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La COVID se contagia por el aire. Science publica «el estudio de estudios» sobre las vías de contagio de los virus respiratorios

Un estudio confirma lo que cientos de estudios ya indicaban. Un conocimiento que es vital si queremos salir de la pandemia.

ARTICULO ACTUALIZADO EL 28 DE AGOSTO.

La revista Science acaba de hacer público un estudio sobre las vías de contagio de los virus respiratorios, entre ellos el coronavirus. En él, expertos en diversas áreas constatan la importancia de controlar el aire en espacios cerrados, para evitar la transmisión del SARS-CoV-2. Entre otras conclusiones la de que hay más contagios por la mala ventilación en interiores que por falta de limpieza de superficies.

El equipo, encabezado por Chia C. Wang, ha realizado una labor de revisión y recopilación de prácticamente todo lo que se sabe sobre la manera en la que los virus respiratorios se contagian más habitualmente: los aerosoles. Una  “evaluación integral de la evidencia científica sobre los virus respiratorios”.

GasteizBerri.com ha tenido acceso a una copia anticipada del estudio que acaba de publicarse. 

[Los investigadores que firman el estudio son: Chia C. Wang Kimberly A. Prather, Josué Sznitman4, Jose L. Jimenez, Seema S. Lakdawala, Zeynep Tufekci, Linsey C. Marr]

La Organización Mundial de la Salud, cambió hace unos meses su postura respecto a la transmisión aérea del coronavirus. El organismo internacional comenzó a corregir un error que llevaba cometiendo desde 1918, tal y como ha avisaba José Luis Jiménez, [con quien ya hablamos en GasteizBerri] uno de los expertos que participan en este estudio. 

“Una nueva evaluación integral de la evidencia científica sobre los virus respiratorios concluye que muchos otros probablemente también se propagan así”. 

Pequeños espacios entre el material de la mascarilla y la piel pueden conducir a disminuciones sustanciales en la eficiencia de filtración general. Para aerosoles <2.5 um, la eficiencia de filtración disminuye en un 50% para un área de fuga relativa del 1%.”

Es decir: con un 1% de la mascarilla mal colocada, perdemos el 50% de la protección que nos podría dar.

La importancia de centrar nuestra atención en el aire no es baladí. De ser cierto lo que la evidencia indica: estamos mal informados sobre las maneras en las que podemos contraer el coronavirus. Y también otros virus que anidan en el sistema respiratorio como el Mers-CoV, la gripe o el resfriado común.

“El SARS-CoV, el MERS-CoV, la gripe, el sarampión y los rinovirus que causan el resfriado común pueden propagarse a través de aerosoles. Estos aerosoles pueden acumularse en el aire en espacios interiores y permanecer en él durante horas”.

Es decir, manos, distancia y mascarillano son medidas suficientespara cortar la transmisión de estos virus.

Para entenderlo necesitamos visualizar el aire que respiramos (y el que expulsamos cuando hablamos, gritamos o cantamos) como la fuente principal de los miles y miles de contagios que detectamos cada semana.

Y las técnicas que ayudan a medir y renovar ese aire en interiores, podrían ser el verdadero instrumento de defensa contra la pandemia. Sin olvidar otro útil aliado también incomprendido: la mascarilla (que funciona muy bien sólo si está totalmente bien ajustada).

La distancia puede llegar a ser un factor de peligro, dependiendo de la cantidad de aire que salga de los pulmones de la otra persona (gritar o cantar: peligro máximo) y de cuánto tiempo permanezcamos cerca de ese aire emanado.

En el aire. Durante horas.

En definitiva, si no prestamos atención a cómo se comporta, acumula o recicla el aire que respiramos (y espiramos), ningún espacio interior público será del todo seguro. Pero no solo el de bares y restaurantes (como algunas instituciones parecen hacernos ver), también el de todos los espacios donde trabajamos, compramos o viajamos son igual de inseguros si no atendemos a estas cuestiones. Además, de continuar haciendo oídos sordos de poco estaría sirviendo horarios de cierre, límites de aforo, geles hidroalcoholicos o distancias de seguridad.

