Espectadores que se lanzaron al agua desde la orilla, y no el personal de emergencias, fueron los primeros en alcanzar y sacar a flote al triatleta que murió el domingo en el Ironman 70.3 de Vitoria-Gasteiz. Así lo relatan por separado cuatro testigos presenciales y así lo respaldan cuatro grabaciones originales verificadas por GasteizBerri, que contradicen el único comunicado emitido hasta ahora por la organización.
El deportista, un británico de 25 años, entró en dificultades mientras completaba el tramo de natación en el embalse de Ullibarri-Gamboa y falleció tras más de una hora de reanimación. El juzgado de guardia de Vitoria ha abierto diligencias previas y ha ordenado una autopsia para determinar la causa del fallecimiento.
El único pronunciamiento de la organización llegó ese mismo domingo a las 13:56, casi cinco horas después de declararse la muerte. En una publicación en Facebook: «el atleta fue rescatado del segmento de natación por el personal de emergencias, que le prestó atención médica urgente en el lugar de los hechos».
La versión recogida por la prensa británica añadía que, por respeto al deportista y a su familia, no haría más comentarios. Lo que vieron los testigos y registraron las cámaras es otra secuencia: el kayak de la prueba llegó cuando los espectadores ya sostenían al joven, y la embarcación de la organización no cruzó en ningún momento la hilera de nadadores que seguían entrando hacia meta.
«Recuerdo hablar con varias personas del público, indignadas como nosotras, diciendo que esto se tenía que contar», escribió al día siguiente una de las testigos. Todos los que han hablado con este medio cargan todavía con aquella mañana: una pasó el resto del día llorando, sin poder hablar; otro se marchó de Landa con el cuerpo revuelto; la última en responder, ya de madrugada, la resume como algo tremendamente angustioso de presenciar.
Esto es lo que vieron.
Cuatro testigos y cuatro grabaciones
GasteizBerri ha entrevistado por separado a cuatro personas que presenciaron la escena. Tres conversaciones fueron grabadas y una cuarta testigo ha trasladado su relato por escrito. Vio todo desde pocos metros del lugar donde el nadador fue llevado hasta la orilla.
Dos de las testigos son amigas. Los otros dos no las conocen ni se conocen entre sí y llegaron a este medio por vías diferentes.
Las entrevistas se realizaron sin comunicar a ninguna de las personas lo relatado por las demás. Los cuatro testimonios coinciden en los elementos principales.
Dos de los testigos entregaron, además, las grabaciones originales realizadas aquella mañana desde teléfonos diferentes.
Los archivos no presentan señales de edición y conservan la hora de creación. Uno de ellos incluye también las coordenadas GPS de la orilla. Los relojes de ambos dispositivos coinciden al segundo.
Lo que cuentan las grabaciones
A las 8:09:37, una cámara situada en la orilla capta a un nadador separado de la hilera que completaba los últimos metros de la prueba. Durante los 39 segundos que dura el vídeo, su cabeza sube y baja, entrando y saliendo del agua. En ningún momento se le ven los brazos, a diferencia del resto de nadadores, y apenas avanza.
El vídeo no basta para afirmar que se estuviera ahogando ni para identificarlo de forma concluyente como el participante fallecido. Pero su posición, los relatos de los testigos, la secuencia de las grabaciones posteriores y la identificación de la autora apuntan a que era el joven rescatado minutos después.
El kayak más cercano permanece junto a una boya, orientado hacia ella. Uno de los testigos explica que su función en ese punto era marcar el límite del recorrido y orientar el giro de los nadadores. No cambia de posición ni de orientación durante la grabación.
Todavía no se oyen gritos de alarma. La autora estaba filmando la llegada de un familiar y no reparó entonces en aquel nadador; solo advirtió lo que había grabado al revisar el vídeo más tarde.
El sentido completo de la escena, quién era aquel nadador y qué estaba ocurriendo, lo aportan las grabaciones posteriores y los testimonios. De los minutos siguientes, este medio no dispone de imágenes. Los reconstruyen los cuatro testigos, cada uno desde su posición.
El grito de «se está ahogando» corrió por la orilla, hacia el agua y hacia el personal de la prueba, mientras el joven desaparecía bajo la superficie. Una mujer echó a correr y entró la primera en el agua; la cuarta testigo, que estaba justo a su lado, la vio lanzarse.
Un hombre saltó desde el otro lado de la valla. Un padre le gritó a su hija que se tirara, y la joven se quitó las zapatillas, se lanzó vestida, nadó hasta el punto que la gente le señalaba a gritos y se sumergió hasta sacarlo a flote.
Cuando la primera integrante del personal del evento entró en el agua, ya había dentro cuatro o cinco espectadores manteniendo al nadador boca arriba. A las 8:13:24, un segundo teléfono muestra al grupo sosteniendo al nadador, con un kayak verde ya a su lado.
Cuatro segundos más tarde, otra grabación recoge los gritos «¡Aquí! ¡Aquí!» y «¡Que venga la ambulancia ya!». Un fotógrafo acreditado, visiblemente alterado, hace señas a una embarcación de la organización apuntando hacia el otro lado del carril de nadadores, donde estaba ocurriendo todo.
La embarcación, según los testigos, no llegó a cruzar la hilera de participantes; el rescate lo completaron los espectadores con el apoyo del kayak. La última grabación comienza a las 8:13:52.
Dos personas permanecen en el agua sin gorro, en una prueba en la que su uso era obligatorio. Los participantes que terminan el recorrido vuelven la cabeza hacia el lugar del rescate. Entre la primera imagen del nadador y el rescate ya en marcha transcurren al menos tres minutos y 47 segundos.
