En los días posteriores al 23 de febrero de 1981, mientras España intentaba recuperar la normalidad institucional tras el asalto al Congreso, en Washington también se medían las palabras. Esa tensión diplomática, que hasta ahora había permanecido en segundo plano, se conoce con más detalle tras la desclasificación de documentos oficiales del 23F por parte del Gobierno de España. Los papeles revelan que la relación entre ambos gobiernos vivió un momento incómodo que obligó a intervenir al más alto nivel. Ronald Reagan terminó desempeñando un papel clave para rebajar una fricción que se había abierto casi de inmediato.
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El origen del malestar estuvo en una declaración del secretario de Estado, Alexander M. Haig. En las primeras horas tras el intento de golpe, calificó lo ocurrido como un “asunto interno español”. La frase, difundida por medios internacionales, fue interpretada en Madrid como una reacción insuficiente ante un ataque directo a la democracia. En un contexto tan frágil, cada palabra tenía peso.
Los documentos diplomáticos reflejan que en el Ministerio de Asuntos Exteriores se percibió preocupación. España estaba consolidando su posición exterior tras la Transición y mantenía una relación estratégica con Estados Unidos, con acuerdos de cooperación y presencia militar. El respaldo internacional no era un detalle menor. Por eso, la sensación de ambigüedad inicial generó inquietud.
La rectificación comenzó pronto. El 24 de febrero, el Departamento de Estado publicó un comunicado en el que afirmaba que el desafío a la democracia había sido protagonizado por un grupo reducido y destacaba la lealtad de la mayoría de las Fuerzas Armadas al Rey y a la Constitución. El mensaje ya era más claro y alineado con lo que esperaba el Gobierno español.
Tres días después, el 27 de febrero, Reagan dio un paso más. En una carta dirigida al Rey Juan Carlos I elogió su actuación frente al intento de golpe y habló de “determinación vigorosa y valiente”. Subrayó que España no estaba sola y que contaba con el apoyo de Estados Unidos en la defensa de sus instituciones democráticas. Ese mismo día envió también un mensaje a Leopoldo Calvo-Sotelo, recién investido presidente del Gobierno, para felicitarle por asumir el cargo en un momento tan delicado y reafirmar la cooperación entre ambos países.
El intercambio continuó en los días siguientes. Alexander Haig escribió al ministro de Asuntos Exteriores, José Pedro Pérez-Llorca, felicitando por la resolución de la crisis y reconociendo la fortaleza de las instituciones españolas. Desde Madrid se respondió agradeciendo el respaldo y mostrando disposición a seguir reforzando la relación bilateral. El Rey contestó a Reagan valorando el apoyo recibido en un momento de incertidumbre.
El Congreso de Estados Unidos reforzó ese mensaje. El 4 de marzo de 1981 aprobó una resolución en la que condenaba el secuestro del Parlamento español, reconocía el papel del Rey en la defensa de la legalidad constitucional y expresaba su confianza en la continuidad del proceso democrático. El texto reafirmaba el deseo de mantener relaciones estrechas y subrayaba la importancia de la estabilidad española en el contexto internacional.