Investigadores del comportamiento de las partículas del aire, del diseño de edificios, del contagio de virus y de prevención de epidemias coinciden. Y una y otra vez, con estudios cómo este, nos recuerdan algo que parece no haber calado del todo en la sociedad. El error podría residir en opinión de varios expertos consultados por este medio en la falta de esfuerzos para comunicarlo y en que los responsables politicos sigan a pies juntillas lo que una OMS desactualizada ha estado dictando desde el comienzo de esta crisis sanitaria global.

Y la evidencia es clara. El coronavirus, no [solo] se puede contagiar por la saliva o las gotitas que proyectamos. Esas goticulas que pusieron de moda las ya sempiternas mamparas anti-covid que, avisan numerosos científicos, poco nos protegen de contraer la enfermedad.
Ni siquiera ha podido demostrarse un solo contagio a raíz de las famosas «superficies», cuya limpieza ha costado a las administraciones, empresas y trabajadores millones y millones de euros, tiempo y esfuerzo.

En Euskadi casi sin medidas para prevenir el contagio por aerosoles

GasteizBerri.com ha preguntado al Departamento de Salud del Gobierno Vasco, en varias ocasiones y distintos métodos (en comparecencias o ruedas de prensa, correos electrónicos, vía telefónica) cuándo harían tan obligatorio como llevar la mascarilla o guardar las distancias la medición y correcta ventilación de los espacios de interior en los que se congregue no convivientes. 

Como el resto de autoridades, al regazo de lo que dicta la vieja guardia de la OMS y la EMA, el Departamento de Salud no lo consideró digno de mencionar en un protocolo hasta la segunda parte de 2020, allá por octubre. 

La mención a la importancia de la ventilación apareció en protocolos para distintas industrias e instalaciones públicas el 19 de octubre.

Se actualizaron guías y protocolos, después de que el Ministerio de Sanidad español así lo hiciera. Aunque las recomendaciones no se comunicaron “a los cuatro vientos”.

Manos, distancia, mascarilla… ¿y ventilación?

Todos en Euskadi recordamos la campaña de “Manos, Distancia, Mascarilla” que podíamos oír sobre el pitido de un medidor de frecuencia cardíaca de una UCI. Pero del aire, nada.

Una investigación tras otra, con resultados en la misma dirección, obligó a las autoridades a actualizar su manera de entender a este enemigo invisible.

Por fin, la ventilación empezó a tomar un papel más importante al comienzo de este año. En abril y mayo de 2021, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EEUU reconocieron que la inhalación de aerosoles que contienen el virus es la ruta principal de propagación del COVID-19 tanto a corta como a media distancia.

«Esto quiere decir que, para reducir la transmisión y poner fin a la pandemia, los gobiernos deben implementar medidas de control de la transmisión por aerosoles, como el uso universal de mascarillas en interiores (con atención al ajuste), mantener las distancias entre las personas, mejorar la ventilación de los espacios interiores, evitar la recirculación del aire interior, instalar filtros de aire (como los HEPA) que pueden eliminar eficazmente los virus del aire, y usar lámparas ultravioletas de desinfección.» indican desde el equipo que ha realizado el estudio publicado hoy.

Se tiene en cuenta, por fin, pero tampoco los esfuerzos están siendo espectaculares. El simple gesto de instalar un medidor de CO2 (que varias empresas, alguna vasca, fabrican y venden por menos de 100 euros) solo está actualmente “recomendado” en gimnasios de la comunidad.

Sin ventilación las micro partículas se quedarán suspendidas en el aire y se irán agrupando hasta que se acumule suficiente carga viríca como para entrar en un cuerpo que acabe respirándolas.

