“Nos dejó a todos fuera de juego”, así recuerdan en Emergencias Euskadi el ‘gran apagón’

Joseba Zorrilla, director de Emergencias y Meteorología del Gobierno Vasco, relata cómo se activó el LABI, qué papel tuvo la red TETRA y cómo se gestionaron las primeras horas del gran apagón en Euskadi.

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El ‘gran apagón’ no comenzó con un gran estruendo ni con una caída brusca que lo cambiara todo de golpe. En el centro de coordinación también se fue la luz, pero el sistema de respaldo respondió. Aun así, a las 12.33 ya estaba claro que pasaba algo fuera de lo normal. La emergencia empezaba a tomar una dimensión inusual.

Joseba Zorrilla, director de Emergencias y Meteorología del Gobierno Vasco, sitúa ahí el arranque de una jornada que define como inusual. “Fue evidente”, resume. “Desgraciadamente, fue un suceso que nos dejó a todos fuera de juego, porque fue una emergencia inusual”.

Dentro del Centro de Coordinación de Emergencias de Euskadi, en Bilbao, el primer impacto no fue tanto interno como exterior. El grupo electrógeno evitó una caída brusca en la sala. Pero enseguida empezaron a llegar las consecuencias de lo que estaba pasando fuera.

Ahí se vio que no era una avería menor ni una incidencia puntual de telecomunicaciones, algo que sí puede ocurrir otras veces por pruebas técnicas o problemas limitados. Esta vez era otra cosa. Era general y afectaba a muchos aspectos de la vida cotidiana a la vez.

El LABI se activó sin saber cuánto podía durar el apagón

Lo primero que hizo el Gobierno Vasco fue activar el LABI en fase de alerta, el Plan de Protección Civil de Euskadi. No había un plan especial específico para un apagón general de ese tipo. Por eso, la respuesta se encauzó a través del plan general.

“Se activó el LABI en fase de alerta, porque tampoco sabíamos ni para cuánto tiempo iba a ser ni qué consecuencias iba a tener”, explica Zorrilla. La incertidumbre marcó los primeros minutos. La prioridad era ordenar la respuesta institucional.

A partir de ahí se puso en marcha la estructura de coordinación institucional. El sailburu y el lehendakari se desplazaron también al Centro de Coordinación de Emergencias para dirigir la respuesta. Pero en esos primeros minutos ya apareció una de las grandes dificultades del día. Había que constituir la mesa de crisis y contactar con responsables institucionales cuando muchas telecomunicaciones estaban fallando.

Hospitales, movilidad y rescates en ascensores marcaron las primeras horas

En la primera fase de la emergencia había varios frentes abiertos. Uno de los más delicados era el sanitario. Según explica Zorrilla, los hospitales contaban con planes de contingencia, sistemas de alimentación ininterrumpida y grupos electrógenos con autonomía aproximada para 48 horas. Eso permitió que apenas hubiera afecciones graves. La red sanitaria partía de una preparación previa importante.

Aun así, la preocupación no se limitaba a los hospitales. La movilidad se resintió casi de inmediato. Trenes, metro y tranvía sufrieron afecciones. También hubo que evacuar a personas que estaban dentro de convoyes, incluso en algunos casos dentro de túneles.

Zorrilla insiste en que se priorizó siempre la seguridad de las personas. No hubo riesgo para su integridad, aunque admite que sí se produjeron incomodidades y situaciones delicadas.

Otro de los efectos más visibles estuvo en los ascensores. Cuando el suministro cae de forma brusca, muchas personas se quedan atrapadas. Ese día, los bomberos realizaron 253 actuaciones por rescates de personas que habían quedado encerradas. Fue una de las consecuencias más inmediatas del apagón.

A eso se sumaron problemas con respiradores domiciliarios, residencias y suministro de oxígeno. Había reservas, pero, como nadie sabía cuánto podía durar el apagón, algunas personas y servicios empezaron a pedir reposición por precaución. La clave no era solo responder a lo que ya estaba ocurriendo. También había que anticiparse a lo que podía pasar si la situación se alargaba.

La red TETRA fue la pieza que sostuvo la coordinación

Si hay un elemento que Zorrilla pone en primer plano al hablar de aquel día, es la red interna de comunicaciones del sistema vasco de emergencias. Mientras los operadores comerciales fallaban y mucha gente no podía llamar ni recibir llamadas, esa red siguió funcionando gracias a las antenas de Itelazpi, la sociedad pública que gestiona la red e infraestructuras públicas de telecomunicaciones del Gobierno Vasco y que cuenta con baterías de respaldo. La red TETRA sostuvo la coordinación. Fue una pieza clave para mantener conectados a los servicios de emergencia.

