“La situación era excepcional” así resistió EITB al ‘gran apagón’

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En EITB, el gran apagón se detectó primero en los sistemas de monitorización eléctrica. No fue un fallo aislado ni un microcorte como los que pueden producirse en una sede por una avería puntual o por trabajos en la red. Esta vez, las alarmas aparecieron en varias acometidas a la vez.

Igor Jainaga, director de Explotación y Tecnología de EITB, recuerda que el primer paso fue comprobar si el corte afectaba solo a una ubicación concreta o si había algo más detrás. “Cuando vimos que todas las sedes estaban con corte de suministro, se nos levantaron todas las alarmas”, explica. Para entonces, la situación ya era excepcional.

Los sistemas de alimentación ininterrumpida, conocidos como SAI, aguantaron el primer golpe. Después arrancaron los grupos electrógenos para sostener los servicios esenciales si el corte se prolongaba. Ese diseño permitió que la radio se mantuviera en emisión y que la televisión siguiera llegando a la mayor parte de la población.

La prioridad fue mantener la emisión

En una situación así, no todo tiene el mismo valor. EITB activó rápidamente un gabinete de crisis con las áreas esenciales de la organización: gerencia, tecnología, explotación, sistemas, producción, planificación, informativos y, sobre todo, la radio. La prioridad era garantizar la continuidad del servicio público y mantener operativa la capacidad informativa.

Jainaga explica que los sistemas esenciales son los que sostienen la producción y la emisión: matrices de señales, mezcladores de radio, sistemas de comunicaciones, equipos para conectar con el exterior, ordenadores y herramientas necesarias para elaborar los programas. En ese esquema, lo prioritario era proteger todo lo que permitía seguir informando. El resto podía esperar.

Lo prescindible era otra cosa. La climatización de oficinas, la iluminación de espacios no esenciales o determinados consumos de apoyo podían desconectarse o reducirse para proteger la autonomía de los sistemas críticos. “Podemos prescindir de los servicios no esenciales ante un corte como el que se produjo”, resume Jainaga, pero “hay que garantizar la producción”.

La radio aguantó y la televisión cubrió al 90% de la población

Según Jainaga, las radios de EITB se mantuvieron en emisión gracias a la infraestructura propia y al papel de Itelazpi, la sociedad pública que gestiona la red de infraestructuras de telecomunicaciones del Gobierno Vasco. En televisión, la señal se mantuvo a través de 126 centros de difusión.

Esa red cubría aproximadamente al 90% de la población. Por eso, las zonas afectadas por la pérdida de servicio fueron, según explica, áreas de menor densidad poblacional. “La radio se mantuvo al 100%”, señala Jainaga, y “la televisión, con 126 centros, cubría a nivel poblacional un 90%”.

Radio Vitoria también aguantó el corte inicial. En la sede de Gasteiz no había grupo electrógeno en la infraestructura actual, pero sí baterías SAI. Al coincidir el apagón con San Prudencio, la actividad era menor y el consumo estaba reducido. Eso permitió que la sede soportara el corte hasta que volvió la energía.

“En Gasteiz, con la capacidad de SAI que teníamos, nos dio suficiente”, explica Jainaga. La energía se repuso antes de que se agotaran las baterías. No ocurrió lo mismo en Iruña, donde la sede sí llegó a apagarse.

El gasóleo se convirtió en una preocupación clave

Una vez comprobado que los sistemas productivos funcionaban y que la difusión estaba garantizada, la preocupación pasó a ser el cuánto tiempo podían aguantar los grupos electrógenos. EITB tenía suministro garantizado para unas 24 o 48 horas en Bilbao. En Donostia, la autonomía era mayor, de dos o tres días.

Pero el apagón abrió un escenario que no entraba dentro de lo habitual. No se sabía cuánto iba a durar ni cuántas infraestructuras iban a necesitar combustible al mismo tiempo. “Sobre todo era asegurar el suministro de gasóleo para los grupos electrógenos”, explica Jainaga. Esa fue una de las claves técnicas de la jornada.

Esa misma tarde ya se hicieron gestiones para reponer combustible en Bilbao. En Donostia, la recuperación parcial de la línea eléctrica al cabo de algo más de una hora permitió rebajar la tensión. Más tarde, también empezó a recuperarse la energía en Bilbao. Aquello dio una primera señal de que la situación seguía siendo grave, pero la recuperación parecía avanzar.

Las conexiones móviles dejaron de ser fiables

El apagón no afectó solo a la electricidad. También golpeó la forma de trabajar de los equipos informativos en la calle. Muchos sistemas de contribución de radio y televisión utilizan redes móviles. Son las llamadas mochilas o códecs, que permiten enviar señal desde exteriores mediante redes 4G o 5G. Pero, con la caída eléctrica, muchas células dejaron de funcionar y esos sistemas perdieron fiabilidad.