“Los medidores de dióxido de carbono (CO2) se pueden usar como indicadores de la acumulación de aire exhalado y sirven como una forma simple de monitorear y optimizar la ventilación.

En el estudio confirman la valía de los medidores de Co2. Estos son los que nos dicen si el aire (que no vemos) está limpio de aerosoles emanados por personas que estén o hayan estado allí presentes.

Incluso aunque estén vacunadas: haber recibido una o dos dosis podría hacerles sentir más relajadas (al reducir la vacuna los síntomas más conocidos) y relajarse y -aunque sea por un momento- dejar de tomar precauciones básicas.

Las nubes del virus entrarán en cualquier persona que las respire, tengan o no la pauta completa.

Estos simples sensores “se pueden utilizar para evaluar las eficiencias de filtración de aerosoles HEPA y HVAC, que son clave para reducir las infecciones causadas por aerosoles cargados de virus.”

Algunos Ayuntamientos se adelantaron a su tiempo instalándolo en bares y restaurantes, donde deberían estar en continuo funcionamiento. La razón: si nos quitamos la mascarilla en un interior, sin saber si el aire que respiramos está renovado o viene de los parlanchines de la mesa del fondo… las consecuencias pueden resultar letales.

Menos gotitas y más micro gotículas (aerosoles)

Simulación de GasteizBerri.com

En el estudio se re confirma que la “ruta de contagio” del aire se da sobre todo bajo ciertas condiciones ambientales: interiores mal ventilados. Se han constatado más contagios en ese tipo de ubicaciones.

Los investigadores remarcan además que este tipo de escenarios excluyen a las gotitas de la tos, estornudos o salivas, centrando las causas probables en los aerosoles. El motivo: a esas “gotitas” de tos o estornudos no les afecta para nada la mala ventilación.

“La marcada diferencia entre las tasas de transmisión interior y exterior solo puede explicarse por la transmisión por el aire debido a que las grandes gotas (+5um) [···] se comportan de forma idéntica en interiores y exteriores.”

El gran «fraude» de la limpieza de superficies

Los investigadores añaden: “es muy poco probable que la mayoría de las personas en cualquiera de estos eventos [de súper propagación] toquen la misma superficie contaminada”.

Y añaden: “Tampoco es probable que los contagiados fueran expuestos a gotitas producidas por la tos o el estornudo de una persona infecciosa a corta distancia (y encuentren suficiente carga de virus para causar una infección)”.

Los eventos de súper propagación son quizá los únicos que ayudan a entender el poder y la vía de transmisión del virus.

A partir de “varias combinaciones de análisis epidemiológicos, simulaciones de modelos de flujo de aire, experimentos de rastreo y análisis y modelado de eventos de super propagación” tenemos suficientes pruebas para confirmar la verdadera habilidad del SarS-CoV 2. Y son muchos los casos registrados que posteriormente fueron analizados concienzudamente.

Muchos los conocemos porque saltaron a la luz fugazmente: en restaurantes de Estados Unidos, en plantas empaquetadoras de carne, en un crucero, durante el canto en un ensayo de un coro y la transmisión a larga distancia en una iglesia. Todos implicaron a los aerosoles como el modo de transmisión más probable” por encima de fomites (superficies) y gotitas.

“El único factor común para todas las personas en estos eventos en interiores es el aire compartido que inhalan en la misma habitación”

Un conocimiento que será vital para salir de la pandemia

“Lo que hemos aprendido de esta pandemia también nos indica la manera de hacer los cambios apropiados para entrar en la era post-pandémica», afirma Wang.

«La transmisión por inhalación de aerosoles que contienen virus se ha subestimado durante mucho tiempo«, asevera Chia C. Wang, directora del Centro de Investigación Científica en Aerosoles de la Universidad Nacional Sun Yat-sen de Taiwán, que ha dirigido la revisión del estudio.

