Un edificio, una herencia y 108 misas: la larga historia de Florida 28

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En la calle Florida, a pocos minutos andando de la plaza de la Virgen Blanca, hay un edificio que durante años ha pasado casi desapercibido para buena parte de la ciudad. No tiene una fachada monumental ni ocupa una esquina especialmente llamativa. Está ahí, en el número 28, integrado en esa Vitoria de portales antiguos, bajos comerciales, viviendas envejecidas y persianas que cuentan más de lo que parece.

Pero detrás de ese inmueble hay una historia poco común. Una herencia, una obligación religiosa, una administración que recibió una parte importante del edificio, vecinos con contratos antiguos, una venta que no llegó a cerrarse y una disputa judicial que ha mantenido el caso abierto durante años.

El detalle que lo cambió todo parece sacado de otro tiempo: el edificio llegó al patrimonio público con una carga testamentaria que obligaba a celebrar 108 misas al año por el alma de su propietaria original y la de su marido.

No es una leyenda urbana. Aparece en la documentación municipal.

Una herencia con condiciones

El origen de esta historia está en Eulalia Virginia Sáenz de Ormijana Martínez, propietaria del inmueble y fallecida en 1978. En su testamento dejó el edificio al antiguo Hospicio de Vitoria, pero no lo hizo sin condiciones.

La voluntad de la testadora incluía una obligación muy concreta: celebrar misas por ella y por su esposo. Treinta por el aniversario de su fallecimiento, otras treinta por el de su marido y varias misas rezadas cada mes. La suma final alcanzaba las 108 misas anuales.

Durante años, esa cláusula pudo parecer una nota menor en un expediente antiguo. Una de esas condiciones que quedan enterradas en papeles administrativos. Pero volvió al centro del caso cuando el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz quiso vender su parte del edificio.

Entonces, la pregunta dejó de ser religiosa y pasó a ser jurídica: ¿qué ocurre si una administración recibe un inmueble con una carga de este tipo? ¿Debe cumplirla para conservar la propiedad? ¿Puede vender el edificio como si esa obligación ya no existiera? ¿Era una condición esencial de la herencia o solo una carga que podía resolverse de otra manera?

Ahí empezó la parte más singular de Florida 28.

Del hospicio al Ayuntamiento

El edificio no pasó directamente de la propietaria original al Ayuntamiento tal y como lo conocemos hoy. La cadena es más larga.

Primero estuvo el Hospicio de Vitoria. Después, la Fundación Asistencial y Sanitaria de Vitoria y Álava, conocida como FASVA. Con su disolución, parte de ese patrimonio acabó integrado en el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz.

El Consistorio sostiene que es propietario de una parte mayoritaria del inmueble. En los expedientes municipales aparecen varias viviendas y lonjas vinculadas a esa titularidad pública. No se trata, por tanto, de una propiedad menor ni simbólica. Hablamos de un edificio céntrico, con valor urbano, en una zona donde cada metro cuadrado cuenta.

Y ahí está una de las claves del caso: Florida 28 no es solo una herencia antigua. Es también patrimonio público en una ciudad que lleva años hablando de falta de vivienda asequible.

La venta que abrió la caja

El Ayuntamiento quiso vender su parte del edificio. La operación se planteó como una forma de desbloquear la situación, facilitar una rehabilitación y poner fin a un inmueble deteriorado, dividido entre distintos propietarios y con problemas acumulados.

La venta de la cuota municipal se aprobó con un precio de salida superior a los 600.000 euros. El Ayuntamiento defendía que desprenderse de su parte permitiría ordenar el futuro del edificio. Pero la operación no avanzó como estaba previsto.

Por el camino aparecieron alegaciones, dudas sobre la titularidad, referencias al testamento original y un procedimiento judicial. El expediente de Florida 28 dejó de ser un asunto de patrimonio para convertirse en una historia mucho más incómoda.

Porque vender el edificio no era solo vender una propiedad. Era decidir qué hacer con una herencia que nació con una finalidad asistencial y con una carga religiosa muy concreta. Era decidir si ese patrimonio debía acabar en el mercado o si debía seguir teniendo un uso público.

Los vecinos y la renta antigua

La historia tampoco se entiende sin quienes han vivido allí.

En Florida 28 ha habido viviendas ocupadas por personas con contratos antiguos, algunos vinculados a la conocida como renta antigua. Son contratos de otra época, con derechos de subrogación y condiciones muy distintas a las del mercado actual.