Ahí entraron en juego otros recursos. EITB recurrió a vehículos autónomos, unidades de enlace, sistemas satelitales y redes propias de contribución para poder seguir conectando con puntos informativos. “Fue esencial toda nuestra disposición de comunicaciones satelitales con vehículos autónomos”, explica Jainaga. La clave era no depender únicamente de las redes móviles.

No se trataba solo de grandes unidades móviles. También se movilizaron vehículos más pequeños capaces de hacer enlaces de cámara o conexiones radiofónicas. Lo importante era que fueran energéticamente autónomos y que pudieran trabajar en un contexto adverso. Es decir, tener capacidad de conexión propia y mantener la cobertura informativa aunque fallaran las redes ordinarias.

La programación se adaptó al apagón

La parrilla también cambió. La estructura informativa se orientó a seguir la evolución del apagón y a explicar qué estaba ocurriendo. La necesidad de información estaba en todas partes, pero los recursos técnicos eran limitados.

“Nos hubiera gustado tener muchos más vehículos de enlaces”, admite Jainaga. El interés informativo, recuerda, estaba repartido por todo el territorio. Aun así, los recursos disponibles respondieron y el plan técnico permitió mantener el servicio.

Para Jainaga, aquel día confirmó que la infraestructura estaba preparada para soportar una situación extrema. “El 100% de los recursos respondieron bien”, resume. Y añade que el plan interno quedó corroborado en una emergencia real.

El apagón reforzó la necesidad de invertir

Jainaga admite que un apagón general era un escenario posible, pero no uno que se contemplara con la dimensión que finalmente tuvo. EITB estaba preparada para cortes de minutos u horas, como los que pueden producirse por incidencias ordinarias. Lo de aquel día fue otra escala. No era un corte local, sino una situación extrema que afectaba al conjunto del sistema.

Tras la experiencia, el ente ha reforzado su capacidad. Uno de los cambios principales ha sido aumentar el acopio local de gasóleo. Según explica, ahora la autonomía puede situarse entre una semana y diez días. “Lo que antes parecía posible y muy improbable se ve que puede pasar”, señala Jainaga. Por eso, la preparación se ha reforzado.

También se ha trabajado en protocolos internos, salas de crisis, capacidad satelital y posibles conexiones con puntos estratégicos como emergencias o aeropuertos. Además, la nueva sede que EITB está construyendo en Gasteiz también contará con una infraestructura más potente, con espacio y capacidad para disponer de un grupo electrógeno. Eso permitirá afrontar situaciones similares con más solvencia y reducir la dependencia de las baterías SAI.

El papel de Itelazpi fue esencial

Jainaga insiste en que la respuesta no dependió solo de EITB. La infraestructura de Itelazpi fue una pieza clave para mantener la difusión de radio y televisión durante el apagón. También destaca la coordinación con EJIE, la sociedad informática del Gobierno Vasco, y con otros servicios que sostienen la producción y la distribución de contenidos. La coordinación entre producción, sistemas y difusión fue decisiva para que el servicio público pudiera mantenerse.

“A veces son cosas que no se ven”, señala Jainaga. Pero detrás hay mucho esfuerzo para mantener unas infraestructuras de difusión con solvencia. Aquel día, añade, fue cuando se vio el resultado del trabajo previo y la importancia de tener una red preparada.

La diferencia entre una SAI y un grupo electrógeno

Jainaga lo explica de forma sencilla. Una SAI es un sistema de alimentación ininterrumpida basado en baterías. Sirve para sujetar el primer corte y evitar que los sistemas críticos se apaguen mientras el grupo electrógeno detecta la caída, arranca y se sincroniza. En la práctica, la SAI cubre el golpe inicial y el grupo electrógeno permite aguantar si el corte se alarga.

Por eso el diseño debe ser completo. No basta con tener una parte protegida si otra pieza del sistema puede fallar y llevarse todo por delante. “Hay que hacer todos esos planes como si de verdad las cosas fueran a pasar”, resume Jainaga. Esa es, para él, una de las principales lecciones del apagón.

Un día complicado, pero con la emisión en marcha

Para el director de Explotación y Tecnología de EITB, el recuerdo de aquel día combina tensión y satisfacción profesional. La situación fue difícil, porque fuera tampoco había energía en muchos puntos y eso complicaba cualquier cobertura. Pero la infraestructura respondió. EITB pudo mantener la emisión y seguir prestando servicio informativo en plena emergencia.

“Estoy feliz de haber podido contribuir desde esa parte”, afirma Jainaga. Lo dice por una infraestructura que pudo soportar con garantías una situación así. La conclusión que deja es que la radio y la televisión no son solo antenas y platós.

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