“El Departamento de Seguridad del Gobierno Vasco tiene una red de comunicaciones basada en tecnología TETRA que nos permitió estar en comunicación permanente con los integrantes del sistema vasco de atención de emergencias”, explica. Esa comunicación interna no se cayó. Eso permitió mantener operativa la respuesta.

Esa red conecta a Ertzaintza, policías locales, Osakidetza, bomberos, diputaciones, ayuntamientos y otros servicios del sistema. Según su relato, fue una de las razones por las que no se perdió la visión general de lo que ocurría en Euskadi. La coordinación se mantuvo pese al fallo de las redes ordinarias.

También permitió resolver problemas muy concretos. Zorrilla recuerda un caso en Bizkaia en el que se necesitaban respiradores o bombonas de oxígeno y, desde la sala, no conseguían contactar con la empresa suministradora por los canales habituales. La solución fue usar la red TETRA para movilizar a una agrupación de voluntariado de Protección Civil de la zona y hacer llegar el aviso por otra vía.

Ahí se ve una de las claves de aquella jornada. Las comunicaciones de emergencias siguieron funcionando. Pero la caída de las telecomunicaciones ordinarias complicó parte de la coordinación institucional en los primeros minutos.

“Una de las cosas que más nos costó fue contactar con los integrantes de la mesa de crisis para constituirla”, recuerda Zorrilla. La tecnología crítica aguantó, pero localizar a las personas necesarias no fue sencillo.

El 112 tuvo que reforzarse porque las llamadas se triplicaron

La operativa de SOS Deiak no cambió en su estructura, pero sí tuvo que reforzarse. Como ocurre en otras emergencias importantes, se aumentó el número de operadores para responder al incremento de actividad. El 112 tuvo que absorber una presión extraordinaria. La demanda creció desde los primeros momentos.

Según explica Zorrilla, entre las 12.33 y las 17.00, el volumen de llamadas al 112 se triplicó respecto al de un lunes normal en esa misma franja. Las llamadas se multiplicaron por tres. El teléfono de emergencias se convirtió en una referencia para la ciudadanía.

Ese aumento no se debió solo a incidentes graves. También había mucha gente que llamaba porque no tenía información. Con televisiones apagadas, con problemas de telefonía y con buena parte de la población dependiendo de radios a pilas o de la radio del coche, el 112 también recibió llamadas para saber qué estaba pasando. La falta de información aumentó la presión sobre el sistema.

Desde el Centro de Coordinación de Emergencias se intentó mantener informada a la población a través de EITB y de la radio. Pero la falta de acceso a información inmediata hizo que muchas personas recurrieran directamente al teléfono de emergencias. La radio volvió a ser un canal básico. El 112 asumió también una función de orientación en plena incertidumbre.

En seguridad ciudadana, la situación fue más tranquila de lo que podía esperarse

Una de las incógnitas de aquel día era qué podía pasar con el orden público si el apagón se alargaba. Sin embargo, Zorrilla sostiene que la respuesta ciudadana fue muy buena y que no hubo incidencias graves en materia de seguridad pública. El escenario fue más tranquilo de lo previsto. No se registraron problemas destacables de orden público.

“La ciudadanía se comportó de manera excelente”, señala. Zorrilla subraya la respuesta social. La calma ciudadana ayudó a contener la emergencia.

El sistema policial se reforzó, igual que el de atención telefónica, pero el director de Emergencias asegura que no se registraron problemas destacables. Incluso deja una idea llamativa. Su impresión es que hubo menos incidentes de los que podía haber en un día normal. La situación no derivó en descontrol.

A su juicio, la duración relativamente breve del apagón fue decisiva. Si la situación se hubiera prolongado dos o tres días, el escenario habría sido otro muy distinto. Una familia que necesita comprar leche para un bebé, una farmacia o un comercio que no puede cobrar pueden generar tensión. Pero nada de eso llegó a producirse porque la recuperación fue relativamente rápida.

En Álava, el festivo jugó a favor, aunque no evitó los problemas

Zorrilla cree que en Álava hubo un factor que ayudó. El apagón coincidió con día festivo. Eso redujo parte de la actividad económica, laboral y escolar y, con ello, algunas de las consecuencias inmediatas.

No significa que la afección fuera menor en todo. Hubo problemas de movilidad y también en servicios ligados a la energía. Los vehículos eléctricos no podían cargarse. También las gasolineras tuvieron problemas para suministrar combustible en muchos casos.