Es hora de revisar los paradigmas convencionales implementando precauciones contra los aerosoles para proteger al público de esta ruta de transmisión

Los aerosoles respiratorios se emiten al respirar, hablar, cantar, gritar, toser y estornudar. Antes de la COVID-19, el límite de tamaño tradicional entre los aerosoles (que flotan como el humo) y las gotas (que caen al suelo rápidamente) se había establecido en 5 um (micras); sin embargo, 100 um es el límite correcto. Esta medida representa mejor el límite de las partículas más grandes que todavía pueden permanecer suspendidas en el aire durante más de 5 segundos (desde una altura de 1,5 metros), viajar más allá de un metro de la persona infectada y que pueden ser inhaladas.

Como son pequeños como el aire , se cuelan hasta el fondo de nuestros pulmones

«El tamaño físico determina predominantemente cuánto tiempo pueden permanecer suspendidas en el aire, lo lejos que pueden llegar, si son inhalables, y lo profundo que pueden penetrar en el sistema respiratorio si se inhalan».

«La mayoría de los aerosoles producidos por actividades respiratorias tienen diámetros menores de 5 um, lo que les permite llegar a los bronquiolos y alveolos y depositarse allí”.

Tal y como explica Josué Sznitman, investigador en fisiología pulmonar en Technion, el Instituto Israeli de Tecnología: “Los estudios muestran que los virus están más concentrados en aerosoles de menos de 5 um»,

La importancia de las mascarillas bien colocadas

Dr. Extraño se coloca una mascarilla quirúrgica

Este gran análisis arroja también datos sorprendentes sobre la importancia de la mascarilla. Sobre todo de la importancia de llevarla bien, perfectamente bien colocada.

“Pequeños espacios entre el material de la mascarilla y la piel pueden conducir a disminuciones sustanciales en la eficiencia de filtración general. Para aerosoles <2.5 um, la eficiencia de filtración disminuye en un 50% para un área de fuga relativa del 1%.”

Es decir, con un 1% de hueco o zona mal colocada la mascarilla pierde su efectividad un 50%.

Más vale tarde que nunca: es hora de tomar medidas en esta dirección

Es hora de revisar los paradigmas convencionales implementando precauciones contra los aerosoles para proteger al público de esta ruta de transmisión

Insistimos en este simple pero contundente concepto: Las personas que ocupan espacios interiores tienen un mayor potencial de estar expuestas a altas concentraciones de aerosoles cargados de virus, “especialmente en entornos interiores mal ventilados y / o abarrotados donde los aerosoles cargados de virus pueden acumularse fácilmente.”

Por ello, entre otras conclusiones, los científicos firmantes reclaman que se implementen “medidas preventivas en todo momento cuando se viaja en aviones, trenes, autobuses, barcos y cruceros”. Espacios de aire relativamente pequeños y cerrados donde la ventilación no siempre es óptima.

Y recuerdan que cuanto más estemos al aire libre, mejor. “Muchos estudios indican que el riesgo de transmisión aérea en ambientes exteriores es sustancialmente menor que en ambientes interiores” Pero ojos, también en espacios abiertos “existe el riesgo de transmisión en situaciones de proximidad, especialmente si se habla, se canta o se grita con el tiempo.

Hablar en voz alta o cantar + estar cerca + hacerlo durante más de cinco minutos = muchas papeletas para que el virus encuentre un nuevo huésped.

Ventilar, ventilar, ventilar… y medir

La investigación recomienda dirigir los esfuerzos en “asegurar tasas de ventilación suficientes”. Solo eso “reducirá la transmisión aérea de aerosoles cargados de virus infecciosos”. A la par, advierten del peligro que representa la recirculación en sistemas de ventilación de interiores.

Se recomienda para todos los interiores públicos “una tasa de ventilación mínima de 4 a 6 cambios de aire por hora (ACH) y mantener los niveles de dióxido de carbono por debajo de 700 a 800 ppm”, la unidad que utilizan los medidores de CO2. “También se deben tener en cuenta el tipo de ventilación y la dirección y el patrón del flujo de aire”.

