apagado el fuego. Una medición a pie de monte es más fiable que una huella térmica captada a centenares de kilómetros de altura.
La afección se concentra en una zona forestal de alto valor ambiental, cerca del robledal de Korrosparri y de la senda de los robles centenarios de Galarreta, donde crece El Abuelo de Galarreta, un roble albar de más de 600 años.
La cifra definitiva tendrá que llegar sobre el terreno, cuando el incendio esté extinguido y los técnicos puedan medir la zona. De momento, la imagen del Sentinel-2 deja una comparación directa, casi cien hectáreas de monte y sus alrededores, han sido afectados.






Muy bien explicado , gracias. al final son herramientas que pagamos todos los europeos y parece que ningun funcionario ni cargo se ha enterado