Pero, aun así, el hecho de que no fuera un día laborable en Álava quitó presión en algunos frentes. Había menos comercios abiertos, menos colegios y menos desplazamientos por trabajo. Por tanto, había menos puntos de fricción.

La incertidumbre estaba ahí, pero no hubo sensación de descontrol

En otras entrevistas de esta serie hay una palabra que se repite mucho: incertidumbre. En el caso de Emergencias Euskadi también aparece, aunque Zorrilla defiende que la evolución del suministro fue dando señales relativamente positivas a medida que avanzaba la tarde. Había incertidumbre, pero la recuperación empezó a dar señales de avance.

Recuerda que, cuando se convocó al Ayuntamiento de Gasteiz a la mesa de crisis, ya se había restablecido gran parte del suministro en la ciudad. Eso permitía pensar que la recuperación avanzaba a buen ritmo. La situación seguía siendo seria, pero no parecía fuera de control.

Según los datos que aporta, hacia las cinco de la tarde, en Araba se había recuperado en torno al 78% del suministro y, en Gipuzkoa, el 88%. Para las once de la noche, la recuperación rondaba ya el 96%, con excepciones puntuales en algunas zonas. La recuperación fue progresiva. Los datos ayudaron a contener la tensión.

Ese contexto ayudó a contener la tensión. Había incertidumbre, sí, pero no una sensación de que la situación se estuviera escapando de las manos. La mesa de crisis trabajaba con información continua. La percepción era que poco a poco se iba recuperando la normalidad.

El propio centro también tuvo fallos, aunque duraron poco

El Centro de Coordinación de Emergencias tampoco quedó totalmente al margen de los problemas técnicos. Según relata Zorrilla, en los primeros compases dejó de funcionar temporalmente el sistema de geolocalización de llamadas. El propio centro también sufrió incidencias. La geolocalización de llamadas falló durante un tiempo.

Aun así, esos problemas se recuperaron pronto y la valoración que hace es positiva. “No hubo mayores incidencias destacables”, sostiene. La emergencia se afrontó sin desbordarse. La respuesta general funcionó pese a las dificultades.

La experiencia, añade, dejó dos lecciones claras. La primera fue la dependencia energética de la sociedad. La segunda, la vulnerabilidad que aparece cuando el suministro cae de manera generalizada.

El LABI no ha cambiado, pero la mirada está puesta en las comunicaciones por satélite

Un año después, Zorrilla asegura que el LABI no ha necesitado cambios por lo ocurrido aquel día. Más bien al contrario. Considera que el plan salió reforzado porque permitió encauzar una emergencia sin plan especial específico.

Donde sí ve margen de mejora es en el terreno de las comunicaciones. Explica que, a nivel europeo y mundial, ya se trabaja en sistemas de conectividad basados en satélites. El objetivo es evitar que una caída de redes terrestres deje incomunicada a la población. También reducir el impacto en la coordinación institucional.

La idea, según apunta, es que en el futuro los propios teléfonos móviles puedan mantener conectividad vía satélite cuando fallen las redes convencionales. No es algo inmediato. Pero es una línea de trabajo que gana peso después de un apagón como aquel.

“En ningún momento” pensaron que se perdería el control

Zorrilla responde de forma tajante cuando se le pregunta si en algún momento temieron perder el control de la situación. “En ningún momento”, dice. La respuesta fue clara y sin matices.

Insiste en que la red TETRA permitió mantener una imagen bastante clara de lo que estaba ocurriendo en la comunidad autónoma y seguir en contacto con diputaciones, ayuntamientos y servicios de emergencia. Esa red marcó la diferencia entre una situación muy seria y una situación fuera de control. La coordinación nunca llegó a romperse.

También subraya que la recuperación relativamente rápida del suministro en Euskadi ayudó mucho. En su explicación aparece como factor importante la interconexión con el sistema eléctrico francés. Esa interconexión permitió una recuperación más rápida que en otras zonas del Estado. La duración del apagón fue decisiva para evitar un escenario más grave.

A nivel personal, recuerda sobre todo lo difícil que fue localizar a la gente

Cuando piensa en aquel día, Zorrilla no se queda solo con la gestión institucional. También recuerda cómo lo vivió a nivel personal. La dificultad para localizar a la gente fue una de las imágenes que más le quedó grabada. La emergencia también tuvo una dimensión humana dentro del propio operativo.

“Una de las cosas que más nos costó fue contactar con los integrantes de la mesa de crisis para constituirla”, recuerda. El sistema de emergencias seguía funcionando, pero las comunicaciones ordinarias complicaron los primeros pasos de la respuesta.

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