La distancia, una leyenda verídica con una importancia totalmente exagerada

Urkullu, Sagardui, la OMS  “y muchas agencias nacionales de salud pública” recomiendan mantener distancias físicas de más de 1 o 2 metros. Pero como ya publicó este medio hace meses “los 2 metros podrían no ser suficientes”. 

En el estudio, lo confirman: “esta distancia no es suficiente para proteger contra aerosoles que viajan más allá de esa distancia. Si las gotas grandes dominaran la transmisión, el distanciamiento por sí solo habría suprimido eficazmente la transmisión del SARS-CoV-2”. 

Y vuelven a incidir en lo que ya deberíamos saberse “al dedillo”. Ventilación. “Como se ha demostrado repetidamente en los eventos de super propagación, la transmisión por el aire se produce en habitaciones mal ventiladas cuando los ocupantes inhalan aire de la habitación infecciosa. Además, aunque el distanciamiento ayuda a alejar a las personas de las partes más concentradas de las plumas respiratorias, el distanciamiento por sí solo no detiene la transmisión y no es suficiente sin tener en cuenta otras medidas, como la ventilación y la filtración [···]”

Además de tomar medidas, también necesitamos más investigación

En el documento los investigadores reconocen la necesidad de indagar más en el comportamiento de los virus a través del aire. Sobretodo del que respiramos en distintos espacios.

“A pesar del reconocimiento emergente de la transmisión aérea de virus respiratorios, numerosos problemas requieren una mayor exploración. Por ejemplo, se necesitan mediciones directas de la concentración de virus en aerosoles y gotitas en función del tamaño y su potencial para iniciar una nueva infección”. 

También recalcan que la vida útil de los virus “en el aire” es un aspecto sobre el que habría que arrojar más luz.

Una persona que permanece en un espacio cerrado mal ventilado dejará una “nube” que podría seguir contagiando a los que vengan, incluso después de haberse ido. Y seguir haciéndolo durante varias horas, en el caso de las partículas más pequeñas (1um).

“La vida útil de los virus en aerosoles de tamaño variable requiere una investigación sistemática. Se necesitan más estudios para cuantificar la relación entre la dosis viral administrada por aerosoles y gotitas y la gravedad de la infección; esta relación probablemente varía considerablemente para diferentes virus” reconocen en el texto. 

“También es importante investigar si la gravedad de la enfermedad se correlaciona con el tamaño y la cantidad de aerosoles y la ubicación en la que se depositan en el tracto respiratorio. Aunque se necesitan más estudios, la evidencia inequívoca indica que la transmisión aérea es una vía importante para la propagación del SARS-CoV-2 y muchos otros virus respiratorios.”

La importancia de que las instituciones entiendan la realidad de la transmisión de la COVID-19

«Las medidas que tradicionalmente se llaman ‘precauciones contra las gotas’ no se descartan [manos, distancia, mascarilla] sino que se modifican y amplían al tener en cuenta los mecanismos de transmisión reales” explica Zeynep Tufekci, socióloga de la Universidad de Columbia, que estudia los desafíos sociales de la pandemia de COVID-19.

«Entender correctamente la transmisión de la COVID-19 y de otras enfermedades respiratorias también permitirá a la gente protegerse mejor en situaciones cotidianas. Los responsables de los espacios interiores podrán crear mejores pautas en entornos de trabajo y ocio”.

El estudio que se ha basado en casi 200 estudios parece dejar claro cómo debería ser nuestra estrategia para defendernos de virus como el que provoca la Covid-19. Zeynep Tufecki asegura que cuando el conocimiento científico llegue a los ciudadanos y, sobre todo, a los dirigentes politicos, y sus asesores “podremos protegernos con eficacia durante esta pandemia y también en las medidas, hábitos o reglamentos que seguirán “después de la pandemia,»

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