El Centro Cívico de Aldabe se asoma al mismo escenario que el de Judimendi

El Ayuntamiento no confirma el cierre del centro cívico, pero ya trabaja con la hipótesis de trasladar servicios por futuras obras

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El futuro del Centro Cívico Aldabe empieza a dibujarse en el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz sin una confirmación oficial sobre su cierre. En GasteizBerri ya avanzamos que Aldabe afrontará obras y que esa intervención podría acabar provocando un cierre temporal. Esta mañana, en comisión, las respuestas del Gobierno municipal han reforzado esa idea, aunque sin concretar ni plazos ni espacios alternativos.

La cuestión ha surgido durante el debate sobre el traslado temporal del Servicio Social de Base de Judimendi al Centro Cívico Arana por las obras de reforma de ese equipamiento. A partir de ese precedente, Elkarrekin ha puesto el foco en lo que puede ocurrir en Aldabe y ha reclamado al Ayuntamiento que no improvise si finalmente se repite una situación similar.

Un cierre no confirmado que ya planea sobre el Centro Civico Aldabe

El concejal de Políticas Sociales, Lucho Royero, no ha confirmado de forma expresa que Aldabe vaya a cerrar, pero sí ha admitido que el departamento trabaja ya en la planificación de futuras intervenciones en centros como este. También ha asegurado que se están estudiando distintas alternativas para garantizar la atención, aunque ha admitido que todavía no puede concretar ni qué espacio se utilizaría ni cómo se organizaría ese posible traslado.

Esa falta de concreción es la que ha centrado buena parte de la intervención de Garbiñe Ruiz, de Elkarrekin. La concejala ha reclamado que el Ayuntamiento empiece a aclarar ya si estudia opciones próximas al barrio, como El Pilar, El Campillo o incluso una lonja adaptada temporalmente, para evitar que un eventual cierre vuelva a llegar acompañado de incertidumbre.

La edil ha puesto además el acento en la situación del propio Servicio Social de Base de Aldabe. Según ha recordado, en algunos momentos las esperas para una primera atención han llegado a ser de siete u ocho semanas, por encima de otros barrios de la ciudad. A su juicio, ese contexto obliga a preparar con antelación cualquier traslado para evitar que la accesibilidad al servicio se resienta todavía más.

Judimendi sigue muy presente en el debate

El precedente de Judimendi pesa sobre cualquier conversación sobre el Centro Civico Aldabe. El Ayuntamiento adjudicó allí unas obras de modernización con un presupuesto de alrededor de 4,3 millones de euros para mejorar la eficiencia energética, la accesibilidad, las cubiertas y las fachadas del centro. El cierre fue total y no por fases, una decisión que generó malestar vecinal y político.

La principal crítica tuvo que ver con los tiempos y con la información ofrecida. El cierre se conoció con escaso margen antes del inicio de las obras, lo que provocó dudas en el barrio sobre el destino de servicios esenciales. Judimendi perdió durante meses su centro de referencia y muchos vecinos se encontraron, de un día para otro, con la necesidad de desplazarse a otros espacios para realizar gestiones habituales o mantener actividades comunitarias.

Entre los servicios afectados figuraban el Servicio Social de Base, la biblioteca, la Oficina de Atención Ciudadana y distintas actividades socioculturales, deportivas y de encuentro. Parte de esos recursos se repartieron por varios equipamientos, mientras que el Servicio Social de Base fue trasladado al Centro Cívico Arana y al Bizan de Arana.

El traslado de servicios y el temor a la saturación

Uno de los puntos más sensibles de aquel cierre fue precisamente el traslado del Servicio Social de Base. El equipo completo se instaló en Arana a partir del 9 de junio de 2025. Ese movimiento hizo que un entorno que ya gestionaba alrededor de 800 expedientes pasara a asumir casi 1.600, lo que alimentó el temor a una posible saturación del servicio.

La asociación vecinal Judimendikoak criticó entonces la falta de un plan detallado de reubicación y alertaron de las dificultades añadidas para personas mayores, vecinos con movilidad reducida y familias vulnerables del barrio. También se cuestionó que no se optara por una obra por fases que permitiera mantener al menos parte de la actividad en funcionamiento.

El Ayuntamiento defendió en aquel momento que la atención estaba garantizada, que se habían reforzado espacios en Arana y que se activarían visitas a domicilio cuando fuera necesario. La respuesta municipal insistió en que las obras eran necesarias y en que el centro mejoraría de forma notable tras la reforma.

La experiencia de Judimendi como aviso para lo que pueda venir

Ese es el contexto en el que se ha hablado esta mañana de Aldabe. Garbiñe Ruiz ha dicho que, aunque no exista aún una evaluación estructurada de la experiencia de Judimendi, sí hay elementos suficientes para extraer conclusiones. A su juicio, el Ayuntamiento debería aprovechar ese precedente para anticiparse y aclarar desde ya cómo piensa actuar si las obras de Aldabe obligan a mover servicios.

La concejala ha insistido en que los servicios sociales de base no son una simple estructura administrativa, sino una puerta de entrada a apoyos fundamentales para personas que atraviesan situaciones complejas. Por eso ha subrayado la importancia de mantener la cercanía territorial del servicio y de no dejar una decisión de este calado para el último momento.

Royero, por su parte, ha defendido que los retrasos citados en Aldabe responden a situaciones puntuales y coyunturales, no a un problema estructural del sistema. También ha dicho que un eventual cambio de ubicación por obras no implica por sí mismo más demora en la asignación de citas. Según ha señalado, el departamento trabaja con planificación anticipada y coordinación con otras áreas para que los servicios sociales sigan siendo accesibles, cercanos y de calidad incluso durante las reformas.

La prudencia del Gobierno municipal tiene mucho que ver con la experiencia reciente. El cierre de Judimendi abrió un frente vecinal y político por la sensación de improvisación y por el impacto que tuvo en la vida diaria del barrio. En Aldabe, el Ayuntamiento parece moverse con más cautela, pero sin despejar todavía la incógnita principal.

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