Es el intervalo mínimo documentado, no el tiempo de respuesta del dispositivo: las grabaciones no establecen cuándo comenzó la emergencia ni en qué momento resultó perceptible desde el agua o desde la orilla.
«Rabia e impotencia»
Los cuatro testigos coinciden en que el público dio la alerta y en que los primeros en alcanzar al joven fueron espectadores, apoyados después por el kayak de la organización. La cuarta testigo, desde su posición junto al punto de desembarco, estima en unos cinco minutos, quizá algo menos, el tiempo transcurrido entre los primeros gritos y la llegada del nadador a tierra.
También precisa que una integrante del personal del evento acabó entrando al agua cuando ya había dentro cuatro o cinco espectadores. También coinciden en que los jóvenes voluntarios situados en la salida del agua no reaccionaron a los primeros avisos. No les vieron emisoras.
Cerca había otro miembro del personal que sí disponía de un walkie-talkie y lo utilizó para pedir ayuda urgente cuando los civiles ya estaban en el agua. El testigo que presenció la reanimación a pocos metros afirma que, a partir de esa llamada, la respuesta en tierra fue rápida.
Su propio relato, sin embargo, contiene un matiz elocuente: él mismo apartó piedras del camino por el que debía entrar la ambulancia. Las otras dos testigos sostienen que esta tardó demasiado y que no había ninguna estacionada junto a la salida del agua.
Solo la cronología oficial de las llamadas y las movilizaciones puede resolver esa divergencia. La diferencia es importante. Los relatos no describen un dispositivo sin comunicaciones, sino una alerta que tardó en llegar a quien podía activarlo.
Ninguno de los testigos consultados fue requerido después para dar cuenta de lo que había visto. Al contrario, según uno de ellos, se animó a la gente a alejarse de la zona. En las maniobras de reanimación participaron también espectadores, entre ellos uno que se identificó como médico.
La cuarta testigo describe además la escena posterior en la orilla: la mujer que había entrado la primera al agua regresó a tierra visiblemente afectada y mantuvo una discusión acalorada con un miembro del personal del evento, al que otras personas acabaron apartando. La testigo, que no habla castellano, no pudo entender lo que se decían.
Uno de los testigos se marchó de Landa con «rabia e impotencia». Otra explica por qué, en medio de los gritos, no llamó al número de emergencias: «No llamé, porque en mi cabeza di por supuesto que había gente del 112 en la competición».
Según la información facilitada el domingo por fuentes oficiales, el estado del deportista impidió evacuarlo en el helicóptero medicalizado y su muerte fue declarada en el lugar en torno a las 9:00. Los testigos no cuestionan que una prueba de estas características entrañe riesgos. Cuestionan la reacción del dispositivo durante aquellos minutos.
Ninguno sostiene, y este medio tampoco, que una respuesta más rápida hubiera cambiado el desenlace. Esa pregunta corresponde a la autopsia y a la investigación judicial.
Cuando pedir ayuda no es posible
La guía entregada a los atletas en 2026 indicaba que, ante una emergencia durante la natación, debían levantar y agitar la mano para alertar al «equipo de seguridad acuática», gritar pidiendo ayuda y agarrarse a un kayak, una tabla o una embarcación cercana.
Esas instrucciones dependen de que la persona en apuros pueda hacer señales. Los manuales de socorrismo describen desde hace décadas que quien se está ahogando puede no ser capaz de levantar los brazos ni de gritar.
El investigador estadounidense Francesco Pia denominó «respuesta instintiva de ahogamiento» a un patrón en el que la persona permanece vertical, saca y hunde la cabeza, apenas avanza y utiliza los brazos bajo el agua para intentar mantenerse a flote. La Guardia Costera de Estados Unidos recoge esa descripción.
La primera grabación se parece a ese patrón: la cabeza entra y sale del agua, no se ven los brazos y el avance es mínimo. La coincidencia no permite diagnosticar un ahogamiento ni identificar por sí sola al nadador. Sí explica por qué una emergencia de este tipo puede ser silenciosa y difícil de advertir sin una vigilancia activa.
Las guías de seguridad de otros eventos deportivos ofrecen otra referencia. La Road Runners Club of America, una organización estadounidense de carreras de ruta, sitúa entre cuatro y seis minutos el intervalo crítico para que una persona con un incidente cardíaco reciba soporte vital avanzado.
No es la norma aplicable al Ironman de Vitoria. Sirve solo para dimensionar el tiempo: en este caso, entre la primera imagen y el momento en que los espectadores ya sostenían al nadador pasaron casi cuatro minutos.
Los minutos decisivos, al segundo
Cronología reconstruida por GasteizBerri a partir de cuatro grabaciones originales verificadas mediante sus metadatos y de los testimonios de cuatro testigos presenciales. Domingo 12 de julio, embalse de Ullibarri-Gamboa.
Los minutos decisivos, al segundo
La organización disponía de plazo hasta las 9.00 de este martes para responder al cuestionario remitido por GasteizBerri. A la hora de publicar esta información, no había enviado ninguna respuesta ni solicitado una ampliación del plazo.
Si presenciaste lo ocurrido el domingo en la zona de natación y quieres contarlo, escribe por WhatsApp al 623 03 89 00 o a redaccion@gasteizberri.com. GasteizBerri garantiza la confidencialidad de los testimonios.





Doy fe, fue tal cual. Siento una rabia e impotencia que será difícil de olvidar