Uno de los focos del conflicto estuvo precisamente en un inquilino que permanecía en una de las viviendas. El Ayuntamiento entendía que su contrato había terminado tras la última subrogación reconocida. El ocupante defendía su posición y cuestionó la actuación municipal.

En ese contexto salió de nuevo a la luz el testamento de Eulalia Virginia Sáenz de Ormijana. Lo que parecía una disputa por un alquiler antiguo acabó conectando con la historia completa del edificio: la herencia, las misas, la propiedad pública y la posibilidad de venta.

Florida 28 empezó entonces a representar varias cosas a la vez. Para el Ayuntamiento, era un inmueble bloqueado y deteriorado. Para quienes se oponían a la venta, era patrimonio público que no debía perderse. Para los vecinos afectados, era también su casa.

Las 108 misas

La parte de las misas es la que más llama la atención, pero conviene explicarla bien para no convertirla en una caricatura.

En muchas herencias antiguas era habitual imponer cargas religiosas o benéficas. La persona que dejaba sus bienes podía pedir que se rezaran misas, que se ayudara a determinadas instituciones o que el patrimonio se destinara a una finalidad concreta. En el caso de Florida 28, esa voluntad quedó escrita con precisión.

El Ayuntamiento, según la documentación municipal, llegó a consultar la posibilidad de redimir esa obligación. También consta que durante un periodo se encargaron misas correspondientes a los años anteriores.

La discusión de fondo es si aquello bastaba para considerar cumplida la carga o si la obligación seguía viva. Los herederos defendieron que la voluntad de la testadora no se había respetado. El Ayuntamiento sostuvo que la propiedad era suya y que la carga testamentaria no podía anular esa titularidad.

El caso acabó en los tribunales.

Un pleito por la propiedad

La disputa judicial giró en torno a la titularidad del edificio y al efecto real de aquella herencia. Los herederos cuestionaron que el Ayuntamiento pudiera disponer del inmueble. El Consistorio defendió que su derecho estaba correctamente inscrito y que la cadena patrimonial era válida.

En los últimos meses, el Ayuntamiento ha trasladado que cuenta con una resolución favorable sobre la propiedad. Esa sentencia, según explicó el área de Hacienda, reconoce la titularidad municipal. Aun así, queda por saber si habrá recurso y cuál será el siguiente paso.

Esa es ahora la gran incógnita. Ganar un pleito no resuelve automáticamente qué hacer con el edificio.

Florida 28 sigue ahí. Con su historia encima, con su deterioro, con su valor urbano y con una pregunta abierta: vender o rehabilitar.

El debate político

El caso ha vuelto al Ayuntamiento en un momento especialmente sensible. Vitoria-Gasteiz tiene un problema evidente de acceso a la vivienda. Los alquileres han subido, el parque público es limitado y cada operación municipal relacionada con suelo o patrimonio se mira con lupa.

Por eso, la propuesta de destinar Florida 28 a vivienda social ha ganado peso político.

Elkarrekin ha pedido que el Ayuntamiento no venda el edificio y que estudie su rehabilitación para alquiler social. La tesis es sencilla: si el inmueble es municipal, está en el centro y puede convertirse en vivienda, no debería salir al mercado.

El Gobierno municipal, por su parte, ha mantenido durante años que la venta era una vía para desbloquear una situación enquistada. El edificio necesita inversión, tiene problemas jurídicos y no basta con decir que debe recuperarse. Hay que pagar la rehabilitación y resolver todos los obstáculos pendientes.

Ese es el choque real. No tanto si Florida 28 tiene interés público, que lo tiene, sino quién asume el coste de devolverlo a la vida.

Un edificio envejecido en una ciudad tensionada

Florida 28 no es un gran bloque de viviendas. No solucionaría por sí solo el problema del alquiler en Vitoria-Gasteiz. Pero su valor es simbólico.

Está en el centro. Procede de una herencia con finalidad asistencial. Ha pasado por manos públicas. Lleva años atrapado entre expedientes, pleitos e intentos de venta. Y aparece justo cuando la ciudad se pregunta qué hacer con cada vivienda vacía, cada edificio deteriorado y cada propiedad municipal.

Por eso el caso ha crecido. No por las misas únicamente. Las misas son el detalle que lo hace singular, casi literario. Pero el fondo es mucho más terrenal: patrimonio, vivienda, administración y tiempo perdido.

Mientras tanto, el edificio ha seguido envejeciendo.

Si quieres hacernos llegar una información, una denuncia, una historia o una propuesta, puedes escribirnos por WhatsApp al 623 03 89 00 o enviarnos un correo a redaccion@gasteizberri.com

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